El Nuevo Herald
31 de mayo de 2001

Jaime Benítez, un hijo digno de la tierra boricua

RUBEN A. VILA / El Nuevo Día
SAN JUAN

Con la muerte de don Jaime Benítez Puerto Rico se acerca más al cierre de un
capítulo trascendental de su historia, obra de la generación del siglo XX.

Junto con Luis Muñoz Marín, Luis A. Ferré y Roberto Sánchez Vilella, Benítez
está en el círculo de los hombres más influyentes de Puerto Rico.

No sólo fueron creadores de nuestra única y primera Ley Constitucional, sino
que también contribuyeron a las causas sociales y al desarrollo económico.

Benítez jamás negó su raíz de la clase privilegiada pero, como los otros de aquel
selecto grupo de la llamada ``primera clase'', se entregó a las causas sociales.

Uno de sus antepasados, don José Benítez, había sido un miembro de la
oligarquía ilustrada, el dueño de la mayor extensión de cañaverales en Vieques
hacia fines del siglo XIX.

Don Jaime creó un sistema universitario que fue liberando al país de las antiguas
divisiones de clases. Estableció becas para estudiantes pobres, creó colegios
graduados para que los estudiantes de escasos recursos pudiesen estudiar en
el país, sin tener que emigrar.

Millares de alumnos estudiaron bajo su liderato intelectual y ellos fueron su
principal inquietud. Su dedicación a la universidad no lo separó de su deber
como pensador y puso sus recursos intelectuales a disposición de quienes
procuraban el desarrollo político y constitucional de la isla.

Se unió a la generación de líderes políticos que tomaron parte en la preparación
de la Constitución de Puerto Rico, y ayudó a forjar una declaración de derechos
que garantiza una cobija democrática para el pueblo.

En la educación se adelantó al siglo XXI con una mentalidad abierta a la
universalidad de la sabiduría, atrayendo exiliados al sistema de educación
superior.

Pero la aportación más reconocida por su pueblo habrá de ser por siempre, el
papel que desempeñó como guía de la educación. Fue paladín de un sistema
que pasó a dirigir cuando tenía 34 años de edad en 1942 y que incluía 5,000
estudiantes y 300 profesores y $2 millones de presupuesto.

Al dejarlo, en 1972, la Universidad de Puerto Rico servía a 42,000 estudiantes,
con 5,000 profesores y $50 millones de presupuesto.

Después se lanzó al ruedo político. Triunfó a pesar de que su mundo era la
educación. Recibió más votos que ningún otro candidato a comisionado
residente en Washington.

``Yo no tengo vocación, ni aptitudes para la política. La política ha sido para mí
un interesante objeto de estudio que contemplo con admiración'', solía decir.