Granma
5 de abril de 2003
La única forma de poner fin a los secuestros es que
castiguen a los secuestradores

Sara Más y Roger Ricardo
FOTOS: JORGE LUIS GONZÁLEZ

Foto: JORGE LUIS GONZÁLEZLa única forma realmente de poner fin a estos secuestros aéreos es que castiguen a los secuestradores y que no sigan concediendo privilegios a los cómplices, afirmó anoche el Comandante en Jefe Fidel Castro, al comparecer por la radio y televisión nacionales, durante un programa especial que abordó los secuestros de la aeronave AN-24 y la embarcación Baraguá, ocurridos el pasado 31 de marzo y el 2 de abril, respectivamente.

En el panel comparecieron algunos de los 17 pasajeros del avión que fueron devueltos ayer a Cuba luego de haber sido obligados por el secuestrador a viajar en el AN-24 a la Florida, así como otros de los rehenes que fueron liberados antes, el 1 de abril, después que la aeronave se abasteciera de combustible en el aeropuerto José Martí, de La Habana.

En sus versiones, los testigos relataron los momentos de tensión vividos desde que uno de los individuos a bordo de la nave que cubría la ruta Nueva Gerona-La Habana exigió desviarla hacia Estados Unidos, bajo la amenaza de hacerla estallar con una granada de mano. Igualmente refirieron los momentos de agotamiento y terror que pasaron durante las cerca de 14 horas que permanecieron encerrados en el avión, en el aeropuerto de La Habana, sin que al secuestrador le interesara la salud de las personas a bordo, incluidos menores de edad y adultos enfermos, y siempre con la idea fija de que la nave fuera abastecida de combustible para llegar a los Estados Unidos.

Entre otros detalles, se conoció que el secuestrador contó al menos con la complicidad de su esposa quien introdujo, ocultas en su pelo, las partes de las dos granadas que él utilizó para desviar la ruta de la aeronave. Todavía está por comprobar, sin embargo, si contó con la ayuda de otras personas entre las que decidieron quedarse en territorio estadounidense. Según se precisó, allí permanecen 7 adultos y 3 niños, además del secuestrador, su esposa e hijo. Por otro lado, se mantienen retenidos allá el piloto y el copiloto del AN-24.

Los testigos contaron también cómo de forma desesperada y agresiva el secuestrador mantuvo bajo amenaza a pasajeros y tripulantes. Estaba decidido a todo, dijeron, amenazaba con volar el avión con su esposa y el hijo de esta, si no se le abastecía la gasolina necesaria para el trayecto.

Los testigos contaron además cómo ese hombre, al que calificaron de terrorista, no permitió incluso, que llegara a los pasajeros necesitados ningún tipo de ayuda médica, alimentos o agua, como tampoco cedió ante los múltiples intentos persuasivos de algunos pasajeros, las autoridades cubanas ni del propio Jefe de la Oficina de Intereses de EE.UU. en La Habana, quien le habló para que desistiera de sus actos.

El despliegue policial que esperó a la nave en EE.UU. y el trato violento que recibieron allí los pasajeros, fue contado por algunos de ellos, que al llegar fueron esposados —incluidos los niños— y obligados a tirarse al suelo, mientras el secuestrador era apartado del grupo. Los hombres, incluso, fueron destinados a celdas e incomunicados del resto.

Además de recibir múltiples invitaciones a quedarse en los Estados Unidos, los pasajeros contaron que no dejaron de reiterar a las autoridades de ese país y a los abogados encargados de la defensa del secuestrador, que habían sido víctimas de un acto terrorista, al estilo de los que se iniciaron con el derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York. Algunos incluso, llegaron a redactar un pliego de demandas, donde denunciaron el mal trato que recibían, en contra de los derechos humanos y las normas del derecho internacional y exigieron la salida inmediata a Cuba de la tripulación y los pasajeros en el avión secuestrado, el contacto con la Oficina de Intereses de la Isla en EE.UU. y el cese de la Ley de Ajuste Cubano, que estimula actos de piratería y terrorismo como esos.

En una amplia explicación de todo lo ocurrido, el Comandante en Jefe leyó una minuciosa cronología de esos hechos y los múltiples esfuerzos que se llevaron a cabo, incluidas las fórmulas diplomáticas, para persuadir al secuestrador y proteger a las personas a bordo. También los pasos que se dieron para facilitar la salida del avión, cuando ya fue imposible que el desesperado sujeto desistiera de su peligrosa idea y luego de que las autoridades estadounidenses hicieran una dura declaración en la que condenaban el hecho.

El líder cubano se refirió a los motivos que promueven este tipo de actos, cuya causa fundamental es la Ley de Ajuste Cubano, que estimula y protege a los cubanos que llegan ilegalmente, incluso por medio de actos terroristas, a territorio estadounidense.

Elena Reigosa fue tomada como rehén por el pirata aéreo.

Se cuestionó además, cómo es posible que un país como Estados Unidos, que ha declarado la guerra al terrorismo, esté estimulando y recibiendo terroristas allí. Que olviden que fueron hombres con unos cuchillos en el cuello de los pilotos los que estrellaron los aviones de pasajeros contra el Pentágono y contra las Torres Gemelas, señaló.

Quedó claro además, que en esta ocasión, aunque hubo una declaración pública de EE.UU. de querer solucionar la situación creada, también hubo cierta manipulación de lo acordado, pues la nave fue confiscada, mientras otros pasajeros, entre los cuales no se descartan posibles cómplices, han quedado libres, sin ser siquiera investigados. No se hizo lo que se tenía que hacer, indicó Fidel, que era devolver a Cuba el avión, la tripulación, al secuestrador y a quienes estuvieran implicados.

LA INSECUESTRABLE LANCHA BARAGUÁ

Sobre el secuestro de la embarcación de pasajeros Baraguá que cubría la ruta por la bahía habanera entre La Habana-Casablanca-Regla, el dos de abril último, una de las testigos del hecho narró cómo uno de los secuestradores mandó a que se tiraran al piso señalando que iban para Estados Unidos, que éstos portaban una pistola y armas blancas.

Indicó que el mar estaba en muy malas condiciones con olas de gran altitud y todo ello provocó que la gran mayoría de los pasajeros tuvieran vómitos. Apuntó que la lancha se quedó sin combustible poco tiempo después. En lapso los secuestradores no dejaron de proferir sus amenazas de muerte. Entre éstas que si no le echaban combustible ? se van todos del aire?, comentó.

La entrada de la embarcación al puerto del Mariel llevada por un remolque los puso aún más tensos y coléricos, indicó. Una vez allí, la salida de tres de los rehenes de los 14 que se le habían solicitado que liberaran aportó valiosa información sobre lo que estaba ocurriendo a bordo y características de los secuestradores. También se les entregó leche para los tres niños que había en la embarcación y raciones de agua para los secuestrados.

En todo momento se estableció una verdadera batalla psicológica con el fin de obtener más elementos y características de los cabecillas; evitar el sufrimiento de los rehenes y ablandar la resistencia de los delincuentes. Hasta se les hicieron llegar periódicos donde estaban las declaraciones oficiales de lo acontecimientos y la postura de Estados Unidos respecto a los secuestros para que tuvieran bien claro a qué se exponía.

Mientras los delincuentes expresaban que la garantía de sus vidas eran los rehenes, se les puntalizaba que la garantía de sus vidas era poner en libertad a los rehenes.

A lo largo de todo este proceso se recibió a un emisario de los secuestradores (el hombre de confianza del cabecilla principal), quien se identificó como uno de los pasajeros secuestrados, aunque el interlocutor del Ministerio del Interior sabía quién era por el seguimiento que se había hecho desde otra embarcación que escoltaba a la lancha Baraguá y luego desde el mismo muelle. Este mediador, según se expuso, lo único que pidió fue el combustible.

En todo momento se desarrolló un proceso de desgaste y se estuvo evaluando el estado de ánimo de los secuestradores, medir sus reacciones para aplicar la variante más efectiva de las planificadas, pues desde el primer momento el objetivo de la operación era de que no se saldrían con las suyas estos delincuentes.

Simultáneamente se desarrollaba el despliegue de fuerzas y medios que se emplearían en la variante que se escogiera. Llegado el momento se desplegaron 15 combatientes de la Brigada Especial de la Policía en el espigón adonde fue amarrada la lancha secuestrada; también se hicieron varias maniobras con lanchas rápidas en las proximidades y ya estaban en el agua los hombres ranas para actuar.

Isabel Hernández narro sus
 amargas experiencias durante el
 secuestro de la lancha Baraguá

El momento clímax lo propiciaron dos turistas francesas que se encontraban como rehenes a quien el cabecilla principal las había llevado a la cubierta para mostrarlas como las primeras víctimas si no satisfacían la demanda de combustible. Una de ellas, que desempeñó un rol decisivo, estudió la situación y se lanzó al agua tras hacerle unas señas de lo que se proponía hacer a uno de los combatientes de la Brigada Especial, quien aprobó lo que iba a realizar con otro gesto. Seguidamente se tiró la otra, de tras de ambas el que había servido de mediador para atajarlas, al tiempo que un oficial del Ministerio del Interior que viajaba en la lancha se abalanzó sobre el cabecilla principal tumbándole la pistola que fue a dar al mar.

Fue la oportunidad en que aprovecharon los demás pasajeros para lanzarse al agua y entraron en acción las fuerzas del orden interior a cumplir la variante prevista para ocupar la lancha y el resto de los secuestradores y sus cómplices.

Imágenes de esos momentos fueron brindadas en el programa.

El Comandante en Jefe subrayó que el caso de la embarcación secuentrada había que actuar, pues podían decir que estábamos ayudando a unos piratas a llegar a Estados Unidos, lo que podía prestarse a un gran show.

Fidel felicitó al Ministro del Interior y a las fuerzas participantes en la exitosa operación por su gran eficacia, orden y disciplina. Señaló que es una fortuna contar con hombres así dispuestos a cumplir misiones hasta sin emplear armas.

Agregó que la embarcación Baraguá, que fue secuestrada 2 veces en 1994 por elementos antisociales resultó ahora escenario de una singular lección ofrecida por los propios pasajeros con el apoyo de fuerzas especializadas. Anunció que los autores de esta bandálica acción tendrán que responder ante los tribunales en juicio sumario..

Rogelio Polanco habló de la similitud en la forma de actuar de estos terroristas, tanto los de los dos aviones y la embarcación de pasajeros en el uso de la intimidación, la amenaza, el chantaje. Son los mismos en cualquier parte del mundo, subrayó.

Al término del programa se informó que se hará una retrasmisión el domingo y será publicado un tabloide con los detalles de esta comparecencia.

Al panel televisado, que se prolongó hasta altas horas de la noche, asistieron además Carlos Lage, secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, y el canciller Felipe Pérez Roque, junto a otros dirigentes, testigos de los hechos, autoridades del Instituto de Aeronáutica Civil, periodistas e integrantes de Tropas Guardafronteras, entre otros.