Los Caminos De Guerrero
Luis Posada Carriles

4:  Punto O recluta a un funcionario de la DISIP

Federico y Rafael Bottini andaban siempre con Rubén. Los tres, junto con Brenda, vivían en un pequeño apartamento, en un edificio  de la Urbanización El Marqués, al este de Caracas. El apartamento tenía dos habitaciones. Un cuarto lo ocupaban Rubén y Brenda, el otro Federico y Rafael.

Federico era buscado por la policía por su participación en el secuestro de las hijas de un conocido animador de televisión, llamado Reni Ottolina, en el que se pagó un rescate de 750.000.00 bolívares (unos $ 350.000.00). Federico tenía algún dinero y estaba sufragando los gastos.

Rubén tenía planificado un asalto a una cervecería en Valencia y estaba ultimando los detalles para su ejecución.

Federico tenía un amigo en la DISIP. Un funcionario de nombre Régulo Calzadilla Carballo, quien trabajaba en la Policía de Seguridad del Estado desde hacía varios años. En ese tiempo ocupaba un cargo en la Jefatura de Cuartel. Trabajaba en una pequeña oficina situada a la derecha, como a seis o siete metros de la entrada. Los funcionarios de la Jefatura de Cuartel se encargaban de la seguridad del edificio y llevaban control sobre la entrada de los visitantes.

Calzadilla era un funcionario de baja jerarquía y vivía con su concubina en un barrio pobre del oeste de Caracas. No tenían hijos.

Federico conocía a Calzadilla desde hacía varios años. Lo visitaba en su casa y gradualmente comenzó a reclutarlo. Le presentó a Rubén y le propusó un plan. Calzadilla se comprometió a conseguirle credenciales de la DISIP. Ellos le regalaron algún dinero y le explicaron que estaban formando una organización invitándolo a pertenecer a ella. Calzadilla los mantendría al tanto de cualquier movimiento, operación o cualquier otro tipo de información que obtuviera y que pudiera ser de utilidad para la organización.

Mientras tanto, compraron un Ford Fairlane modelo 67 de color gris. Este tipo de vehículo era usado por la DIGEPOL (Dirección General de Policía) nombre que tenía anteriormente la DISIP. La ciudadanía, cuando veía un carro con esas características, creía que era de la policía.

Calzadilla no tenía acceso a la oficina donde expedían las credenciales: sin embargo, consiguió unas credenciales en blanco del antiguo Cuerpo, DIGEPOL que, aunque no estaban vigentes, servían como identificación para hacerse pasar por funcionario de la DISIP con cualquier autoridad excepto, desde luego, con la misma DISIP que conocía las nuevas credenciales.

Rubén y los Bottini circulaban tranquilamente por la ciudad. Llevaban dos subametralladoras que no se molestaban en ocultar, pues la vista de las armas reforzaba más su cubierta de funcionarios de policía. Cualquiera que los veía no podía menos que pensar que eran de un cuerpo policial. Por otro lado, tenían listo el armamento para cualquier eventualidad.

Se descubre la infiltración

Federico Bottini perdió su carnet. Se le cayó en la calle y un ciudadano lo encontró y lo recogió. Decidió llevarlo a la sede de la DISIP en los Chaguaramos, pensando que pertenecía a un funcionario del cuerpo.

Calzadilla no estaba de guardia ese día. El ciudadano entregó las credenciales en la oficina de Jefatura de Cuartel y de aquí la enviaron al comisario Rafael Guzmán, jefe de esa división. El comisario reconoció de inmediato a Bottini y llevó las credenciales al director. Al momento se dieron cuenta que eran viejas credenciales de la DIGEPOL, pero también reconocieron los sellos de goma que decía Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención, y sospecharon que habían sido sellado con un sello de la Jefatura de Cuartel. Trajeron los sellos de goma de esa oficina y, con lentes de aumento, hicieron las comparaciones. Inmediatamente se dieron cuenta de que los sellos eran idénticos.

El director reunió a los jefes de divisiones y les explicó todo lo acontecido. El comisario Guzmán se puso a cargo de un gran operativo para detener a todos los funcionarios que trabajaban en la Jefatura de Cuartel. Sin decir nada, se situaron guardias armados en la puerta que no dejarían abandonar el edificio a ningún funcionario de esa división. Al siguiente día, según fueran llegando los funcionarios de relevo, serían detenidos. Se organizó también un grupo para interrogar a cada uno de los detenidos.

En el primer interrogatorio, Calzadilla entró en contradicciones, se "quebró" y contó todo lo sucedido. También manifestó su deseo de cooperar.