El Nuevo Herald
14 de enero de 2001

Aseguran que la CIA estuvo ligada a la Operación Peter Pan

WILFREDO CANCIO ISLA
El Nuevo Herald

A 40 años de la Operación Pedro Pan, que entre el 26 de diciembre de 1960 y el
22 de octubre de 1962 trajo a Estados Unidos a 14,048 niños cubanos sin sus
padres, un libro aún inédito sobre el tema asegura que la CIA estuvo activamente
involucrada en el que ha sido considerado el mayor éxodo infantil del siglo XX en
el hemisferio occidental.

The Lost Apple: Children in the Destiny of the Nation (La manzana perdida:
Niños en el destino de una nación), es el resultado de un estudio realizado
durante siete años por María de los Angeles Torres, profesora de DePaul
University, en Chicago, llegada a este país justamente como parte de la
operación.

Torres reproduce textos que revelan que la polémica película La manzana
perdida, del cineasta David Suffkind, fue pagada entonces por la USIA con fines
de propaganda contra ``los horrores del comunismo'', e incluye una sección con
numerosos documentos internos del FBI, el Departamento de Estado y los
archivos del Senado desclasificados en los últimos años.

A pesar de sus mociones legales, sin embargo, la investigadora no ha logrado
que la CIA le entregue unos 1,500 documentos que mantiene bajo estricto
control alegando razones ``de seguridad nacional''.

``La lección que deberíamos aprender de esta experiencia es que las
necesidades de los niños se pierden siempre dentro de las motivaciones de la
política'', comentó Torres.

La visión de Torres trata de situarse en una perspectiva crítica de los dos polos
responsabilizados con el éxodo: Washington y La Habana.

``Son los representantes de la CIA los que dicen [en una reunión] que podría
haber repercusiones sobre los padres si sus hijos son filmados en un
documental'', dijo Torres. ``Muchos de esos padres estaban en actividades
clandestinas contra el gobierno [de Fidel Castro] bajo conocimiento de la CIA.

``En esos años Cuba hizo también cosas horribles que no ha asumido aún:
arrestos y fusilamiento de adolescentes, el cierre de la enseñanza privada,
implementación de las escuelas al campo (...)'', recordó. ``Pero la Operación
Peter Pan sigue teniendo para La Habana un uso propagandístico e
ideologizado''.

Aprovechando el caso del niño Elián González, el régimen castrista lanzó el
pasado año una fuerte campaña de descrédito contra la Operación Pedro Pan y
sus principales activistas. El volumen Operación Peter Pan, escrito por Ramón
Torreira Crespo y José Buajasán Marrawi (coronel de la Seguridad del Estado),
fue presentado como ``la historia de 14 mil Elianes''.

A su vez, la documentalista norteamericana Estela Bravo, residente en La
Habana y con una larga trayectoria de servicios a la propaganda castrista, inició
la realización de un documental sobre los Pedro Pan, para ser transmitido por la
cadena londinense BBC.

Pero más allá del debate de tintes políticos que persiste a ambos lados del
estrecho de la Florida, otros protagonistas del éxodo buscan proyectar sus
vivencias personales hacia el futuro. ``Hemos estado demasiado envueltos en
nostalgias, reminiscencias, búsquedas en el pasado; es la hora de mirar hacia el
futuro con nuevas esperanzas y sueños'', expresó Elisa Chovel, presidenta del
Grupo Operación Pedro Pan, fundado como organización humanitaria en 1990.

La agrupación planea realizar una conferencia académica a mediados de año en
Miami. Al evento asistirá Monseñor Bryan O. Walsh, artífice de la Operación
Pedro Pan y quien está enfrascado actualmente en la escritura de un libro sobre
el tema.

Chovel, quien llegó como refugiada en 1961, opinó que ``debería haber un código
internacionalmente asumido para que ningún niño pueda ser usado en el juego
político entre dos países''.

``Fui enviada porque a mi primo Rodolfo Méndez lo prendieron y condenaron con
18 años por ejercer el derecho a la huelga estudiantil; porque me iban a mandar
a alfabetizar cuando yo jamás me había separado de mis padres'', recordó. La
activista piensa que la única manera de ser consecuentes con el ``enorme
sacrificio que hicieron nuestros padres para que viviéramos en libertad'', es
favoreciendo ``la diversidad de pensamiento y el comportamiento democrático
entre nosotros mismos''.

``Fuimos la primera generación bicultural y bilingüe, sin dejar de ser criollos'',
indicó Martha San Martín, quien vino en 1962 y actualmente es profesora de la
Universidad Mont Clair, en Nueva Jersey. ``Esa integración en la vida
norteamericana nos dio una perspectiva más pragmática y nos hace más aptos
para entender valores como la tolerancia, la diversidad, la conciliación (...) Pero
sentimos la cuestión de la libertad fanáticamente, pues pagamos un precio muy
alto por alcanzarla''.

Pedro Ferreira, que ejerce como psicólogo y profesor en Delaware, salió en
marzo de 1962 y no vio más a su padre. ``Todavía hay muchas cosas que duelen
por dentro y eso nadie lo puede comprender, pero creo que hemos sido un grupo
extraordinario que supo autoestimarse y se dedicó a autoprogresar, a aportar a
esta sociedad y a servir generosamente a los demás''.

Ferreira contó que escogió su profesión ``con el propósito de ayudar y
comprender'', inspirado en aquellos días difíciles cuando tuvo que transformarse,
con sólo 15 años, en ``consejero espiritual'' de su hermano y otros niños
menores que él. ``Yo hubiera salido con mis hijos o nos hubiéramos quedado
todos juntos allá en Cuba'', confesó.