A los españoles peninsulares.

Cansados de la dependencia en que vivimos desde hace tres siglos porque esa dependencia nos priva de nuestros naturales derechos de hombres, porque nos somete á todo genero de vejaciones, opresiones y tiranías, porque nos arrebata el sustento de nuestros hijos para placer de una corte despilfarrada y codiciosa, porque mantiene desunidos, debiles é infelices á hombres que debieran ser unos, fuertes y dichosos, porque cada día hace mas precaria nuestra ecsistencia como pueblo civilizado, negándosenos el recurso de la. reparación de nuestros siempre crecientes males y arrastrándosenos á la degradación social, hemos resuelto separarnos de España y labrarnos una suerte propia, independiente y libre, entre las naciones de la tierra.

Al tomar esta firme é incontrastable resolución juramos ante Dios y los hombres que no nos mueve ninguna pasion mezquina y mucho menos odios ó prevenciones contra naciones dadas ó contra individuos determinados. Todos los hombres de todos los países son nuestros hermanos y los mas allegados los hijos de España, nuestra madre común. Unidos estos a nosotros en el movimiento, como lo están en la esclavitud, y como lo estarán en nuestra futura felicidad, harán aún mas fácil y rápido el cambio porque ellas, en el lamentable caso de no dar oídos á la voz de la razón, de la justicia y de la fraternidad, son los únicos de quienes espera algún apoyo y ayuda el opresor y corrompido gobierno que hemos decidido y tenemos la seguridad de derrocar.

Bien sabemos que este común enemigo de peninsulares y criollos empieza ya a esparcir que nuestro intento es alzarnos con el poder para destruirlo todo, para no crear nada, y especialmente para lanzar a los españoles de Cuba. Como esta inicua guerra es la única que pudiera hacernos con algún fruto, por absurdas que sean tales calumnias nos creemos en el deber de desvanecerlas en tiempo asegurando, por el honor y pensando solo en Dios-- que nuestras miras son santas: las de todo pueblo oprimido que busca su libertad; que no abrigamos odio contra nadie y mucho menos contra nuestros actuales naturales hermanos; que una vez lograda la libertad, todos iguales y felices, nos sentaremos en el glorioso banquete; que bastará el título de hombre honrado y civilizado para tomar parte en el establecimiento de un gobierno sabio, justiciero, económico y fuerte, y aun alcanzar en él los primeros puestos, pues que nuestro único fin es crear una republica de hermanos donde todos tengan lugar y donde solo se distingan y brillen la virtud, el talento y el patriotismo.

Por poco que se reflecsione sobre las causas que nos impelen romper nuestras cadenas, causas que son de todos conocidas, porque pesan sobre todos igualmente, se comprenderá que nos asisten la razón y la justicia; que á nuestros males no hay mas remedio que la independencia, pues que el gobierno se hace sordo á la queja y se niega á la reparación: y que los pueblos que así se deciden á luchar, llevan delante de sí las simpatías de los hombres libres é ilustrados de todo el orbe y la protección del cielo. Y nadie mejor que los españoles están en capacidad de tocar la eterna verdad que encierran estas palabras. Abandonados á sus propias fuerzas y recursos, los españoles, asistidos de la razón y la justicia, triunfaron una y cien veces del Capitán del siglo: y en los campos de la América, esos mismos españoles, no asistidos de la razón y de la justicia, tuvieron que sucumbir ante un puñado de indisciplinados y casi desarmados insurgentes.

Alcémonos, pues, como un solo hombre, volvámonos todos contra el enemigo común y desaparecerán como el humo nuestros males y reinarán la paz, la fraternidad y la felicidad entre nosotros.

A nombre de los cubanos. NARCISO LOPEZ.