Los Caminos De Guerrero
 Luis Posada Carriles

17:  Comienza una nueva etapa de mi vida

El Salvador es un país pequeño de grandes hombres. Durante diez años se enfrascó en una guerra fratricida, que le costó a la nación 80.000 muertos.

La guerrilla del FMNL, apoyada por el comunismo internacional y principalmente por Cuba y Nicaragua, trataba de desestabilizar el sistema para lograr el poder. Las Fuerzas Armadas Salvadoreñas recibían ayuda en armamento, dinero y asesoría de los Estados Unidos. Las unidades guerrilleras atacaban instalaciones militares y estructuras económicas, sobre todo el suministro eléctrico. Los combatientes de ambos bandos morían y la población civil sufria el rigor de la guerra. Diariamente se producían apagones que duraban varias horas, la economía estaba por los suelos, atentados, sabotajes y bombas estremecían las ciudades. En estas circunstancias se produce mi llegada a El Salvador.

Félix Rodríguez trabaja para la Fuerza Aérea Salvadoreña. Vuela un helicóptero HUGH-500, artillado en misiones de combate. Esa noche duerme en la habitación que le han asignado dentro de la base. Nuestra conversación trata de los viejos tiempos, de la invasión a Bahía de Cochinos: de la Base de Fort Benning, donde ambos fuimos oficiales del ejército americano: de los trabajos que realizamos con la CIA, etc. Trato de eludir el tema de la prisión y la fuga: los recuerdos son muy recientes y todavía causan dolor.

Al siguiente día, Félix sale a una misión muy de mañana y a su regreso lo estoy esperando. Tomamos un jeep blindado y nos dirigimos a la ciudad. Voy con mi mochila de viaje. Me alojo en una habitación del Hotel Camino Real, que su propietario, el señor Luis Poma, ha facilitado a Félix. Ahí viviré hasta que encuentre alojamiento.

Dos días después recibo la visita del Dr. Alberto Hernández, próspero médico y patriota cubano con residencia en Miami. Alberto en varias ocasiones me ha demostrado su valor y amistad. Esta vez, de nuevo está allí para apoyarme en mi difícil situación. Un grupo de Miami, gente muy calificada, entre las que están Jorge Mas, Feliciano Foyo, Pepe Hernández y otros, han hecho un "pull" para solventar mis necesidades económicas.

Alquilamos una casa. Alberto y yo salimos al automercado y compramos utensilios de cocina, cubiertos, sábanas, toallas y comestibles. Me asignan una cantidad de dinero suficiente, que me llega regularmente todos los meses. Una sirvienta llamada Angélica y un carro alquilado completan mis necesidades.

Unos días después de llegar me encuentro con una agradable sorpresa: Luis Orlando Rodríguez está en El Salvador, es segundo al mando del grupo militar de asesores que tiene el ejército americano. Lo conocí en Fort Benning, Georgia, cuando ambos éramos tenientes; ahora tiene el grado de teniente coronel. Me abraza efusivamente y desde ese momento se convertirá en mi ángel guardián.

Días después, con conexiones en la Fuerza Aérea, me consiguen documentos de identidad, pasaporte y un carnet para portar armas.

Me paso los días en la base aérea con Félix. Ocasionalmente vuelo con él en el HUGH-500. El capitán Leiva me concede que vaya a misiones de combate en un viejo avión DC3 artillado con

ametralladora calibre 50, que ametralla las zonas donde se encuentran los guerrilleros.

Así transcurren mis días, sin pena ni gloria; llega la Navidad del año 1985, la primera que disfruto a plenitud desde mis crueles y largos años de cautiverio.