Escambray: La Guerra Olvidada

Un Libro Historico De Los Combatientes Anticastristas En Cuba (1960-1966)

Enrique G. Encinosa

XIII

TIGRES DE LOS LLANOS: LOS PATRIOTAS DE MATANZAS

En la Provincia de Matanzas se peleó con furia. Después de I as Villas, Matanzas fue la región donde más se combatió contra el comunismo, utilizando tácticas guerrilleras. Más de veinte grupos de alzados se mantuvieron activos desde 1960 hasta 1965.

El jefe guerrillero que más tiempo estuvo alzado en la Provincia fue Benito Campos, conocido por Campitos. Campitos era bajo de estatura, de pelo canoso, y usaba un sombrero Stetson negro y una ametralladora M3. Valiente y astuto, Campitos había sido capitán del Ejército Rebelde. Se había alzado en 1960 contra el régimen de Castro en Las Villas. Sus hijos, Chicho y José Martí Campos, también veteranos de la lucha contra Batista, iban con él. El alzamiento de los Campos fue auspiciado por el MRR Después de varios meses, operando en la zona de Las Villas, Campitos y sus hombres se trasladaron para la frontera entre las Provincias de Matanzas y Las Villas. Su guerrilla contaba con dos docenas de hombres y una amplia red de colaboradores que se extendía por las dos provincias.

A Campitos los comunistas lo llamaban El Majá, por su habilidad para eludir cercos. El propio régimen publicó que Campitos en el transcurso de un mes, burló veinte y siete operaciones militares. Este detalle nos dá una panorámica de quien era Campitos, de su coraje y valentía, pues eludir veinte y siete cercos en treinta días es una hazaña sobre humana. Por cuatro años Campitos y sus hombres mantuvieron en jaque a las fuerzas castristas, pero la guerrilla ya agotada en su
lucha constante contra fuerzas superiores, fue rodeada y aniquilada.

El cerco fue tendido por tropas del LCB dirigidas por L tardo Proenza, Campitos y su grupo pelearon su última batalla en un cañaveral cerca del Central Mercedes. Seis hombres del LCB murieron en la refriega. Chicho y José Martí Campos murieron en la acción. Campitos herido, se parapetó y continuó combatiendo solo y tratando de huir, pero al no poder romper el cerco, sintiéndose acorralado, se pegó un tiro, muriendo el 4 de septiembre de 1964.

Otro de los guerrilleros legendarios de Matanzas fue Perico Sánchez González, un ganadero y hombre de familia de la zona de Jagüey Grande. Se alzó a los 48 años de edad sin tener experiencia militar, pero con el deseo de pelear por la libertad de su Patria. Uno de sus hijos, Raúl, fue miliciano, y había participado en la Primera limpia del Escambray. El muchacho regresó de Las Villas lleno de asco y abochornado, al í había visto a los milicianos quemando los bohíos de los guajiros que se negaban a ser relocalizados. Esta experiencia lo llevó a conspirar junto con su padre, aunque permaneció en la milicia para facilitar sus actividades conspirativas. Bajo investigación por actividades clandestinas, Perico Sánchez fue arrestado en dos ocasiones. La tercera vez que la policía lo intentó detener, Perico se batió a tiros con la policía castrista, donde resultó herido en una mano. Perico logró escapar, alzándose en la zona sur de Matanzas, armado de una ametralladora Thompson. Dos de sus cinco hijos, Pedro y Raúl, se alzaron junto con él. Desde abril de 1961 hasta mediados de 1963, las guerrillas de Perico Sánchez causaron estragos en las filas castristas. Los delatores fueron ajusticiados y las patrullas emboscadas. La guerrilla de dieciocho hombres fue cercada en Palmar Bonito por un batallón de milicias y unidades militares del MINFAR. Perico y sus hombres rompieron el cerco, librando combates continuos por cinco días. Pedrito, uno de los hijos de Perico, logró evadir el cerco escondiéndose en la Ciénaga de Zapata. Allí, hambriento, logró sobrevivir alimentándose de lo que encontraba a su paso en aquel inhóspito lugar. Mientras tanto, su padre reorganizaba la guerrilla después del combate del Palmar Bonito, llevando a cabo una serie de emboscadas audaces contra tropas del régimen. Uno de los incidentes más conocidos ocurrió el 28 de enero de 1963, en las cercanías de Jagüey Grande. La guerrilla incendió un cañaveral y tendió una emboscada en los alrededores del incendio. Cuando un carro patrulla con cuatro policías se acercó al siniestro, los guerrilleros abrieron fuego, resultando muertos tres de los cuatro agentes. Unos días después, cercados nuevamente, los guerrilleros evadieron el cerco cruzando tembladeras pantanosas donde los castristas no se atrevían a pasar. El 7 de abril de 1963 en la finda Cantabria, entre Pedro Betancourt y Torriente; la guerrilla fue atrapada en otro cerco, estableciéndose un intenso combate donde murió el hijo de Perico, Pedrito Sánchez. Dos días más tarde y en la misma zona, su hermano
Raúl Sánchez y otro guerrillero, Wilfredo Rodríguez fueron ametrallados cuando intentaban cruzar la tercera línea de un triple cerco que habían tendido las fuerrzas del régimen. En este combate resultaron muertos cuatro milicianos y Perico con sus hombres lograron escapar. Deprimido por la muerte de sus dos hijos, y perseguido constantemente, Perico decide abandonar la Provincia de Matanzas, refugiándose por varias semanas en Güira de Melena en la Provincia de La Habana. Desde su escondite, Perico Sánchez mandó un último mensaje a sus hermanos: «Yo estoy vivo. Perdí a dos hijos. Intenté morir en el cerco, pero tengo que seguir luchando para acabar con estos comunistas». Cercado por unidades de la policía y agentes de la Seguridad del Estado, Perico Sánchez logró escapar de la casa donde se había refugiado, pero tropezó con otra patrulla frente a la fábrica de Carretas Comet a la entrada de Güira de Melena. Con su pistola en mano murió combatiendo al enemigo. Era la noche del 10 de mayo de 1963, en un mes tres miembros de la familia Sánchez de Jagüey Grande habían caido en combate.
Después de su muerte, el cadáver de Perico Sánchez fue transportado a su pueblo natal, siendo paseado por las calles del pueblo a la vista pública. Su primo, Tino Sánchez, un connotado comunista de la zona, iba sentado adentro del camión que llevaba el cadáver de Perico, y gritaba por un altoparlante, «al bandido Perico Sánchez lo eliminamos, ya el pueblo puede dormir tranquilo». El camión, con su carga macabra, pasó por frente a la casa de los padres de Perico Sánchez.

Otro de los más aguerridos jefes guerrilleros de Matanzas fue Juan José Catalá, conocido por el apodo de Pichi. Un hombre fuerte de baja estatura, el Pichi había sido teniente del Ejército Rebelde en la lucha contra Batista. Asignado como jefe militar de la zona de Jovellanos, y disgustado con el giro que tomaba la revolución, al Pichi no le tomó mucho tiempo comenzar a conspirar de nuevo. Auspiciado por el MRR, en 1960 se alzó en Matanzas. Su grupo, uno de los primeros, estaba bien organizado, operando en las zonas de Jovellanos y Bolondrón. Pichi logró coordinar con otros grupos de alzados acciones simultáneas. Sus ataques a vehículos del régimen se hicieron tan frecuentes, que en 1962 las tropas castristas sólo se movían en la tuna, de noche y en forma de convoys. Jeeps o camiones no se atrevían a moverse solos por las carreteras de Matanzas, ya que los hombres del Pichi estaban al acecho. En Pedroso, cerca de Pedro Betancourt, los guerrilleros incendiaron varios kilómetros de sembradío de caña que ardieron fuera de control. Los alzados coordinaron la acción para quemar la zona por varios lugares consecutivos. El fuego iluminó el cielo matancero como si fuera de día, y era tan intenso, que para apagarlo fue necesario llevar hasta Matanzas unidades de bomberos de la Provincia de la Habana. Después de cuatro días, más de veinte millones de arrobas de caña ardieron en el inmenso sabotaje, que se considera fue el mayor en toda la guerra.

Después de romper numerosos cercos, el 22 de marzo de 1963, Pichi con varios de sus hombres fueron atrapados en una finca cerca del Central Limonares. Armado de una carabina M2, Pichi Catalá murió en combate, enfrentándose a una tropa del LCB dirigida por el Comandante Lizardo Proenza. Al morir, el jefe guerrillero se encontraba cubriendo la retirada de sus hombres.

Hubieron numerosos jefes guerrilleros de probado valor y patriotismo, que combatieron contra el comunismo en la provincia de Matanzas. Uno de ellos fue el pintoresco jefe guerrillero Francisco Castañeda, conocido por Pancho Jutía, el cual adornaba los árboles de su región con letreros que proclamaban la zona: «Primer Territorio Libre de Pancho Jutía». Otros de los más conocidos jefes alzados fueron Gerardo Fundora, Gervasio Cabrera, Delio Almeida, Julio Falcón y Joaquín Benítez, conocido como El Capitán Bandera.

Los guerrilleros de Matanzas se mantuvieron activos pese a tremendos contratiempos. Hubieron guerrillas no sólo en las lomas y en los pantanos, sino también en los llanos, donde los alzados lograron funcionar escondiéndose en fincas, sembradíos y potreros. Muchos utilizaron cuevas para esconderse, llegando incluso a excavar cuartos subterráneos que cubrían con maleza para no ser detectados. Pese a que luchaban contra huestes muy superiores, los alzados de Matanzas pelearon heroicamente desde principios de 1960 hasta finales de 1964.