El Vocero
Septiembre 26, 2005

Velan su cuerpo en el Ateneo

EL VOCERO / Tania Dumas
Por: Maricarmen Rivera Sánchez
Redactora EL VOCERO

Un pequeño machete plateado, señal indiscutible de su lucha por la independencia, colgaba del cuello de Filiberto Ojeda Ríos. Sus restos, arropados con una enorme bandera de Lares y una rosa blanca, fueron expuestos ayer en el Ateneo Puertorriqueño.

El hombre que por años logró evadir a las autoridades federales viviendo en el clandestinaje, yacía vestido con guayabera blanca de mangas largas, abotonado hasta el cuello. Había una pequeña monoestrellada pegada en la tapa del féretro abierto.

En la pared, había dos banderas de Puerto Rico y en el telón detrás del féretro, había una bandera verde con un machete rojo, símbolo de los Macheteros y la siglas EPB. El líder del Ejército Popular Boricua estará expuesto en el Ateneo hasta hoy al medio día, cuando será llevado al Colegio de Abogados. Allí estará hasta el martes a las 10 a.m. antes de salir a Naguabo, su pueblo natal y donde será enterrado.

En primera fila del salón atestado de gente, estaban algunos de sus hijos, su hermano Inocencio y su esposa, Elma Beatriz Rosado. La mujer que por años lo acompañó en el clandestinaje, permanecía callada y llorosa.

Las puertas abrieron un poco antes de las 9 p.m. Decenas de personas esperaron por horas para ver a Ojeda Ríos por última vez; en muchos casos, por primera vez.

"Yo quiero verlo porque yo sé que esto va a ser para la historia", dijo Ilia Morales, sentada en las escaleras afuera del Ateneo.

Luego de que entrara la prensa, se abrieron las puertas al pueblo. Antes de entrar, entonaron a coro la Borinqueña revolucionaria.

Adentro, la joven Mariana Crescioni, de 16 años, interpretó una décima en honor a Ojeda Ríos, cantándole como el "héroe que nos dio su vida por buscar la libertad".

Al pasar frente al féretro, algunos comenzaban a llorar. Otros se persignaban y hacían la pequeña inclinación de cabeza que implica respeto al hermano muerto. Llegaron con banderas de Lares, de Puerto Rico y de Vieques. Una pequeña de Lares, fue dejada sobre su féretro. Luego, pequeñas flores se siguieron sumando a las ofrendas de respeto. Ya cerca de las 11 a.m., un violinista entonaba Preciosa.

Fernando Vélez Soto, al pararse frente a Ojeda Ríos, puso la mano derecha en su frente e hizo el saludo militar.

"El es mi comandante. El dio su vida peleando y de frente, con las botas puestas", dijo el hombre de 84 años, "nacionalista desde que nací". Al hablar de Ojeda Ríos, no pudo evitar relatar sus encuentros con Pedro Albizu Campos.

"A Filiberto no recuerdo haberlo conocido, pero tuve el privilegio de encontrarme con él ahora", dijo.

El cuerpo de Ojeda Ríos fue preparado en la Funeraria Escardille de Río Piedras. En horas de la tarde, Enrique de Jesús, un artista de Aibonito, hizo a petición de la familia un molde de la cara y las manos para una escultura.

En un momento dado, la fila fue tan larga que casi llegaba a la Casa Olímpica.

Antes de entrar a ofrecer sus respetos, los cientos de asistentes que llegaron al Ateneo anoche encontraban una pintura hecha por el ex preso político, Elizam Escobar. Era una imagen casi fotográfica de Ojeda Ríos, con gotas de sangre en su cara. Luego, a medida que fue entrando la noche, le pusieron al lado otra pintura y al frente, cuatro velitas prendidas.

María Serrano fue una de pocas que, luego de pararse frente al féretro, se viró para saludar a la viuda.

La mujer dijo haber conocido a Ojeda Ríos en Hartford, Connecticut, donde fue acusado de robar $7.2 millones de un camión blindado de la Wells Fargo.

Ese es el momento histórico que llevó a Ojeda Ríos a convertirse en prófugo de la justicia federal, catalogado por ellos como uno de los más buscados. Esta mujer, lo que recuerda es al hombre afable, a quien le cuidaba los hijos de vez en cuando.

"El me decía que no descuidara mi pequeña tribu, la colonia puertorriqueña por allá", relató la mujer al salir del velorio. "Me decía que si no había una base segura, no podíamos construir una patria".