El Nuevo Herald
Aug. 19, 2004

Dos 'camionautas' logran al fin el sueño de llegar a EEUU

WILFREDO CANCIO ISLA
El Nuevo Herald

No pudieron alcanzar las costas de la Florida en un camión anfibio que hizo historia, ni tampoco obtuvieron visas de refugiados tras ser devueltos a Cuba un año atrás, pero Antonio Lau Valdés y Osmani Brito González se las arreglaron para convertirse en los primeros carronautas que arriban a Estados Unidos.

La travesía no dependió esta vez de un viejo automóvil de colección. El medio de navegación fue una lancha rústica que fabricaron lejos de su barrio para no despertar sospechas. El grupo de 32 personas llegó por Islas Marquesas, al oeste de Cayo Hueso.

''Allí [en Cuba] no quedaba ninguna opción para nosotros después que nos rechazaron el pedido de refugiados políticos'', dijo Lau, de 31 años. 'Teníamos tremenda presión y vigilancia de la Seguridad del Estado, y yo decidí que me iba en balsa porque `me olí' que venían cosas peores para nosotros''.

Luego de protagonizar el pasado julio una espectacular aventura marítima en un Chevrolet de 1951, los 12 pasajeros --entre ellos Lau y Brito-- fueron interceptados en alta mar y devueltos a la isla. Al regreso, pidieron visas de inmigrantes en la Oficina de Intereses de EEUU en La Habana, pero sus solicitudes fueron rechazadas.

''¿Qué más íbamos a esperar?'', se cuestionó Brito, de 28 años. ``La gente está muy decepcionada porque ninguno [de los carronautas] calificó para el Programa de Refugiados... y quedarse allí era morirse en vida''.

Ambos jóvenes conversaron con El Nuevo Herald desde el apartamento que ocupan en Orlando, Florida. Hace un mes decidieron reunirse y compartir la vivienda con Eliécer Sánchez, cuñado de Lau, para ahorrar dinero y ''aplacar la nostalgia'' por los familiares --esposas e hijos menores-- que dejaron en Cuba.

''Hace cinco años que estaba desesperado por salir de Cuba'', expresó Brito. 'Todo lo que haces allí es ilegal, y después de que nos repatriaran estábamos `fichados', bajo el hostigamiento permanente de la policía''.

Ambos, que residían en la barriada habanera de Diezmero, viajaron a la provincia de Matanzas para construir la embarcación, con un motor rápido adaptado. Estuvieron escondidos en el monte y salieron por la costa de Canasí, al este de La Habana, la medianoche del 9 de abril.

Doce horas después llegaban a un islote en las Marquesas.

Tras una breve estancia en el Centro de Detención de Krome, Lau se fue a Houston, Texas, y Brito se radicó en Naples. Pero no se adaptaron y optaron por reunirse en Orlando, confiados en obtener mejores oportunidades de empleo.

''Hemos venido a trabajar para establecernos y sacar a nuestra familia de Cuba en la primera oportunidad'', señaló Lau, que se vio obligado a laborar en limpieza de calles luego de su devolución a la isla.

De la docena inicial de carronautas, siete permanecen en Cuba y otros tres fueron llevados a la Base Naval de EEUU en Guantánamo tras intentar la fuga el pasado febrero en un Buick 1959, transformado para surcar el estrecho de la Florida. En esta ocasión viajaban 11 pasajeros, cinco de ellos ``carronautas reincidentes''.

En Guantánamo permanecen desde entonces Luis Grass, su esposa Isora Hernández y el hijo de ambos, Angel Luis, de 4 años. El dueño del Buick, Rafael Díaz, fue devuelto con su familia a la isla y su petición para emigrar se halla en proceso.

''En el Buick no lo intentamos porque no cabíamos'', contó Lau. ``Si le hacemos caso a la gente del barrio que quería venir con nosotros en el camión, ni contratando todos los carros de la General Motors daríamos abasto''.

Ambos vehículos flotantes fueron destruidos en alta mar por el Servicio Guardacostas, decisión que generó fuertes críticas en la comunidad exiliada por considerarlos ``objetos museables''.

Todavía Lau y Brito recuerdan con dolor el hundimiento del Chevrolet que habían convertido en navío a fuerza de minuciosos cálculos de flotación y largas jornadas de chapistería.

''Los guardacostas nos dieron unos tapones de oídos que yo pensé que eran unos caramelos'', recordó Lau. ``Entonces lo vimos hundirse lentamente; le echaron ráfagas con ametralladoras de calibre 50 y se incendió... Dio trabajo porque estaba bien preparado para aguantar y flotar''.

Pero ambos tienen la aspiración de apropiarse aquí de un viejo camión y someterlo a la audaz transformación mecánica.

''Fue un sacrificio grande y quisiéramos repetirlo para donar [el camión] a un museo'', sugirió Lau, quien aún tiene en sus manos marcas de quemaduras sufridas durante las labores de soldadura del Chevrolet.