Escambray: La Guerra Olvidada

Un Libro Historico De Los Combatientes Anticastristas En Cuba (1960-1966)

Enrique G. Encinosa

X.

1963: EL AÑO DEL CUERO DURO

Al año 1963, los oficiales del LCB lo denominaron El año del cuero duro. Y así fue. Todas las semanas hubieron combates y todas las noches, fusilamientos. Centenares de hombres de ambos lados cayeron en los montes y llanos de Las Villas, en innumerables refriegas.

El cuatro de enero, una unidad del LCB rodeó a la guerrilla de Porfirio Guillén en un sembradío cercano al cementerio de Manicaragua. Entre los once guerrilleros se encontraba un hombre llamado Alfredo Luque, un ex militar que era hijo de un comunista- Pese a la influencia paternal, Luque deseaba alzarse contra el régimen. Con la ayuda de Roberto Rivero Gómez y Enrique Ruano, (dos dirigentes de la linea de suministros) Luque obtuvo una carabina San Cristóbal con varios peines de balas. Rivero y Ruano llevaron al nuevo alzado a unirse a los hombres de Guillén el primer día de ese año. Tres días después era cercado con su grupo en las cercanías de Manicarragua. Esa mañana murió en combate.

Otro de los mártires de este combate fue Juan Devora Blanco, conocido por El Niño Devora. Este era un ex preso político, que al momento de su fuga, dejó escrito en las paredes de la cárcel el juramento de que jamás sería tomado prisionero nuevamente. En Manicaragua murió peleando.

Uno por uno, cayeron los alzados. Porfirio Guillén fue abatido mientras disparaba su San Cristóbal. Bernabé, El Mulato, trató de abrir fuego con una calibre .30, pero el arma se encasquilló. Otro manir de ese fatídico día fue Gilberto Rodríguez, quien había escapado de la cárcel la primera vez que lo habían capturado. Sólo un alzado, Israel Pacheco, logró evadir el mortífero cerco.

En ese mes de enero también hubieron encuentros entre alzados y El cinco de febrero las guerrillas de Pedro (González incendiaron dos ómnibus en la carretera de Trinidad a Sancti Spíritus, después de desalojarlos. Cuando los omnibus ardían, un jeep de una patrulla del ejército se acercó a investigar, los alzados les tendieron una emboscada, matando a cuatro soldados. En ese mismo mes los alzados atacaron un cuartel cercano a Santa Clara y varios guerrilleros y milicianos murieron en combates en la zona de Veguitas. Dos oficiales del ejército fueron muertos en la carretera de Seibabo cuando fueron emboscados por alzados.

Miles de hombres del LCB habían sido desplegados a la zona de operaciones donde se movía la guerrilla de Tomás San Gil. Capturar o eliminar a San Gil era la principal prioridad de los castristas en Las Villas. En enero lo rodearon, pero el jefe guerrillero escapó cruzando el río Caracusey. A finales de febrero fue cercado de nuevo en Las Llanadas de Gómez. Rompió el cerco y se dirigió al Hoyo del Naranjal, donde fue cercado nuevamente, pero logró evadir el anillo. La persecusión continuó hasta el último día de febrero, en que San Gil fue atrapado en el Monte de las Cuarenta Caballerías. Al anochecer y con menos de treinta hombres, Tomás San Gil se enfrentó a varios batallones enemigos, tratando de romper el cerco, mientras las tropas castristas apretaban el nudo. El tableteo de las VZ se confundía con los disparos de M3, de Garands y M52, las granadas iluminaban la noche y luces brillantes cortaban la oscuridad. Por uno y otro lado, los alzados trataban de cruzar hacia el campo abierto, mientras las maldiciones y los gritos se escuchaban entre los disparos.

Tomás San Gil con varios de sus hombres rompió el cerco cuando aún a sus espaldas se escuchaba el tableteo de las armas. Su lugarteniente Nilo Armando Saavedra Gil, conocido por Mandy Florencia, quedaba atrapado en el anillo. San Gil penetró de nuevo el mortífero cerco, tratando de rescatarlo.

Al amanecer el primero de marzo de 1963, concluyó el combate. Tomasito San Gil, Mandy Florencia y otros once alzados quedaban inertes en el campo de batalla. El LCB y la milicia contaban veinte y siete bajas y muchos heridos.

Después de la muerte de Tomasito, el mando del ELN pasó a Julio Emilio Carretero Escajadillo, quien desde 1960 había sido jefe guerrillero. El Comandante Carretero, un hombre de unos treinta años, tenía una barba larga y tupida, era un veterano rompe cercos, con cicatrices de balas en su duro cuerpo. En el año que dirigió operaciones en el Escambray, el régimen le atribuyó veinte y siete bajas al ejército castrista, así como ciento dieciseis actos criminales contra los poderes del Estado, los que incluían incendios de almacenes, vehículos del gobierno y destrucción de fincas propiedades de simpatizantes del régimen.

Los combates en 1963 continuaron con intensidad. La guerrilla de Raúl Realito Hernández fue eliminada en una intensa refriega, cuando fue cercada. Realito, herido, se enfrentó a un cazador del LCB. Ambos hombres se dispararon a quemaropa, vaciando los peines de sus ametralladoras.

En otro combate que duró horas, tropas del LCB dirigidas por Gustavo Castellón, El caballo de Mayaguara dieron muerte a Leonardo Peñate y tres de sus hombres. En otro encuentro murieron ---atrapados en una emboscada del LCB- Chiqui Jaime y varios hombres de su guerrilla.

En junio de 1963 fue fusilado en La Esperanza, el ex capitán rebelde Adolfo Sargén, conocido por el apodo de Terranova. Por más de un año, Terranova y sus hombres vivieron en cuevas excavadas cerca de Santa Clara desde donde logró llevar a cabo varios ataques contra las fuerzas castristas, uno de ellos contra el cuartel El Hormiguero. Al ser capturado se encontraba con una pierna podrida, a consecuencia de una vieja herida que nunca se curó. Unas semanas después del fusilamiento de Sargén, los castristas también ejecutaron a Macario Quintana, otro jefe guerrillerores del LCB.

El día trece de agosto, en Manacas-Iznaga, veintiún guerrilleros fueron fusilados en un acto alevoso, sin razón lógica aún en la crueldad de la guerra. Los hombres que fueron asesinados esa trágica noche eran prisioneros de guerra, habían sido transportados a Las Villas desde la cárcel de Isla de Pinos, donde algunos llevaban hasta más de dos años encarcelados. Entre los que murieron ante el paredón esa noche se encontraban Nando Lima y Monguito Pérez, dos jefes guerrilleros que habían sido apresados en la primera limpia en 1961.

El 23 de ese mes, el jefe guerrillero Rigoberto Tartabull fue muerto en combate por su propio hermano. La muerte de Tartabull a manos de su propio hermano, un oficial de milicia es uno de los eventos más mórbidos y trágicos de la guerra campesina. Como una deferencia, el cadáver del alzado fue entregado a los familiares, permitiéndose que fuera velado propiamente.

En septiembre, la guerrilla de Demetrio Nano Pérez fue aplastada en un gran cerco. Al mes siguiente, nueve de los sobrevivientes fueron fusilados en Santa Clara. Durante el año de 1963, en Condado, varios centenares de alzados y colaboradores fueron pasados por las armas y docenas más se enfretaron a los paredones de fusilamientos en las zonas de Santa Clara, Corralillo, Sagua La Grande, Báez, Rodas, Ranchuelo, Cienfuegos y La Campana.

A pesar de la represión brutal del régimen, los alzados no se dieron por vencidos, Campos de caña ardieron en Tuinicu y Soledad y vehículos del régimen fueron ametrallados en carreteras. El 22 de diciembre los guerrilleros ejecutaron al miliciano Martín Valdivia en la finca El Barral.

El año del cuero duro desangró de tal manera a los combatientes alzados en Las Villas, que Enrique Ruano, sobreviviente de las líneas de suministros del FU RE, nos dijo al respecto «llegó el momento en que los alzados no querían que más hombres se unieran a las guerrillas, ni aunque fueran armados. Todos ellos comprendían muy bien que no podían ganar, que no habían balas ni rifles, ni botas suficientes para suministrarlos adecuadamente. La mentalidad de los guerrilleros
llegó a ser suicida, la actitud era de pelear hasta el último hombre y la última bala. Ellos no querían más reclutas porque sabían que era imposible ganar sin ayuda del exterior y combatiendo contra un ejército bien armado y un régimen represivo. Comprendieron que estaban condenados a morir y no querían un sacrificio estéril por parte de nuevos alzados».

A finales de 1963, en El Guasimal se libró uno de los combates más feroces de toda la guerra. Maro Borges y veinte de sus guerrilleros fueron cercados en un anillo por centenares de enemigos. A los veinte y tres años, Maro Borges era un veterano de la lucha contra Batista, y de dos años como jefe guerrillero en el Escambray peleando contra el comunismo. Rodeado en El Guasimal, Maro se preparó para romper el cerco por arriba. Debido a las pocas balas con las que contaban, las guerrillas siempre esperaban hasta el último momento para disparar, y en acciones practicamente suicidas, hacían fuego a quemaropa. La milicia tenía balas para malgastar, pero los alzados no podían darse ese lujo.

En el combate de El Guasimal la primera ráfaga derribó a una linea completa de milicianos. Los alzados comenzaron a romper el cerco, cara a cara, frente a frente, en ambos lados intercambiaron disparos. Ismael Borges, -un hermano de Maro- se desplomó muerto. Otro de los hermanos Borges, Elías, cayó derribado con diecisiete plomos en su cuerpo, fueron balas de un peine de metralleta checa disparadas a quemaropa. Maro recibió un balazo en el pecho, pero continuó disparando su Springfield, tratando de cruzar el cerco. El guerrilero Ibrahim Palmero resultó muerto, y su hermano Emerio herido, quería quedarse al lado del cadáver de Ibrahim, pero Maro Borges , con la sangre en el pecho mojándole la camisa, agarró a Emerio por un brazo, y le dijo «tú perdiste uno, pero yo dejo dos. Vámonos.».

Los alzados rompieron el cerco, brincando sobre los cadáveres de los milicianos y los hombres del LCB. Perseguida por los cazadores del LCB, la guerrilla se internó en la maleza. En el campo de batalla quedaban once alzados y más de tres docenas de milicianos con los cuerpos acribillados y sangrantes, entre ellos, se encontraba -con tres heridas de bala- el alzado Raúl García, que fue capturado y llevado por la milicia al gigantesco helicóptero de transporte, donde los cadáveres se encontraban amontonados. Cuando el helicóptero despegó, el cuerpo de un guerrillero menor de edad comenzó a moverse, era Elías, el más joven de los hermanos Borges, que aún vivía, a pesar de los diecisiete plomos que llevaba en su carne . Abrió los ojos, levantó la cabeza sangrante y mirando hacia el montón de milicianos muertos, dijo: «¡Mira como matamos hijos de puta hoy!». Elías Borges sobrevivió milagrosamente a las numerosas heridas. Después de largos años en presidio político, llegó a tierras del exilio.

Mientras el helicóptero conducía a Elías Borges al presidio político, Maro, herido, continuaba huyendo de los soldados que lo perseguían. Con el pecho sangrando y sintiéndose débil, Maro le dió su rifle a uno de los nueve hombres que con él habían evadido el cerco, ordenándoles que continuaran la huída. Armado de su inseparable pistola, el jefe guerrillero se escondió solo en un aromal, mientras sus hombres se alejaban. Minutos después llegaban las tropas del régimen a peinar la zona, caminando tan cerca del escondite de Maro, que casi lo descubren.

Durante tres días Maro Borges, casi moribundo, permaneció en aquel aroma¡. Los gusanos cubrieron su herida infestada, comiéndose la carne de su pecho. En acción desesperada que nos demuestra la valentía y la entereza de este jefe guerrillero, Maro Borges se arrastró hasta la puerta de un bohío cercano, con la pistola golpeó en el marco de madera y un guajiro de cara arrugada se asomó a ella. Maro apuntó con la pistola y le dijo: «Soy Maro Borges, si me quieres ayudar empieza ya, si me vas a entregar, lo tendrás que hacer rápido antes de que te meta un tiro.»

El guajiro,- como la mayoría de la población campesina era simpatizante de la guerrilla- lo ayudó. Maro necesitó tres meses para recuperarse. Cuando su herida cicatrizó, la piel le creció fina como un papel de cebolla. Con la fea huella en su pecho, el guerrillero regresó a la loma para seguir combatiendo contra el sistema opresor.