Escambray: La Guerra Olvidada

Un Libro Historico De Los Combatientes Anticastristas En Cuba (1960-1966)

Enrique G. Encinosa

PEPE CANDELA

Yo era montero de una finca de día y guerrillero de noche. Mi zona de operaciones era cerca de Cienfuegos. Trabajé en la línea-de suministros, pero lo que más hice fue quemar sembradíos. Tanta candela prendí en esa zona, que me decían Pepe Candela.

Hay muchas maneras de quemar un cañaveral. En el Central Constancia usamos fósforo vivo. El fósforo vivo es un liquido que viene en pomitos sellados. Cuando el pomo se rompe y el liquido hace contacto con el aire, entonces comienza a arder. Es una química muy buena, pero rara vez la usábamos, ya que era difícil de conseguir.

Mi método favorito era utilizando un saco viejo de yute. Primero humedeces el saco con gasolina o algo que arda bien. Enciendes el saco y lo dejas quemar un poco. Después lo apagas. El saco después lo tiras en el medio de un campo de caña. Aunque esté apagado, después de un rato, cuando el sol se pone fuerte, comienza a arder de nuevo. Y no había fallo. Yo tiraba cinco o seis sacos de esos en un campo de caña al amanecer, y para el mediodía aquel campo ardía que daba gusto. Y yo, de inocente, trabajando en la finca. Hubo fuegos que yo mismo prendí que después ayudé a apagar.

Cuando un fuego comenzaba a arder, la milicia comenzaba a chapear un trillo, para evitar que el fuego se esparciera. Por eso a mi me gustaba quemar por varios lugares, para que aún si cambiaba el viento la caña ardiera bien.

Un método cruel pero muy práctico era utilizando animales. Le amarrábamos una tira de tela mojada en gasolina a la cola de un gato y le prendíamos candela. El animal aquel, con el fuego en la cola, corría por dentro del campo de caña a toda velocidad, un kilómetro en un minuto, y por donde corría dejaba tallos ardiendo. En el sur de Las Villas en aquellos tiempos habían muchos gatos sin colas.

Otro método era con un pedazo de vela. La vela se colocaba dentro de una lata hueca para que el viento no la apagara, y se colocaba arriba de una pila de hojas secas. Cuando las hojas empezaban a arder, el fuego se esparcía.

Yo conocía a un conductor de trenes que tiraba pedazos de estopa mojadas en grasa en el horno del tren cuando pasaba por el cañaveral. Los trozos de estopa ardiendo eran lanzados al aire por la chimenea del tren. A los pocos minutos ya había siete o ocho fuegos en el sembradío. Aquel conductor de trenes pegó más candela que una guerrilla con un lanza llamas.

También le prendí candela a unos cuantos camiones. A uno le dejé un letrero que decía: Regalo de Pepe Candela. Y la milicia del batey se movilizó para buscar a Pepe Candela, el cual ellos pensaban, era un alzado. Cuando pasaron por la finca donde yo trabajaba, me fuí con ellos, de voluntario para buscar a Pepe Candela. Y estuve dos días persiguiendo mi propia sombra por un seremil de sembradíos y guardarrayas.

Pero nunca apresaron a Pepe Candela.