Los Caminos De Guerrero
 Luis Posada Carriles

13:  El Proceso Judicial

Junto con Ricardo y Lugo vino un expediente que le entregaron en Trinidad al comisario Orlando Jiménez. El expediente constaba de 1.807 folios, escritos en idioma inglés.

La imagen internacional de Carlos Andrés Pérez quedaba de esta forma (creía él) salvada. Claro que nunca podría explicar el Presidente Pérez cómo Ricardo Morales Navarrete (a) El Mono, con sus siniestros antecedentes, fue nombrado Jefe de la División 54 de Contrainteligencia. Tampoco podría explicar cómo su Ministro del Interior, Octavio Lepage, ordenó al Director de Extranjería, Dr. Ramón Ignacio Velásquez, mediante un memorándum de su puño y letra, que se le extendiera la nacionalidad venezolana a El Mono, obviando todos los requisitos de la Ley de Extranjería. Tampoco podría explicar nunca cómo se llamó desde la DISIP a Orlando Bosh, en Nicaragua, invitándolo a venir a Venezuela y recibiéndole como VIP* al llegar ¿Cómo se podría explicar la extensión de un carnet de funcionario de la DISIP a Bosh, con el nombre de Carlos Sucre, lo cual le permitía andar armado? ¿Cómo se explica la protección policial que le proporcionó la DISIP? ¿Quién pagaba su estadía en el Hotel Anauca Hilton?

El proceso judicial, amañado y controlado, en el que se llegó al colmo de esconder el expediente más importante del proceso, la experticia realizada en Inglaterra por los técnicos de Newton y Carlos Fabbri, traería desprestigio y grandes dudas sobre la persona de Carlos Andrés Pérez.

El 14 de octubre, El Mono Morales, en su calidad de funcionario de la DISIP, firmó las órdenes de detención contra Luis Posada y Orlando Bosh (folio 38 del expediente). Sin embargo, no es sino hasta el 18 de octubre (folio 96-98) que se nos comunica y rinde declaración informativa.

Al día siguiente, El Mono me llamó a su despacho. Me trasladó el comisario Debona. Son las nueve de la mañana, pero El Mono se ve desarreglado, sin afeitar y con grandes ojeras por la falta de sueño. Nunca había visto a El Mono tan abandonado y poco aseado. Me dice que me siente y saca un aparato detector de micrófonos y con él rastrea toda la oficina.

-Todo en orden -me dice-.

A continuación comienza a hablar muy despacio y recalcando las palabras. Me doy cuenta de que se encuentra bajo una gran tensión: también noto que el efecto de los excesos de la noche anterior, los tragos y tal vez drogas, no le han pasado totalmente. Me mira fijamente por un rato y, ¡cosa increíble!,' veo por primera vez en mi vida brotar lágrimas de sus ojos, me abraza y me dice:

-Hermano, he tenido que firmar tu auto de detención bajo una presión enorme, pero no te preocupes -miente- pronto estarás libre de este rollo.

Llorando copiosamente me dice:

-Tengo que confesarte algo: yo volé el avión cubano, pronto lo sabrás todo. Se hará en una forma que pronto estarás libre. Bosh se pudrirá en la cárcel y Lugo y Ricardo cargarán con el pato.

Aunque en aquel momento no creí ni una palabra de lo que decía, le contesté:

-Mono, ¿cómo puedes ser tan hijo de puta? Si tú fuiste, ¿cómo puedes permitir que otras personas inocentes carguen con la culpa?

-¿Inocentes? ¡Al carajo! Bosh es un hijo de puta que siempre ha usado la violencia y por todo lo que ha hecho merece eso y mucho más. Ricardo es otro hijo de puta, que me hizo una y se salvó de milagro, pues todo estaba planificado para que muriera en el atentado.
-¿Y Lugo? -le pregunto.

-A ese mulato yo no lo conozco. Cuando avance el tiempo yo lo declararé todo: mientras tanto, haré lo posible para que salgas.

Yo estaba mentalmente preso de una gran agitación y le dije:

-¿Por qué no me das los detalles?

La emoción que El Mono sintió había pasado. Volvió a ser dueño de sus actos, estaba otra vez frío y calculador. Sonriendo me respondió:

-¿Los detalles? ¡Qué va, Comisario! ¡Formarás una cagada que no la brinca un chivo!

Como yo no creía una palabra de lo que me decía, no insistí y di por terminada la entrevista. Cuando le relaté todo lo sucedido a O. Bosh, éste, riendo, me comentó:

-¿Tú vas a creer lo que dice ese hijo de puta?

Sonreí también, un poco abochornado de mi ingenuidad. Otro grave error. La información, por muy increíble y desatinada que parezca, puede ser cierta. En "inteligencia" hay un dicho que dice: "Lo cierto no necesariamente tiene que ser lógico; y lo lógico no necesariamente tiene que ser cierto". Debí haber procesado la información que me suministró El Mono y haberla mandado a investigar. Posteriormente, y después de las declaraciones públicas que hizo El Mono en dos ocasiones, adjudicándose la autoría de la voladura del avión, y de datos que obtuve por fuentes confiables, me pude dar cuenta de mi grave error.

Los preparativos del juicio prosiguen. Una serie de irregularidades procesales y judiciales se suceden; son tantas, que harían tedioso este relato. Entre las más relevantes figura a violación del Derecho de Hábeas Corpus, al no ser puestos en libertad los indiciados después de haber transcurrido los ocho días reglamentarios que marca la ley.

El abogado Francisco Leandro Moras se presenta en la DISIP y conversa con Orlando Bosh, quien lo nombra su abogado. Yo mando a buscar a mis amigos Raymond Aguiar y Oswaldo Domínguez, ex-consultor jurídico de la DISIP. Ambos aceptan inmediatamente mi petición de servirme de abogados.

El Auto de Detención

El Fiscal General encargado, Víctor Ortega Mendoza, el día 10 de noviembre presenta formal denuncia contra los encausados para dar cumplimiento al Artículo 4 del Código Penal, que requiere de esa formalidad para que pueda procederse al enjuiciamiento de un delito cometido en el exterior. Por lo tanto, si hasta en esta fecha cumplió con el requisito señalado, todas las actuaciones anteriores eran nulas. Faltaba, hasta ese momento, una de las condiciones procesales. Junto con la referida denuncia, el Fiscal envió a la jueza, Delia Estaba Moreno, un legajo de documentos emanados de la Comisaría de Policía de San Vicente, Puerto España, Trinidad y Barbados, relacionados con el acto de sabotaje contra el avión de la Cubana de Aviación, ocurrido en Barbados. También el Fiscal remitió las actuaciones de la DISIP que le fueron enviadas por el Ministro del Interior, Dr. Octavio Lepage. El Fiscal General encargado, nombró como instructor especial a la jueza Delia Estaba Moreno y como Fiscal Auxiliar al Dr. Víctor Hoyer, Fiscal 18 del Ministerio Público.

La injusticia de la justicia" comenzará a manifestarse desde los primeros procedimientos incorrectos, inexplicables y torpes. El 2 de noviembre de 1976, la jueza Delta Estaba acordó el auto de detención sin haber leído el expediente por ser simplemente imposible. Aparenta haber hecho en 24 horas lo que demandaba por lo menos 170 horas de lectura, un trabajo continuo sin dormir, sin comer y sin hacer absolutamente nada más. Era materialmente imposible leer y analizar un expediente de 1.807 folios, que además estaba en inglés (idioma que no conocía la Dra. Estaba). Aún suponiendo que leyera y analizara cada folio en 5 minutos, hubiera necesitado 170 horas de lectura para enterarse del contenido del expediente y tomar la decisión sobre el auto de detención, más el tiempo adicional para la elaboración del mismo.

Cuando un juez instructor va a emitir un auto de detención preventiva, es decir, ordenar que el procesado permanezca en prisión hasta la celebración del juicio, debe ser muy cuidadoso en el estudio de los recaudos a su alcance, pues la toma de una decisión precipitada o mal intencionada, hará que el reo, aunque sea inocente, permanezca largos años en prisión. En Venezuela no hay fianza para la mayoría de los delitos y, por ello, el acusado debe permanecer en prisión mientras se desarrolla y culmina el proceso judicial. Los procesos judiciales son sumamente lentos, generalmente duran años. No hay ley que obligue a los jueces a un término de tiempo. Conozco infinidad de casos en los que los procesados, después de haber estado presos por cuatro, cinco o más años, son declarados inocentes. Cuando un juez dicta auto de detención, tiene un acto judicial llamado de Indagatoria, en el que los abogados defensores apelan del auto de detención dictado. Si otro juez ratifica la decisión emitida primeramente ya se sabe que, aunque el juicio se decida finalmente a su favor, le esperan largos años de cárcel. Los jueces trabajan poco y lentamente, de lunes a viernes y solamente en horas de la mañana. Los secretarios que copian las actuaciones judiciales son igualmente lentos. Todas las actuaciones, tanto fiscales como las de la defensa, tienen que ser presentadas por escrito y, si es un juicio como el que padecimos, pueden llegar a tener tantos folios como el nuestro, que tenían que ser llevados en carretillas. En nuestro caso se procesaron más de diez mil folios.

La Jueza Delia Estaba Moreno, en menos de 24 horas de haber recibido los recaudos de la fiscalía, sin haber leído el expediente, emitió el auto de detención que, a través de los años, nos haría navegar por ese turbio mar de dilaciones, peloteos de un juez a otro, de un juzgado a otro y de la jurisdicción civil a la militar y viceversa.

La cárcel modelo

Después del auto de detención, dispusieron enviarnos a una prisión ubicada en la periferia de Caracas, llamada la Cárcel Modelo. Es una vieja y ruinosa instalación contra la que se ha decretado su demolición. Es una prisión preventiva; es decir, que aquí permanecen los procesados que esperan juicio. Su número es impresionante y el hacinamiento es el principal problema. La delincuencia interna, las drogas y las muertes casi a diario entre los reclusos, mantienen en un estado deplorable e inseguro a la población penal.

Las instalaciones que albergan a los reclusos están divididas por sectores o núcleos a los que llaman "letras", por estar señalados con letras del alfabeto. A Bosh y a mí nos instalaron en la letra C. Este sector, cerrado y protegido, donde se le niega el acceso a los demás procesados, está formado por unos cincuenta reclusos, en su mayoría ex-agentes y funcionarios de policía, delincuentes acomodados, susceptibles de ser extorsionados por otros reclusos para obtener dinero, etc. Esta heterogénea población tiene un "jefe de letra", un ex-funcionario de DIGEPOL llamado Isidro, de apariencia tranquila, de buenos modales y muy respetado por todos. Su gran defecto, y por el cual estaba preso, era no poder controlar su increíble y patológica ira, que lo había hecho cometer tres homicidios.

Son las once de la noche. Varios carros de la DISIP nos conducen y nos introducen en las oficinas de la Cárcel Modelo. El director nos espera y nos da "la bienvenida". Los funcionarios de la DISIP que nos acompañan han sido policías que uabajaron bajo mi mando. Se despiden de nosotros (Bosh y yo) con cariño y respeto.

El director nos guía personalmente a la letra C. Allí nos recibe un ex-agente de la DISIP que está procesado junto con otros dos agentes, acusados de haber dado muerte a un prisionero en un interrogatorio. También me saludan Guedes y Pacheco, ex-funcionarios del DIM (Dirección de Inteligencia Militar), acusados de haber dado muerte a un abogado de apellido Aguilar Serrada. Estos dos ex-funcionarios, después de haber sido encarcelados durante seis años, fueron declarados inocentes del delito que se les atribuía.

La letra C está formada por un gran patio por el que caminan, sin hacer nada, unos 60 reclusos. Rodeando el patio que tiene piso de concreto, se encuentran unos 15 cubículos de 1.70 por 3 metros, con camas literas, sin baño y sin espacio para guardar la ropa o las pertenencias. Lo poco que poseen los reclusos se encuentra colgado en las paredes o guardado en cajas o maletas, siempre cerradas con candado para evitar que las roben sus compañeros.

Un baño común con tres duchas y tres servicios sanitarios, servían a toda la población penal de la letra C. Las duchas no tenían regadera y se recibe el chorro directo de agua fría. Los servicios "sanitarios" eran agujeros en el piso, en donde había que defecar parado.

Después de los saludos de los presos, penetramos en nuestra celda. Había en ella una cama litera sucia, con dos colchonetas sin almohadas. Bosh dormiría en la litera de abajo y yo en la de arriba. Nos dieron un candado para que cerráramos la puerta por dentro. La fuerte iluminación de las lámparas que rodeaban el patio penetraba por la única y pequeña ventana, alumbrando la celda. Las instalaciones de la letra C estaban cerradas por arriba con una fuerte malla de alambre de hierro. Un guardia armado con fusil Fal vigilaba el sector durante toda la noche. Sus pasos se oían cuando caminaba, también sus ronquidos cuando lo vencía el sueño y dormía un poco.

Sentado en el borde de mi cama, llegó el silencio y, con él, mis sombríos pensamientos; también me llegó el hedor que me acompañaría mientras estuve en esa prisión, el fuerte hedor de orines y excrementos. A esa hora de la media noche, cuando se había ido el agua, el mal olor era más fuerte y penetrante. Yo medité, desconcertado. ¿Qué había pasado con mi vida? ¿Cuánto tiempo pasaría en estas horribles y denigrantes condiciones? ¿Qué daño había causado yo a los que ahora eran mis enemigos, para someterme a esta injusta y tremenda situación? La tensión de aquel aciago día dominó todos mis sentidos. Los ojos se me cerraban de cansancio y me envolvió un sueño, más bien un sopor que me duró hasta el amanecer.

Después la luz del día y con ella el bullicio que formaban los presos en el patio. Las 7:00 a. m. Desde mi celda oigo que ha llegado el desayuno. En una enorme paila caldero de aluminio viene un líquido aguado, que dicen que es café. Los presos se ponen en fila, cada uno con su jarro o lata que sirve de taza para recibir una ración del humeante liquido y uno o dos pedazos de pan. El pan, como la comida, se distribuye por categorías: es decir, que los amigos de los jefes de galera o de los repartidores de comida, reciben más y mejor.

Con el día llega la música; muchos presos poseen enormes y potentes radios portátiles y, con ellos a todo volumen, pasean por el patio sintonizando la estación de su preferencia.

Salgo al patio y me encuentro con un cubano que en seguida me lo presentan: gordo, como de unos 60 años, jovial y extrovertido, espera juicio desde hace cuatro años por un supuesto delito de tráfico de drogas. Un año después saldría absuelto del delito que se le imputaba. El cubano, de nombre Rolando González, había ganado mucho dinero en el negocio de venta de terminales, pero cuatro años de prisión lo tenían al borde de la quiebra. Vivía en el piso de arriba, donde vivían los privilegiados. Me invitó a tomar café, acepté y subí a su habitación; allí tenía una cocina eléctrica, que encendió. Puso buen café en una cafetera italiana; el olor es delicioso e insiste en que me coma un par de huevos fritos; antes de que acepte ya me los está preparando e inmediatamente, como es natural, me cuenta su vida. También me instruye en cómo permanecer alerta, no confiar ni ofrecer amistad a nadie, no prestar dinero, no guardarle ningún paquete a nadie, esperar siempre la traición de los demás, etc. Me explica que con un poco de dinero es posible conseguir muchas cosas. Después de tomar el café y de comer los huevos, me puso en contacto con un recluso que, por unos veinte dólares, nos proveyó de dos camas grandes, viejas y cómodas. Por cinco dólares más nos trajo dos colchones. Ya entramos en la élite de los privilegiados. El día transcurre ruidoso, aburrido y muy caluroso. Guedes y Pacheco tienen una cocina en el patio y han hecho suficiente comida para que Bosh y yo comamos: espagueti con carne muy condimentado y preparado magistralmente por Guedes, que es un gran cocinero. Después de almuerzo hay limpieza general y el siguiente día será de visita. Siempre que hay visita, el día anterior se hace un aseo general, supervisado y organizado por Isidro, quien también es el que más trabaja. Traen como ocho baldes que los llenan de agua, también una caja de polvo detergente y cuatro escobas. Un grupo carga los baldes de agua, otro restriega el piso con las escobas y el detergente. En una hora el patio y los baños quedan limpios y relucientes. ¿El olor a orina y excremento? Permanecerá siempre; no hay forma de eliminarlo.

Por la noche los privilegiados, entre ellos yo, nos reunimos en la celda de Pacheco. Tiene un televisor a colores con imágenes en blanco y negro: increíble pero cierto. Por una razón que casi nadie conoce, entre ellos yo, el Presidente Pérez ha prohibido la televisión a colores en Venezuela. Pacheco ve las novelas de las ocho de la noche y eso será lo que los demás verán. Alas nueve tocan silencio, se acaba el bullicio, los presos apagan sus enormes y potentes radios y comienza la quietud. En el patio permanecen pequeños grupos hablando en voz baja.

Al siguiente día, muy de mañana, vienen los guardias a pasar lista o, mejor dicho, a hacer conteo. Se forma una larga fila de presos en calzoncillos quienes, con cara y voz soñolienta, van diciendo: uno, dos, tres... cincuenta y ocho, cincuenta y nueve, sesenta. Los vigilantes quedan conformes con el conteo y se retiran. Corren todos hacia el baño: afuera, una cola de reclusos esperan con una toalla o un trapo y un pedazo de jabón. Muchos tienen un rollo de papel sanitario pues, mientras unos se bañan, otros defecan. La administración de la prisión no provee al recluso de ninguna de sus necesidades; no les da papel sanitario, ni jabón, ni cepillo de dientes, ni pasta dental. Sus familiares y visitas se los traen, así como traen los alimentos crudos y cocinados que comerán hasta la próxima visita, a no ser que coman la asquerosa comida del penal.

Cuando un preso no recibe visitas y, por consiguiente, no tiene recursos económicos, tiene que mendigar las cosas más elementales, como un pedazo de jabón o un poco de pasta dental; de otra forma, tiene que robar a sus compañeros, vender drogas, o ejercer cualquier otro tipo de delincuencia. A los presos desamparados les llaman "fritos", y los ven como limosneros y pedigüeños, vistiendo harapos, deambulando por el penal.

El primer día de visita llegó mi esposa Nieves con mi abogado y amigo Raymond Aguiar, un hombre joven, de unos 37 años, brillante y agresivo, que me defenderá con tenacidad y valentía durante todo o casi todo el proceso, arriesgando su situación, al enfrentar a poderosos enemigos, abiertamente y sin temor. Raymond me trae unos tabacos que comparto con Bosh, y Nieves un libro religioso del predicador Vicent Pale. Aprovecho y les doy una lista de cosas que, con las influencias de Raymond, me traerán al penal. Una cocina eléctrica de dos hornillas, una cafetera, un sartén, dos ollas, cubiertos, aceite, arroz, latas y sobres de sopa, café, frijoles, espaguetis, papel sanitario, cepillo dental, pasta de dientes, toallas, etc. Al rato llegan mis amigos-hermanos Paco Pimentel y Joaquín Chaffardet. Joaquín viene cargando un pequeño televisor a colores de 5 pulgadas, que le dejaron pasar y me lo entrega: Paquito ofrece regalarme una nevera pequeña. Con tristeza veo que llegan las 2:00 p. m. y me tocan el silbato indicando que terminó la visita.

Al siguiente día me llaman de la administración para entregar me todas las cosas que me enviaron. Al entrar las cajas a la letra C, nos convertimos en potentados.
Hacemos una cooperativa con Guedes: nosotros traemos la carne y la mayor parte de la comida, él cocina y un preso que hace labores de aseo, nos lavará las ollas a cambio de que le demos la comida. También lo contrato para que barra diariamente mi celda y sacuda el polvo.

En las cajas vienen libros que me ha enviado Chaffardet.

Ese primer encuentro con la cárcel marcó en mí huellas indelebles, que aún conforman mi vida e influyen en mi carácter. Leí muchos libros, que me inclinaron al análisis y la investigación de mi conducta y la de los demás. Los radios estridentes y la música bulliciosa que estaba obligado a padecer me han hecho aborrecer la música a alto volumen y de tonos agudos y repetitivos como la música moderna.

Al siguiente día me llaman para decirme que tengo una visita importante que recibiré en una habitación especial de la dirección. Un hombre alto, canoso, de porte distinguido, vestido elegantemente, me espera de pie: es mi amigo, el Dr. Remberto Uzcátegui. que ha conseguido que le permitan visitarme. Me trae un libro cuyo título recuerdo muy bien: Y la Biblia tenía razón. También me trae un juego de ajedrez con su tablero. Me aconseja que nunca deje de hacer cosas, que me mantenga

ocupado. Me consuela y reconforta. También me dice que hablará con mis socios en la Agencia de Investigaciones. Argüello y Lugo, para arreglar mis asuntos financieros. Estará en contacto con mi abogado y conseguirá el dinero necesario para mi defensa. Le agradezco profundamente su visita y observo con nostalgia el gran abismo que nos separa. Son las 12:30 p. m. Uzcátegui va para el restaurante El Caney, donde después de tomar un etiqueta negra con agua, almorzará en un ambiente elegante y con personas agradables. Yo regreso a la letra C, a las radios estridentes, al calor, a las moscas, al hedor de orines y excrementos.

A pesar de las evidencias a mi alrededor, de procesados que llevaban años encarcelados sin celebrárseles juicio y con sentencias pendientes, yo me engañaba y me decía: pronto saldré de aquí, a mí no me puede pasar esto, es sólo una pesadilla... y mil pensamientos infantiles acudían a mi mente y me ayudaban a enfrentar mi difícil situación y mi futuro incierto.

Los días pasan, pasan las semanas pasan los meses. Ya es Navidad. El día 24, Nieves me trae un pequeño lechón asado, turrones y dulces. Lo pongo en la mesa del patio y dura "menos que un merengue en la puerta de un colegio". En menos de media hora no quedan ni los huesos; cuando iba a sacar un poco de carne para hacerme un emparedado, veo que al lechón le falta la cabeza y la pierna trasera derecha; cómo y en qué momento se la cortaron, es algo que nunca sabré. Los familiares de los presos, de acuerdo a su capacidad económica, llevaban regalos en esta época del año. De vez en cuando olía a licor; alguien, sobornando a no sé quién, ha logrado introducir una botella de bebida alcohólica.

Droga siempre entra. Por la noche huele a mariguana; alguien siempre anda fumando, alguien siempre anda vendiendo. Los guardias siempre son sobornables. Recuerdo una noche que un guardia, desde su posta, tiró un paquete que cayó en medio del patio; nadie fue a recogerlo y el paquete quedó allí toda la noche.
En el penal hay dos días de visita: los miércoles, visita conyugal, en la que no se permite la entrada a los niños: y los sábados, visita familiar. Los miércoles llegan las prostitutas más feas y destartaladas del mundo; van de letra en letra, vendiendo sus favores. Siempre son las mismas, mujeres deshechas que ya no pueden ejercer la prostitución y van a las cárceles donde, por una pequeña cantidad de dinero, se acuestan con los reclusos.

El día después de las visitas es día de problemas. El índice de muertos y heridos en las peleas de los reclusos aumenta considerablemente. ¿A qué se debe? Desde luego a la droga que fue introducida el día de la visita y a los regalos que trajeron sus familiares y amigos. La droga, casi siempre en forma de pastillas, aumenta la agresividad de los reclusos. Los ladrones, enervados por la droga, tratan de robar o extorsionar y de ahí se generan las peleas. Después de las visitas casi siempre hay requisa. La guardia registra las celdas, los techos, los colchones, los televisores y radios, las neveras, la comida y todo lugar o cosa que pueda esconder droga o un arma. Al final, siempre hay decomisos de armas y droga. Pero por la noche, siempre se oirá el inconfundible sonido de un preso afilando un pedazo de metal contra el cemento del piso para hacer un "chuzo". El chuzo es una especie de cuchillo, hecho de pedazos de metal, sacados a veces de los laterales de las camas de hierro y de cualquier otra cosa. Después de afilar bien lo que será la hoja, que a veces mide 12 ó 14 pulgadas de largo, se forra la parte de atrás con tela o madera para hacerle un mango. Con estos temibles cuchillos los reclusos pelean entre sí. Las graves heridas y la falta de asistencia médica producen la muerte de muchos. En mis meses de encierro en esa penitenciaría, la más peligrosa del país, vi muchos casos de homicidio. Más tarde, cuando me trasladaron a otro sector de esa misma cárcel, que lindaba con la enfermería, veía y oía a diario las quejas y lamentos de los heridos y enfermos graves que se desangraban sin asistencia médica, sin medicamentos y sin nada que se les ofreciera para mitigar sus dolores.

El presupuesto diario por recluso, que incluía desayuno, almuerzo y cena, era de unos 60 centavos de dólar por persona. Si a ese presupuesto se grava lo que se roban los ecónomos (empleados civiles a cargo de los almacenes) y la compra a bajos precios de productos en mal estado, al recluso que tiene que comerse lo que ofrece el penal, le llega pura basura.

Mientras luchaba por sobrevivir anímicamente en ese mundo tenebroso y nuevo para mí, otra lucha se desarrollaba fuera para obtener mi libertad. El Dr. Uzcátegui había formado un pull de amigos pudientes que sufragaban los gastos de mi defensa. Raymond Aguiar recibe $ 10,000.00 de manos de Uzcátegui, y le dice que no quiere más dinero; que de ahora en adelante su defensa será gratis. También el Dr. Francisco Leandro Mora, abogado defensor de Bosh, se rehusa a recibir más dinero de los grupos de exiliados que sufragan la defensa. Tampoco cobrará.

En el auto de detención dictado contra mi persona se me acusaba de "uso y fabricación de armas de guerra y traición a la patria". En los recaudos que se le presentaron a la jueza instructora Delia Estaba Moreno, no había absolutamente nada que pudiera constituir un indicio de que yo hubiera fabricado o transportado alguna clase de explosivo o artefacto explosivo que pudiera considerarse como arma de guerra.

La "traición a la patria" se sustentaba en que el sabotaje al avión cubano había puesto en peligro de guerra o de ruptura de relaciones a Venezuela con Cuba.
Obviamente tampoco pudieron encontrar pruebas ni indicios de responsabilidad en el hecho. Durante diez meses nuestros abogados denuncian públicamente las irregularidades procesales que se han sucedido. También atacan con violencia a la jueza Estaba.

A continuación relato el hecho más importante del proceso y del que ni siquiera tuvieron conocimiento nuestros abogados defensores, porque se mantuvo oculto. El resultado del peritaje, increíblemente no fue presentado al tribunal y se escondió para que no formara parte del expediente.

A raíz del sabotaje al avión cubano, el gobierno de Barbados solicitó a Gran Bretaña la asistencia de peritos para investigar el atentado. Inglaterra envía a Eric Newton, un técnico de 60 años de edad, de gran experiencia por haber trabajado en varios casos de siniestros aéreos. La jueza Estaba comisiona al técnico en explosivos, también muy calificado, de nombre Carlos Fabbri, funcionario de la DISIP, para que junto con Newton, investigue y someta a experticia los recaudos recuperados de] avión.

Los expertos se encuentran en Barbados e inmediatamente se ponen a trabajar en conjunto. Del 10 al 16 de octubre estuvieron en la escena del desastre, seleccionaron muestras recuperadas del avión siniestrado y en valija diplomática las llevaron a Inglaterra. En los laboratorios del Royal Armament Research & Development Establishment RARDE de Gran Bretaña, desarrollaron una experticia e investigación, apoyados por técnicos del laboratorio, donde llegaron a conclusiones precisas y específicas. Redactaron un informe científico y minucioso de todos los peritajes, exámenes e investigaciones, así como de las conclusiones emanadas de los mismos. El informe llegó a Caracas el 2 de diciembre de 1976. Una copia se entregó a Barbados, otra a la DISIP, otra al tribunal a manos de la jueza instructora Delia Estaba y otra a la Embajada de Inglaterra en Venezuela. Cada una de las copias fue firmada por los peritos Newton y Fabbri, autenticadas por el Laboratorio RARDE.

Este peritaje, como se explicará, constituyó una prueba contundente y decisiva para las futuras actuaciones procesales: sin embargo, el expediente, maliciosamente, no fue incorporado a los autos y, en consecuencia, tampoco estuvo en manos de los abogados defensores para sustentar la defensa. Esta maliciosa jugada hizo que en la indagatoria o recurso presentado contra el auto de detención, los abogados no pudieran presentar este informe que, sin lugar a duda, hubiera destruido las supuestas evidencias que constituían y sustentaban el mencionado auto de detención.

Al trasladamos de sector en la cárcel, pueden controlar nuestras visitas y evitar que suceda lo que pasó cuando un periodista norteamericano se infiltró en una visita y entrevistó a Bosh, quien valientemente denunció todo lo que estaba aconteciendo; esto provocó un gran escándalo.

Ahora estamos los cuatro juntos; vivimos en la celda que se le construyó al dictador Pérez Jiménez, cuando fue enjuiciado y condenado en Venezuela. El sector, cerrado y aislado de los demás presos, colinda con la enfermería. Tiene un pequeño patio, cerrado con alambre hasta arriba. Son dos habitaciones con un baño común: en una vivimos O. Bosh y yo, y en la otra, Ricardo y Lugo. Leo mucho, pinto cuadros al óleo. Aprendí un poco a pintar observando a un pintor llamado Jan. Este estaba asociado con un cubano de nombre Blanquito. El pintaba y el cubano vendía los cuadros por cualquier cosa, con el producto compraban mariguana. Jan es un pintor excepcional y no dudo que sus cuadros tengan valor en la calle, Blanquito pasa el día vestido de blanco, zapatos blancos, medias blancas, y todo blanco. Su religión de santería así se lo exige. Frecuentemente realiza sesiones de oración y santería con la esposa del indio Andrade, en un lugar apartado del penal. El Indio Andrade, jefe de prisiones, es respetado y temido por los reclusos. Alto, fornido, de piel muy oscura y pelo lacio, habla poco. Tiene fama de ser un hombre justo pero implacable.

Cuando Jan pintaba, yo lo observaba. Le preguntaba y él me explicaba la mezcla de colores, el uso del pincel y de la espátula. Jan estaba preso por haber robado una avioneta de recreo. ¿Para qué? Para nada, para dar un paseo, pues es piloto deportivo y tenía ganas de volar. Lleva ya tres años preso esperando juicio. A veces recibe una invitación a almorzar de nuestra cooperativa. Bosh se anima y empieza a pintar; tiene experiencia, pinta bien y pasa largas horas enseñándome. Puedo decir que él me enseñó y, observando a Jan, me perfeccioné.

En el segundo piso de la letra C viven los corsos: dos franceses acusados de haber tratado de introducir drogas en el país. Uno es alto, bien parecido y dice abiertamente que es culpable. También dice que el cubano Rolando González y otro corso que se encuentra procesado por la misma causa, son inocentes. El otro corso, pequeño, muy callado y cortés, siente el paso de la injusticia y de los cuatro largos años de cautiverio esperando un juicio que nunca llega.

Los corsos, no sé por qué, son respetados y temidos en el penal. Tienen buenos libros que intercambiamos. El corso grande, el que trajo la droga, siempre vivió una vida de delincuencia en Francia, aprendió a hablar español y se comunica perfectamente; tiene una conversación agradable, muy interesante y, como ha leído mucho, tiene cultura. La amistad con los corsos nos ha beneficiado. Somos intocables para los ladrones, extorsionadores, etc. También recibimos raciones de comida seca, arroz, frijoles, quesos, jugos y hasta jamones, por sus influencias en el economato. Los demás presos no tienen, como es natural, acceso a esos privilegios. Ven con envidia cuando nos traen la comida. Esta situación alivia a nuestra familia de venir a las visitas cargadas de bolsas y paquetes. Es tanta la comida, que la compartimos con otros reclusos. La amistad con los corsos nos otorga el estatus de privilegiados e intocables.

Donde nos han ubicado estamos aislados de la población penal y de las visitas que ellos no puedan controlar. Pasamos el día aburridos, mirándonos las caras. Leo y estudio religiones y filosofía. Mahoma, Mahatma Gandhi, Jesucristo, Buda, Confucio, en fin, los grandes precursores que, al ser estudiados y meditados, dejan grandes enseñanzas que modifican el carácter que me trastornaba: el odio hacia mis enemigos que me habían colocado en esta terrible situación. En el silencio de la noche meditaba y me decía a mí mismo: "tú aquí, odiando y sufriendo, mientras tus enemigos se encuentran tranquilos y felices, tal vez en un restaurante de lujo o en los brazos de la persona amada. Tu odio y rencor no les llega ni los perturba. El odio te daña a ti y no a ellos".

Así aprendí a practicar la imperturbabilidad. También por las enseñanzas de Buda, aprendí el gran secreto de no desear nada material: la ropa, los autos, mis armas y escopetas deportiva, que habían formado parte de mi vida, iban poco a poco desvaneciéndose de mis deseos. Este control mental, esta imperturbabilidad ante los avatares de mi vida me ayudaron, me ayudan y me ayudarán mientras dure mi existencia.

Los abogados defensores coordinan sus actuaciones. A mí me defienden los doctores Raymond Aguiar y Oswaldo Domínguez: al doctor Orlando Bosh lo defiende el abogado Francisco Leandro Mora: a Hernán Ricardo lo representa la doctora Carla del Solar y a Freddy Lugo el doctor Pío González Alvarez.

El proceso, plagado de irregularidades procesales, tiene dos hechos que merece la pena citar:

El 23 de octubre la jueza nos cita al tribunal para tomarnos declaración a Orlando Bosh y a mí. El traslado se hace de forma clandestina, sin avisar a nuestros abogados y así privarnos de su asistencia. Este hecho, inconstitucional y violatorio de la Ley del Ministerio Público al no permitir a los procesados hablar con sus abogados antes de rendir declaración, fue reseñado por todos los diarios locales y por todas las plantas de televisión. Raymond Aguiar arma un gran escándalo y ataca con violencia a la jueza.

Otra actuación realizada en forma clandestina y a espaldas de los abogados fue la de citar a ocho testigos de Trinidad y Barbados. Los testigos fueron alojados en el Hotel Anauco Hilton y mantenidos incomunicados hasta que fueron trasladados al tribunal donde se les tomó declaración. A la defensa no se le permitió interrogar a los mencionados testigos, ni oficial ni extraoficialmente, pues fueron aislados hasta que abandonaron el país. El subterfugio que utilizó la jueza para cometer esta aberración procesal, está plasmado al inicio de la redacción de sus declaraciones. Textualmente, y con todo cinismo, dice así: "Por cuanto este tribunal se enteró que en el Hotel Anauco Hilton se encontraban..."

En estas oportunidades, como en otras tantas, se pasaron por alto todas las formalidades legales para la declaración de testigos que residen no sólo fuera de la jurisdicción del tribunal, sino fuera del país.

Ya es agosto de 1977, hace ya diez meses que permanezco encarcelado y nada se vislumbra. Siguen los ataques de los abogados defensores a la jueza Estaba y su arbitrarla forma de manejar el proceso. Un escrito publicado en la prensa por los abogados, es calificado por la Estaba como "injusto y difamatorio". Ordena una sanción disciplinaria que encarcela a los abogados (todos) privándolos de la libertad. Un grupo de abogados presenta una solicitud ante el Juzgado Cuarto de Primera Instancia, que decide a favor de los encarcelados y ordena su libertad.

Se arma un gran escándalo publicitario, la prensa local se hace eco de las protestas y denuncias de los abogados. La doctora Estaba ya no puede aguantar más la situación. ¿Qué hace? El 13 de agosto de 1977 decide que el caso no es de su competencia, es decir, de la jurisdicción civil, y lo remite a la jurisdicción militar, al Juzgado Primero Militar. El 15 de agosto el Ministro de la Defensa ordena al juez militar primero, coronel Néstor Murillo, abrir averiguación sumarial en la causa instruida por la jurisdicción ordinaria. Diez líneas de una hoja reseñan el cambio de jurisdicción. El juez militar dicta un nuevo auto de detención, esta vez por "traición a la patria" y envía el expediente al Consejo de Guerra Permanente de Caracas.

En Venezuela los expedientes de la jurisdicción militar son enviados al Presidente de la República para su consulta, siendo potestad del mismo la continuación o sobreseimiento de la causa. El Presidente Pérez no emitirá su decisión hasta un año después, manteniéndonos encarcelados y dilatando el proceso.

La prisión militar

Ya estamos en la prisión militar. Vivo en un pequeñísimo y muy oscuro enrejado. Mi compañero de celda es Hernán Ricardo. En otro sector están ubicados Bosh y Lugo. Al sector donde está mi celda le llaman la "Cueva del Humo"; está en los sótanos del viejo edificio del Cuartel San Carlos. El Cuartel San Carlos es una fortificación española que data del tiempo de la colonia y tiene alrededor de 400 años. Sus instalaciones han sido acomodadas para albergar prisioneros políticos, en su mayoría guerrilleros acusados de rebelión militar. Junto a nuestra celda está un grupo de guerrilleros que fueron capturados por los hombres bajo mi mando hace pocos años, cuando me desempeñaba como Jefe de la División General de Seguridad de la DISIP. Guerrilleros de Punto 0, como Palma (a) El Maute y del FALN como (a) El Policía, (a) Napoleón y Larry Espinosa llevan largos años aguardando juicio. Napoleón lleva más de ocho años sin haber recibido sentencia.

Me dejan salir a un patio que comparto con Bosh, Ricardo y Lugo. tres veces a la semana. El teniente Berroeta, único oficial que entabla amistad con nosotros, se acerca a nuestra reja y nos grita: ¡sol!; esa es la voz que nos avisa que pronto nos sacarán para nuestro recreo de dos horas en el patio.
Los cargos

Al año de estar estudiando el expediente y, por lo tanto, de estar paralizado el proceso, el Presidente Pérez ordenó la continuación del mismo. El 28 de julio de 1978, un año y nueve meses después de haberse iniciado el proceso, el fiscal militar primero del Ministerio Público, Teniente de Fragata José Moros González, recibe los recaudos provenientes de la jurisdicción civil, en lo que no va incluida la experticia hecha en Inglaterra por los técnicos Erick Newton y Carlos Fabbri. El expediente que entregaron los técnicos había sido escamoteado y escondido por la jueza Estaba y sus asociados.

El Teniente Moros no tiene los elementos de juicio necesarios. Le falta la prueba más relevante: la experticia de los técnicos. Formula cargos a los detenidos Luis Posada, Hernán Ricardo y Freddy Lugo por el delito de traición a la patria; a Orlando Bosh, que no es ciudadano venezolano, por el delito de homicidio calificado y porte de armas de guerra, así como por los delitos de vilipendio y uso de pasaporte falsificado. Los cargos de vilipendio estaban basados en unas declaraciones fuertes que emitió el doctor Bosh, en las que acusaba al Presidente Pérez de haberlo traicionado. La carta fuerte y valiente fue publicada en la prensa local.

Otra navidad

En esta situación llega Navidad, se acaba el año 1978. De manos de un buen amigo, oficial del ejército, me ha llegado una botella de whisky Chivas Regal: también, clandestinamente, por el mismo oficial le he hecho llegar otra a Bosh. La madre de Ricardo ha traído unas inmensas y deliciosas ayacas (tamales de maíz forrados en hoja de plátano, rellenos de carne y pollo), que compartimos. El 24 de diciembre hay visitas especiales para todos los presos, menos para nosotros; estamos castigados y se nos prohiben las visitas por haber hecho declaraciones en contra del Presidente de la República, que publicó la prensa. El jefe del penal nos visita, trae unas ayacas y la media botella de vino barato que le toca a cada recluso por Navidad. Me da pena despreciar su gesto de confraternidad, acepto el vino y rechazo las incomibles ayacas. Se toma un vino con nosotros, los presos castigados, y nos desea "Felices Navidades". La época de Navidad en prisión es la peor. Sensibiliza y cuesta más dominar los sentimientos. Tarde, en la noche, escucho las voces a coro de los prisioneros subversivos que ocupan la celda que colinda con la mía. Han conseguido una guitarra y cantan una canción protesta llamada "Guerrillero". La canción, no sé por qué, me estremece el alma. En mi casa, Nieves, como siempre, ha instalado el árbol de Navidad. Cuando yo era comisario de la DISIP, mi casa estaba llena de regalos navideños; generalmente tanto licor que duraba todo el año. Recuerdo una caja entera de champaña Dom Perignon, que me envió el doctor Palazzi, mi amigo y, en aquel tiempo, Viceministro del Interior. Hoy, en mi casa no se ha recibido un solo regalo.

El proceso demorado

Llevo ya tres años preso; las actuaciones judiciales se han paralizado. Mi vida transcurre lenta y penosamente; nadie, a excepción de mi familia y unos pocos amigos que se reducen a Gustavo López y Paco Pimentel, se atreven a visitarme. No los culpo, mi situación los puede contaminar. Un día recibo la visita de mi amigo Tony Arango. La última vez que lo vi habíamos ido de cacería a los llanos de Apura. Maté un enorme venado del que Tony guarda su cabeza embalsamada. Tony viene de Miami y me trae de regalo $3.000.00, así como su cariño de hermano, que lo expresa efusivamente. Después de unas horas en que recordamos los tiempos vividos en Miami, se retira. Con él, no sé por qué, se va una parte de mi vida.

Hay un lugar en la prisión donde entra el sol, hay claridad y se escuchan los ruidos de la calle. Es una celda amplia, situada en un piso alto, a la que llaman "la pajarera", pues los pájaros anidan en su techo. Pido una cita con el coronel, me la concede y le digo:

-Mire, coronel, llevo ya más de dos años viviendo en ese sótano inmundo y oscuro, como si fuera un murciélago. Quiero agradecerle se me traslade para la pajarera, que ha quedado desocupada.

Se niega, aduciendo que no es un lugar seguro. Reclamo, amenazo y entablo un batalla verbal en la que le exijo mi traslado. Al fin venzo y soy trasladado con todos mis bártulos. Aquí puedo leer durante el día sin necesidad de luz eléctrica que daña mis ojos.

Llega la Navidad de 1979; celebramos la llegada de un nuevo presidente. Carlos Andrés Pérez, en dos meses, dejará el poder y con él la presión sobre jueces y fiscales, las dilaciones procesales, las decisiones injustas, los ocultamientos de expedientes, el peloteo de enviarnos de la justicia ordinaria a la justicia militar, la paralización del proceso. Luis Herrera Campins, un hombre honrado, tomaba el poder el próximo mes de marzo. Con él renacía la esperanza de un proceso rápido y justo.

En un caso como el del avión cubano, con repercusiones internacionales, los jueces antes de actuar miran hacia el presidente. Los magistrados de la Corte, el Fiscal General y el Contralor, son escogidos por la cúpula de los partidos y después, si tienen mayoría en el Congreso, son nombrados por éste.

Los jueces también son conocidos por sus inclinaciones partidistas. Esto no quiere decir que no existan jueces honestos y apolíticos en sus decisiones, pero es preocupante la influencia política existente entre ellos.

Al asumir la presidencia el doctor Luis Herrera Campins, cesan las presiones y el juicio promete desarrollarse normalmente.

Evacuación de pruebas

En marzo de 1980 comienza la etapa más relevante del proceso: "la promoción y evacuación de pruebas". En esta etapa, tanto el fiscal como la defensa presentan todas las pruebas e indicios que ellos consideran de interés para probar la culpabilidad o inocencia de los procesados. Aquí son promovidos e interrogados por ambas partes todos los testigos que tengan relación con el hecho.

Los abogados defensores citan a declarar a los técnicos que realizaron las experticias y exámenes de los restos recuperados del avión siniestrado. Erick Newton, el perito inglés, es traído desde Inglaterra y junto con el técnico venezolano Carlos Fabbri, que también tomó parte en el peritaje, es citado en el tribunal.

Cuando comienzan a ser interrogados, piden como referencia el informe pericial que habían elaborado y entregado al tribunal de la doctora Estaba. ¡Sorpresa! El informe pericial no había sido incluido en el expediente: había sido escamoteado y escondido. El tribunal militar no lo tenía. El fiscal militar no lo había leído ni analizado. Se forma un gran revuelo. Los técnicos dicen que había una copia en la Embajada de Inglaterra y otra en la DISIP. El tribunal requiere las copias. La copia autenticada de la DISIP llega primero y sobre ella se comienza a trabajar.

El informe, con detalles técnicos y científicos, con fotografías y resultados de evaluaciones químicas y de microscopio electrónico realizados en el Instituto BARDE, que pertenece al Ministerio de la Defensa de Gran Bretaña, de reconocida fama internacional, contiene más de 200 páginas.

Una vez que el fiscal y la defensa, por turnos, leen y analizan todo el compendio, interrogan a Newton y a Fabbri. El fiscal Moros pregunta:

-Sr. Carlos Fabbri, después de las pruebas y experticias por ustedes realizadas sobre las partes recuperadas del avión siniestrado, a su juicio, ¿qué causó la caída del avión?

-Sin lugar a dudas la caída del avión se produjo por la explosión de un artefacto explosivo.

-¿Dónde se produjo la explosión? ¿Qué tipo de sustancia explosiva tenía el artefacto?

-La explosión se produjo a bordo, por un artefacto cuya sustancia explosiva es comercial, y la explosión ocurrió en el departamento de carga y equipaje del DC-8 de Cubana de Aviación, el cual está ubicado en la parte inferior del fuselaje.

-Si esto es cierto -preguntó el fiscal militar- ¿cuáles son los hechos o evidencias que les permitieron tanto a ustedes, como al Instituto RARDE llegar a esta conclusión?

-Para llegar a esta conclusión nos basamos en varios hechos. El primero de ellos es que los daños ocurridos a las maletas ubicadas en el compartimiento trasero de equipajes, son consistentes con la ocurrencia de una explosión. Se realizaron varias pruebas químicas y de otra índole sobre las maletas y los residuos químicos existentes en ella y se logró detectar nitroglicerina.

Segundo: fragmentos del cojín de uno de los asientos de pasajeros (forro del cojín) se encontró incrustado en una de las balsas de goma ubicada en el techo del avión.

El material incrustrado se halló que estaba generalmente esparcido entre los equipajes y el compartimiento trasero de equipajes.

Tercero: por el número del serial se determinó que la balsa de goma estaba ubicada en la parte trasera del avión, por encima del compartimiento de equipajes.

Cuarto: incrustado en la parte inferior de uno de los forros de los cojines, se encontró material fibroso, amarillo, que estaba ubicado por debajo del piso del avión y concretamente todo alrededor del departamento de equipajes.

Quinto: el forro blanco que reviste el material de aislamiento amarillo, mostró señales de explosión y del calor producido por la explosión (fogonazo).

Sexto: los experimentos llevados a cabo en laboratorios demuestran que es necesario que la explosión ocurra muy cercanamente para que pueda ocurrir esta circunstancia cíe fusión de fibras, si la explosión se produce a más de medio metro de distancia, no se presentará este tipo específico de fusión de las fibras.

Séptimo: algunas fibras de vidrio (fiberglass) se encontraron incrustadas en la bolsa y en uno de los cuerpos. Esta fibra de vidrio reviste el compartimiento trasero de equipajes. Todos los hechos mencionados, examinados en forma colectiva, demuestran que ocurrió una explosión en el compartimiento de equipajes, debajo del piso con dirección hacia arriba. El compartimiento de equipajes a que ha hecho referencia es el que se encuentra en la parte trasera del avión.

A una nueva pregunta del fiscal militar, sobre algún tipo de explosivo militar, éste respondió:

-Se realizaron varias experticias con el objeto de determinar si se habían utilizado otros tipos de explosivos militares y comerciales y no se halló ninguno: y en relación al explosivo C4 que contiene alrededor del 92% de RDX. no contiene nitroglicerina, por lo tanto no se encontró explosivo C4. Los fiscales militares, después de aceptar el hecho de que se usé nitroglicerina y en ningún momento el mencionado explosivo C4, preguntaron si las pruebas practicadas podían determinar de manera definitiva y concluyente que la explosión no se produjo en el baño trasero del avión.

-Una explosión ocurrida en el baño trasero no habría producido los daños ocasionados a las maletas, a los cojines y a los otros restos de materiales y la dirección de la explosión no se hubiera producido hacia arriba como de hecho se produjo en este caso. La distancia entre el baño trasero y el comportamiento de equipajes es de cuatro metros aproximadamente del compartimiento de cargas.

El extremo posterior del compartimiento de equipajes está ubicado debajo del asiento N° 27 y la balsa de goma se encontraba situada encima de dicho asiento.
-Diga el testigo ¿por qué no pudo haber estallado el artefacto explosivo que se supone estalló en el avión, en los baños traseros del mismo, en lugar de el compartimiento de carga, como aseguran los peritos?

Respuesta: Sin suposiciones, el artefacto explosivo que causó la pérdida de la aeronave que nos concierne de haber explotado en cualquiera de los baños traseros del avión, jamás hubiera podido lanzar evidencias al compartimiento de carga trasero, que está aproximadamente a unos cuatro metros y separados con varios paneles.

Fiscal mílítar: Diga el testigo si las evidencias que pudieron observarse a las partes del avión concuerdan con la hipótesis de que el artefacto explosivo explotó en el compartimiento de carga y no en el baño trasero del avión?

Respuesta: Considerando que quedaron a flote 15 cadáveres, se deja constancia que solamente a unos pocos de ellos se les hizo autopsia en Barbados, aunque no se les hizo estudios balísticos, a la fragmentación que presentaban sus cuerpos, los fragmentos de diferente índole encontrados en algunos de dichos cadáveres, muestran entradas básicamente laterales.

Considerando la posición del cuerpo del pasajero sentado en el avión, que como se sabe es básicamente en fila india, de haber ocurrido la explosión por debajo de un asiento de pasajeros, aparte de tener que presentar los materiales circundan tes, las evidencias de las cuales se hizo referencia anteriormente, es lógico de que los orificios de entrada de los fragmentos en los cueros, debieran ser básicamente por su parte posterior o inferior posterior, pero nunca laterales, a menos que la explosión venga de la parte de abajo y entonces sí podemos por línea lógica de ubicación encontrar los fragmentos con líneas de orificios de entradas laterales en los cuerpos. Lo que acabo de afirmar descarta por lo tanto, cualquier colocación de artefacto explosivo en la zona de los baños y la coloca en el compartimiento de carga posterior del avión. Una carga con fuerza suficiente para mandar sus fragmentos en cualquier parte de los cuerpos de los pasajeros desde los baños posteriores del avión, hubiera tenido la fuerza suficiente para destrozar la aeronave en pleno vuelo, cosa que como sabemos no ocurrió, ya que se calcula que para efectos del peso de la carga explosiva utilizada juzgamos a un peso inferior a "la libra" y que el avión después de haber reportado la explosión voló varios minutos.
Fiscal militar: Tengo entendido que en el cuerpo de una de las víctimas, aparentemente abotonado entre las ropas y la piel de las mismas, se encontró además de otras series de fragmentos, el botón o tornillo que gradúa el volumen de un radio portátil y ese botón o tornillo se encontraba en buen estado. Diga el testigo, si tiene conocimiento de tal hecho y si es posible que un cartucho de dinamita hubiese podido estar en el radio transistor al cual pertenecía ese botón o tornillo de
control del radio.

Respuesta: En efecto, fue localizada una perilla del tipo que suelen tener los controles de un radio de transistores portátil. Es imposible ubicar de dónde vino, estaba en perfectas condiciones cuando fue extraído de uno de los cadáveres, si bien es cierto que en un radio de transistores se puede fácilmente ocultar una bomba, en base a mi experiencia creo imposible que dicha perilla de haber pertenecido a un radio lleno de explosivos se haya podido localizar intacta y en estado reconocible.

Fiscal mílítar: Suponiendo que en el día de ayer yo haya llevado oculto en el bolsillo izquierdo de mi pantalón nitroglicerina similar a la encontrada en el avión en referencia y en el bolsillo derecho y en mi bolso, hubiese llevado también además del mismo explosivo el componente plástico llamado C4, diga el testigo ¿si es posible en el día de mañana determinar, primero que yo llevaba explosivos y segundo, si es posible e identificar los mismos?

Respuesta: Recordando que el componente explosivo básico de las dinamitas de origen comercial es la nitroglicerina y que el componente explosivo plástico norteamericano denominado "composición 4 C4", es la sustancia denominada RDX, cualquiera de estos dos explosivos pudiera haber sido detectado mediante una prueba de reconocimiento que existe para tal efecto.

Fiscal militar: Diga el testigo el tamaño, en pulgadas y centímetros, y el diámetro de un cartucho de dinamita y si es posible llevarlo en el bolsillo sin que sea detectado en el momento de ser requisado.

Testigo: Existen diferentes tamaños que conforman las dinamitas de tipo comercial, el más adecuado es probablemente el de una pulgada por ocho pulgadas (diámetro y alto). Un cartucho de este tamaño para poder atravesar el control anteriormente sugerido, el que lo portaba debiera tener unos pantalones muy especiales y evidentemente la colaboración o el consentimiento de la persona que lo cachea o revisa.

El abogado defensor Francisco Leandro Mora agregó a esta disposición: las reglas de valoración cualitativa y la prueba de experticia, de acuerdo a nuestras normas procesales, dan valor probatorio intrínseco en el dictamen de los expertos en el código penal. Si éstos declaran y expresan con seguridad, como lo han hecho los señores Newton y Fabbri, como ya es consecuencia del análisis de los hechos sujetos a los sentidos, de acuerdo con su arte, profesión y forma, tal dictamen forma una prueba de testigos y al ser practicada la experticia por dos peritos, como es el caso, constituye plena prueba.

(Texto original de la audiencia de evacuación de pruebas).

Ea la etapa de evacuación de pruebas, el Dr. Leandro Mora realizó este proceso en representación de los demás abogados, El Dr. Mora diariamente exigía mi comparecencia a los tribunales; decía que mi presencia influiría en que los testigos, sobre todo los funcionarios de DISIP, dijeran la verdad al testificar.

Recuerdo muy bien cuando llegó Rafael Rivas Vázquez, exDirector de la DISIP y subalterno mío. Hacía más de 3 años que no lo veía. Le dije:
-Rafael, ¿vienes a decir la verdad?

Me respondió:

-Ya lo verás, Basilio.

Posteriormente, al leer sus declaraciones, pude ver que había declarado toda la verdad aún en perjuicio de Orlando García y Ricardo Morales. Se portó como un verdadero hombre.

El interrogatorio a los testigos y expertos por parte del fiscal militar y los abogados defensores, se extendió por varias semanas.

Del extenso interrogatorio y de las pruebas aportadas por la defensa se sacaron conclusiones y hechos concretos que coastituyeron pruebas procesales. Los hechos demostrados en la etapa de evacuación y aportación de pruebas son los siguientes:

- Que el Dr. Orlando Bosh Avila llegó a Venezuela invitado por funcionarios de alta graduación del gobierno como Ricardo Morales Navarrete, Jefe de la División 54 (contraespionaje) de la DISIP y por el señor Orlando García, asesor de seguridad del Presidente de la República. Así queda demostrado por la visa ordenada por el Director de Extranjería, Dr. Ramón Ignacio Velásquez, a favor de Luis Paniagua (pasaporte que usaba Orlando Bosh), al Consulado de Venezuela en Managua. - Que por orden de O. García y Ricardo Navarrete se le esperó en el aeropuerto internacional de Maiquetía y se le ofreció trato preferencial por el comisario Elí Saúl Camargo, que así lo testificó.

- Que las declaraciones de Ricardo y Lugo ante la policía de Trinidad no tienen validez procesal porque fueron hechas bajo intimidación y coacción y bajo juramento. Los traductores de las declaraciones hechas en idioma inglés y traducidas al español no fueron hechas por intérpretes públicos designados por el Ministerio de Justicia.

- Que a Hernán Ricardo se le ordenó un trabajo de fotografía operativa de la delegación norcoreana que abordó el vuelo en Guyana. El trabajo fue ordenado por la División 54 de la DISIP y que para dicho trabajo se le entregó un pasaporte con el nombre de José Vázquez García. Las declaraciones del Dr. Rafael Rivas Vázquez, ex-director de DISIP, confirman tales hechos.

- Que tanto el equipaje como las ropas y el cuerpo físico de Hernán Ricardo y Freddy Lugo fueron sometidos a análisis químicos para determinar la presencia de sustancias explosivas por la policía de Trinidad, arrojando resultados negativos.

- La testigo María Inés Vega, amiga de Hernán Ricardo, no ratificó ninguna de sus declaraciones en las que decía había sido llamada por Ricardo para indicarle que diera mensajes a un tal Luis. Dijo que había sido indicada por la policía (DISIP) al rendir sus declaraciones.

- El avión no fue revisado en el aeropuerto de Timehri en Guyana. Ni se le hizo el procedimiento rutinario de seguridad de los aviones de Cubana de Aviación en que cada pasajero, antes de ingresar al avión, debe reconocer y señalar su equipaje para que éste sea puesto en carga a bordo. Así lo testificaron el señor Glyne Clarke, Arnold Oruick y Feona Stalla, pasajeros del avión.

- De la experticia de los laboratorios RARDE, de Inglaterra, efectuada por los técnicos Carlos Fabbri y Erick Newton, se concluyó que:

- El avión cayó por efecto de la detonación de un artefacto explosivo.

- Que el artefacto explosivo esta compuesto por nitro glicerina y no por composición C4.

- Que la bomba detonó en el compartimiento de carga trasero del avión.

- Que Luis Posada no estableció comunicación con Hernán Ricardo, como se deduce por las declaraciones de su secretaria Celsa Toledo.

- Que la DISIP, por instrucciones de Ricardo Morales Navarrete, le extendió un carnet de funcionario del cuerpo al Dr. Orlando Bosh, con autorización de porte de armas, bajo el nombre de Carlos Sucre.

- Que ni Hernán Ricardo ni Lugo tuvieron acceso al departamento de carga de quipajes del avión. La maleta que Hernán ingresó en Trinidad, bajo la supervisión de los funcionarios de seguridad de la línea aérea cubana, fue descargada y entregada a Hernán Ricardo en Barbados, cuando se bajó.

Durante mis comparecencias ante el tribunal militar observo la excelente labor que desarrolla el abogado Mora: inquisidor a veces, agresivo e irritante otras; cínico, adulador, encantador; su personalidad cambia según el momento y la persona interrogada. Hábilmente va poniendo las preguntas y obteniendo las respuestas favorables.

El fiscal Moros, delgado, muy sereno y agudo trataba, como él decía, de encontrar "la verdad verdadera" dentro de la "verdad procesal".

La actitud de los jueces que habían leído también la famosa documentación de la experticia "escondida" y que ya formaba parte del expediente, había cambiado favorablemente. No decían nada y rara vez entablaban conversaciones conmigo; pero yo también sabía que todas las pruebas presentadas, sobre todo las del mencionado documento, nos absolvían.

Todo parecía favorable en ese nuevo año. El comisario Bango y Hernán Reyes me visitan con frecuencia. Hermes Rojas, Pepe Vázquez, el Negro Gilberto, Franklin, Diego Argüello, Cadalso y otros comenzaron a venir a verme. Ya no estaban presionados, ni amenazados; el Dr. Uzcátegui había sido nombrado de nuevo director de la DISIP y todos volvían a "ser poder". Mi situación y por ende la de los demás procesados en el caso del avión había cambiado favorablemente. La actividad que había observado en el tribunal militar me llenaba de optimismo y me decía a mí mismo:

-Ahora sí van a arreglarse las cosas.

Mi carácter también había cambiado mucho, la angustia y el sufrimiento habían moldeado mi madurez. Mis emociones estaban controladas y algunos sentimientos reprimidos.

El Consejo de Guerra y la petición del fiscal

El Consejo de Guerra Permanente de Caracas y el Tribunal Militar que nos está juzgando está compuesto por un presidente, el coronel José Ramón Bastidas; por un relator, el capitán de navío Freddy Rivas Pacheco y por un canciller, el coronel Francisco López Carmona. Este tribunal decidirá, de acuerdo al expediente recopilado y a las pruebas y evidencias presentadas por el fiscal militar y por los abogados defensores.

El Consejo de Guerra señala fecha para el acto de informes. En este acto, previo a la sentencia que emitirá el tribunal, los abogados defensores hacen un recuento de todas las actuaciones, exponiendo las irregularidades a su juicio cometidas y presentando las pruebas y evidencias a favor de sus defendidos y refutando las pruebas y evidencias y argumentos de la fiscalía militar. La fecha fue señalada para el 17 de septiembre. Estamos en el año 1980 y ya han transcurrido tres años y once meses de haberse iniciado el proceso. Nos trasladan al tribunal, elegantemente vestidos. La vista es pública.

El traslado lo hacemos, como siempre, en un camión blindado y seguido de una camioneta con guardia armada. Vamos esposados como marca la ley. Al llegar al recinto, éste está lleno de periodistas que nos toman fotografías con cámaras provistas de flash.

Todos los miembros del tribunal se encuentran uniformados y sentados en una larga mesa construida para esta actividad. Como a tres metros, diez sillas que serán ocupadas por nosotros, los cuatro procesados y nuestros abogados defensores.

El relator comienza el acto.

El primero en hablar es Francisco Leandro Mora; lee sin interrupción durante dos horas, exponiendo todos los argumentos que en conjunto han preparado todos los abogados. Elocuente, sereno, sin apurarse, frecuentemente deja la lectura para explicar con claridad sus argumentos. Son las 11:30 a. m.

Mora termina y con él, el informe de la defensa. Le toca su turno al fiscal militar, teniente José Moros González.

El fiscal, pausadamente, inicia su exposición. Después de un corto y contundente relato donde explica que en las pruebas presentadas por la defensa, en su interrogatorio a los testigos y expertos y por los documentos periciales que constituyen el expediente he quedado "fehacientemente demostrada la inocencia de los procesados", por lo que pide al tribunal nuestra absolución.

Se arma un gran revuelo, la prensa corre de un lado a otro tomando fotografias. Todo es un alboroto. Recibo felicitaciones de periodistas que antes me habían tratado duramente. En cualquier país del mundo cuando el fiscal, que es representante de la nación en un proceso judicial, retira los cargos y, además, pide la absolución, automáticamente termina el juicio y el procesado, libre de culpa, obtiene su libertad. Aquí la petición del fiscal no es obligante y el tribunal debe decidir sobre esa petición.

Todo es alegría y apretones de manos. El que menos siente esa emoción soy yo; mis largos años de encierro, mis esfuerzos para controlar el odio, el rencor, la angustia y reducirlos hasta permanecer imperturbable ante ellos también, sin quererlo, han afectado el sentimiento de la alegría. Raymond se acerca a mí y me dice:
-¿Qué pasa, Luis? ¿No te alegras? ya estás en la calle.

Sonrío y trato de parecer alegre, sin conseguirlo.

Salimos del tribunal envueltos en la euforia del momento. En esta ocasión y por primera vez, no nos esposan. Al llegar de nuevo al cuartel San Carlos, nos está esperando el coronel , que nos saluda y felicita efusivamente.

Los amigos vienen en grupos a visitarnos y felicitarnos. Todo es alegría. Nuestros familiares obtienen una vista,especial. Nieves viene con Jorge y Janet. Jorge, como siempre, serio y circunspecto me abraza y pregunta:

-¿Cuándo vas a salir, papá?

- Creo que muy pronto, hijo.

El 26 de septiembre a las 11:00 de la mañana, el tribunal militar, por unanimidad de criterio, accede a la petición fiscal formulada días antes y declara absueltos a los cuatro procesados. Solamente encuentra culpable de falsificación de documentos y de usar pasaporte falso a Hernán Ricardo.

Las conclusiones militares

Al dictar su sentencia, la cual contiene 875 folios, el Tribunal Militar llegó a las siguientes conclusiones con relación al establecimiento de responsabilidades de los acusados:

1. La documentación en idioma inglés emanada de cuerpos policiales de Barbados y Trinidad, no produce efecto legal alguno en el proceso por no haber sido traducida la misma por expertos designados, contra los cánones establecidos en la normativa adjetivamente.

2. La documentación recibida de la República de Trinidad y Tobago adolece de vicios de forma que hacen nula su entrada a los autos, por no encontrarse en actas procesales la forma cómo se le dio entrada para ser agregadas al expediente.

3. Asimismo el delito militar de traición a la patria, por el cual son juzgados los ciudadanos Hernán Ricardo Lozano, Freddy Lugo y Luis Posada Carriles, no se ha comprobado en autos, por aparecer desvirtuado ajuicio de este tribunal, en la etapa de evacuación de pruebas, de que Venezuela hubiera estado en algún momento de exposición a peligro de guerra, ruptura de relaciones diplomáticas, reclamo de retorsión por parte de países extranjeros, a consecuencia del accidente aéreo.

4. En relación a la comisión del delito de homicidio perpetrado en la persona de toda la tripulación y pasajeros del avión de la Línea Cubana de Aviación, no surgieron pruebas fehacientes de culpabilidad material ni intelectual en ninguno de los cuatro procesados.

5. La explosión causante de la caída del avión DC8-43 arrendado por la Línea Cubana de Aviación a la Línea "Air Canada", entre las escalas Barbados Jamaica, vuelo CU-455, en fecha 6 de octubre de 1976, se produjo por una bomba de nitroglicerina colocada en el compartimiento trasero de carga del avión, no habiéndose determinado la procedencia de la bomba, el país donde fue colocada en el avión, como tampoco las personas que pudieron haber intervenido en tal hecho.

6. El ciudadano Orlando Bosh Avila ingresó al país el 8 de septiembre de 1976, por el aeropuerto de Maiquetía, con documentación falsa, bajo la identidad de Carlos Luis Paniagua Méndez, la cual utilizaba con conocimiento de algunas autoridades oficiales venezolanas.

7. El ciudadano Hernán Ricardo Lozano, utilizando la falsa identidad de José Vásquez García, que le otorgaba un pasaporte expedido bajo ese nombre, salió del país en fecha 6 de octubre de 1976, por la Línea Pan American, hacia Puerto España, Trinidad, manteniendo esta identificación hasta el día siguiente cuando fue detenido.

8. Que Venezuela no tuvo injerencia alguna en el abominable hecho, a consecuencia del cual murieron los tripulantes y pasajeros del avión de la Cubana de Aviación, el 6 de octubre de 1976, luego de volar aproximadamente 8 minutos, después de haber despegado del aeropuerto Seawell en Bridgetown, Barbados, por lo que le corresponderá al territorio competente, conforme las normas vigentes de derechos internacionales determinar en realidad la autoría y consiguiente culpabilidad del o los autores del hecho en referencia atribuida hasta el presente a los ciudadanos venezolanos Hernán Ricardo Lozano, Freddy Lugo y Luis Posada
Carriles y al turista extranjero para la fecha presente en el país, Orlando Bosh Avila y no comprobada como se desprendió se esta decisión.

Los funcionarios de la Embajada cubana en Caracas son llamados por Cuba. Abandonan el país en masa. Una periodista de la revista venezolana Resumen, de nombre Lucy Gómez, lo relata de la siguiente manera:

El carro llegó a tiempo a la Embajada cubana en Chuao. Afuera estaban todavía los autos de los diplomáticos. Después de dejar la identificación de prensa en la caseta de la DISIP, tocamos el timbre. Pero nadie respondía. Una carrera a la otra puerta y se vio la causa. Todos los diplomáticos estaban en el jardín, con las maletas en la mano, los paquetes en el suelo, los carros listos.

Tras la reja a barrotes azules, la cara alargada de Manuel Basabe, el encargado de negocios, se veía aún más alargada. Dijo sólo que había "recibido instrucciones de mi gobierno" y que debían irse de la embajada: "No hay tiempo para hablar -dijo-. Nos vamos al aeropuerto".

Por los momentos no quiso decir más nada.

Sólo se sabe que se iban vía Panamá. Y que la embajada quedaba totalmente vacía.

Entonces empezó la carrera hacia Maiquetía, a las tres y treinta y ocho de la tarde. El camino estuvo aparentemente despejado hasta llegar a la autopista Caracas-La Guaira, pasando a todos los automóviles a una velocidad supersónica para llegar a tiempo de entrevistar a alguno de los diplomáticos cubanos que se retiraban de Caracas, en una respuesta inmediata del gobierno de Cuba a la absolución dictada por el Consejo de Guerra, anteayer.

El único vuelo que salía a Panamá era el 420 de Aeroméxico, pero aún se debió esperar más de media hora a que llegaran los cubanos.

Por fin entró al terminal, Basabe. Inmediatamente después, las maletas, y los evacuados de la sede diplomática, el consejero político Eduardo Fuentes, el consejero comercial Rafael López, el primer secretario Carlos Infante, el cónsul general Amado Soto, y el personal auxiliar. También venían dos venezolanos, Eduardo Gallegos Mancera y Lino Pérez Loyo, del Partido Comunista de Venezuela, a despedir a los representantes.

Los diplomáticos cubanos traían, por supuesto, gran cantidad de maletas, maletines, cajas y bolsas de todo tipo. Llamaba la atención entre los hombres una muchacha rubia, embarazada, del personal de la embajada.

Mientras esperaban la confirmación de los pasajes del vuelo previsto para las 6 y 10 de la tarde, el encargado de negocios, Basabe, fue más explícito. Ellos recibieron comunicación de La Habana para que dejaran la embajada vacía. Como la comunicación fue hecha por télex abierto, presumiblemente la Cancillería venezolana estaba al tanto, aunque "no nos hemos comunicado con ella", aseguró Basabe. La conversación general transcurría mientras tanto, en comentarios acerca de la sentencia absolutoria del Consejo de Guerra, mientras Eduardo Gallegos Mancera explicaba que había venido allí para despedir a "los hermanos cubanos". Después el tema pasó a la guerra entre Irán e Irak. Gallegos Mancera comentó que era "tan absurda como la sentencia absolutoria". Pasaporte diplomático en mano, todo se hizo más rápido.

Y antes de pasar a la zona internacional, se hicieron las despedidas. El jueves ya estarán en La Habana. Y se habrán roto las relaciones con Cuba.

Lucy Gómez.

Después de la sentencia, ya en el Cuartel San Carlos, llegan todos los abogados y tenemos una alegre reunión. Le pregunto a Raymond:

-¿Y ahora, qué viene?

-En menos de un mes la Corte Marcial revisará el juicio y ratificará la decisión del Consejo de Guerra y, entonces, para la calle.

En Venezuela, cuando un fiscal pide la absolución y el tribunal que juzga emite la decisión de inocencia, increíblemente la libertad no procede para el acusado. Un tribunal superior debe revisar el juicio etapa por etapa y volver a pronunciar un veredicto de inocencia y la Corte Marcial, que es el Tribunal Superior, es el que debe revisar de nuevo el juicio y emitir la sentencia definitiva. Yo me pregunto: ¿para qué entonces sirve el primer tribunal, si su sentencia debe ser revisada? ¿por qué no juzga entonces el Tribunal Superior de una vez, si va a ser en definitiva el que dará la decisión válida?

Recibo la visita del Dr. Alberto Palazzi, ex-Ministro del Interior y, en aquel tiempo, Gobernador del Estado Bolívar. Me abraza y me expresa su entusiasmo y optimismo. También me dice que próximamente será nombrado Presidente de la Corte Marcial el general Elio García Barrios.

Al día siguiente de la decisión del Tribunal Militar, el diario Granma, portavoz del Partido Comunista Cubano, ofrece en su primera plana, con caracteres destacados, un editorial calificando de "farisaicas e hipócritas" a la "camarilla demócrata cristiana que gobierna Venezuela". Granma califica la decisión judicial de "una increíble muestra de irresponsabilidad y parcialidad manifiesta".

El Gobierno de Venezuela rechaza expresiones del dictador Fidel Castro.

El Gobierno de Venezuela, a través de un comunicado entregado anoche por el canciller encargado, doctor Justo Oswaldo Páez Pumar, rechazó las expresiones del presidente cubano Fidel Castro en relación con la sentencia de un tribunal militar que absuelve a los enjuiciados por la voladura de un avión donde perdieron la vida 73 personas.

El texto del comunicado es el siguiente:

Comunicado

El Gobierno de Venezuela, ante las expresiones formula das por el doctor Fidel Castro, Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, en relación con la sentencia dictada por el Consejo de Guerra Permanente, hace del conocimiento público las siguientes consideraciones:

1. El Gobierno de Venezuela ha rechazado siempre la violencia y condenado el recurso al terrorismo como método de lucha política. Es oportuno recordar que Venezuela ha sufrido la acción del terrorismo en sus múltiples facetas entre las cuales resaltó singularmente en el pasado la piratería aérea.

2. El Gobierno de Venezuela, por intermedio de sus órganos jurisdiccionales regulares ha procedido siempre a sancionar, sin distinción de ideología política, a los incursos en actos terroristas.

3. El Gobierno democrático de Venezuela, surgido de la voluntad popular libremente expresada en la oportunidad preestablecida por la ley, ha mantenido, mantiene y respeta la autonomía de las diversas ramas del poder público consagrada en la Constitución Nacional. Por consiguiente, acata las decisiones que dicta el Poder Judicial, en todas sus jurisdicciones, de acuerdo con sus atribuciones.

4. El Gobierno y Pueblo de Venezuela rechazan por falsas, irrespetuosas e inaceptables las expresiones formuladas por el doctor Fidel Castro, en el día de ayer, y no puede menos que manifestar su asombro ante la pretensión del mandatario cubano de que la justicia venezolana actúe conforme a los criterios del Presidente del Consejo de Estado de Cuba. El Gobierno de Cuba no puede entender que Venezuela se sienta orgullosa de su estado de derecho y que, por tanto, los procesados tengan garantizado su derecho a la defensa y sólo pueden ser condenados o absueltos conforme a lo alegado y probado en autos y no por lo que piensen u ordenen los gobiernos de turno. Por eso, las temerarias y maliciosas imputaciones lanzadas contra el Gobierno venezolano sobre una presunta injerencia en la decisión adoptada por el Consejo de Guerra Permanente, sólo se explican por venir de un régimen como el de Cuba, donde impera omnímoda la voluntad del Presidente del Consejo de Estado, que ahora recurre al expediente de atribuir a los demás sus propios procederes.

5. El Gobierno y el Pueblo de Venezuela rechazan categóricamente las insultantes e insidiosas referencias a las Fuerzas Armadas de la República, cuyo apego a la Constitución y a las leyes es motivo de orgullo para todos los venezolanos.

6. El Gobierno de Venezuela ha observado con serena responsabilidad la conducta agresiva y desafiante del gobierno cubano. El Gobierno de Venezuela ha limitado sus respuestas a las indispensables que la dignidad nacional exige, pero esta actitud no ha sido correspondida por el gobierno cubano.

7. El Gobierno de Venezuela reitera su inquebrantable línea de conducta en favor de la vigencia plena de los derechos humanos, entre los cuales está consagrado el derecho de los procesados a su defensa ante los tribunales, y ratifica su adhesión al derecho de asilo, tan vulnerado por otros países.

8. El Gobierno de Venezuela reafirma su inquebrantable apoyo a los principios de no intervención, libre determinación de los pueblos y solidaridad efectiva y permanente con los propósitos e ideales de paz y convivencia entre las naciones.

9. El Gobierno y el Pueblo de Venezuela ratifican su secular amistad fraterna con el pueblo de Cuba y manifiestan sus propósitos de inalterable fidelidad a la historia y al destino comunes de nuestras naciones.

Caracas, 28 de septiembre de 1980.

El General amigo de Castro

El general Elio García Barrios ha tomado posesión de su cargo de Presidente de la Corte Marcial y hace unas declaraciones en la revista política Doble 6; promete categóricamente dos cosas: primero, que no admitirá presiones de nadie y que pronunciará su decisión en un término no mayor de 45 días.
Sus declaraciones valientes, después de las amenazas de Fidel a las Fuerzas Armadas, son vistas con simpatía y publicadas en los medios de comunicación. Yo también me llené de esperanzas vislumbrando mi pronta libertad. ¡Cuán equivocado estaba! El general mentía descaradamente; cobarde y complacientemente dilataría la decisión por casi tres años, al cabo de los cuales no decidió. Así, Barrios nos mantendría en prisión complaciendo a su amigo Fidel Castro. En aquel momento desconocíamos su amistad, hoy bien comprobada; en mi poder tengo un retrato donde el general abraza efusivamente al tirano.
Días después, el 6 de octubre, el gobierno cubano produce otro virulento ataque a través de su vocero, el periódico Granma:

"La infamia no quedará impune", agrega un nuevo y

virulento editorial contra el gobierno venezolano

El gobierno de Cuba culpó al de Venezuela de ser "el único responsable de todas las consecuencias que se deriven", si se absuelve a los cuatro acusados del sabotaje al avión que estalló en pleno vuelo con 73 personas a bordo, hace hoy lunes, cuatro años.

A través del portavoz oficial "Granma", la administración de La Habana ataca duramente al gobierno socialcristiano que preside Luis Herrera Campins, al tocar nuevamente el tema del juicio por el avión siniestrado, cuyo fallo definitivo lo dará la Corte Marcial venezolana el próximo día 11.

Bajo el título "Crimen sobre crimen, infamia sobre infamia", el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba publica hoy un extenso editorial en su portada, destacado dentro de un cuadro rojo a tres columnas de arriba a abajo.

"Al gobierno venezolano le consta que el tribunal militar está absolviendo a los culpables", dice "Granma".

A este respecto, recuerda que uno de los encausados, Hernán Ricardo, "reconoció ante la policía de Trinidad y Tobago que él y Lugo habían colocado la bomba que hizo estallar en pleno vuelo el avión cubano".

Más adelante señala que "la decisión de absolver a los terroristas constituye un crimen aún mayor que el propio sabotaje".

"Si aquel hecho cobró 73 víctimas -argumenta- lo que hoy hace el gobierno venezolano puede costar cientos y miles de nuevas vidas inocentes", ya que "los asesinos sedientos de sangre volverán a la calle con las manos libres".

Pronostica que, de fallar la Corte Marcial a favor de los acusados, los cubanos Orlando Bosh y Luis Posada Carriles, y los venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo, "muchos otros asesinos semejantes a ellos se sentirán también alentados y estimulados para cometer los más bárbaros atentados".

"Ese es el nefasto papel que ha escogido para sí el gobierno de Venezuela", afirma "Granma".

"Los impúdicos depredadores del honor nacional y de la responsabilidad de Venezuela ante la comunidad mundial tendrán que enfrentar, como les está ocurriendo ya, la repulsa decidida de todos los venezolanos honestos y la condena más enérgica de la opinión pública internacional", añade.

"Por lo pronto, gel gobierno venezolano será el único y absoluto responsable de todas las consecuencias que se deriven de este hecho, para las relaciones oficiales entre Venezuela y Cuba", recalca el editorial.

Al hacer una comparación entre las administraciones de Herrera Campins y de su predecesor, Carlos Andrés Pérez, indicó que "todo cambió al instalarse en el Palacio de Miraflores la camarilla del partido Cope¡".

"Granma" explica que al gobierno de Carlos Andrés Pérez "no le fue en modo alguno fácil llevar adelante el encausamiento de los criminales", debido a que "tuvo que enfrentar maniobras dilatorias, presiones, amenazas, injurias e incluso intentos de sabotaje".

No obstante "sus conocidas divergencias políticas con Cuba -señala-, ese gobierno supo actuar con firmeza, decoro y sentido de responsabilidad".
"Mientras que el anterior gobierno supo mantener sus diferencias con Cuba en un marco respetuoso y digno -añade, los actuales mandatarios venezolanos están entregados a la más sucia componenda con otras fuerzas reaccionarias internacionales para fomentar provocaciones, revivir amenazas, recrudecer el bloqueo y tratar de aislar a Cuba de los pueblos del continente".

El portavoz de los comunistas cubanos opina que "mientras el anterior gobierno ejercitó una política de soberanía e incluso (le solidaridad internacional, el actual gobierno, por el contrario, está empapado con la heroica sangre del pueblo salvadoreño, a cuyos verdugos sostiene y asesora con absoluta impudicia".
"Mientras que el anterior gobierno, por último, no tenía nada qué ver con los asesinos, hay políticos en el poder en Venezuela que sí están comprometidos y sí tienen mucho que ver con los autores intelectuales y materiales del bárbaro sabotaje de Barbados", puntualiza el editorial.

"Granma" concluye el extenso comentario asegurando que "durante siglos", se "recordará y aborrecerá esta decisión del actual gobierno de Venezuela, que multiplica el crimen y multiplica la infamia cometidos hace cuatro años. Pero ni crimen ni infamia quedarán impunes".

La salida

Las visitas, el optimismo de los abogados, la euforia del momento, hicieron que me engañara y me autoconvenciera de que pronto sería libertado. Comienzo a preparar mi inminente salida. Paco Pimentel me ha traído de Italia varios trajes, camisas y corbatas. Ya he designado a quienes les dejaré mis pertenencias de prisión: mi pequeño televisor, mis ollas y cocinas; mis pinceles y pinturas: mis libros, ya tienen dueños. En la calle, mis amigos preparan mi salida. Hermes Rojas me dice que ya se ha preparado una oficina en la DISIP para mi regreso. Le pido que me organice un operativo de seguridad para cuando se produzca mi salida. Ya tiene un lugar en el litoral donde iré por unos días. También se ha ocupado de un carro para mi traslado, de los chalecos a prueba de bala y del armamento adecuado.

Los verdugos

Entre los oficiales del gobierno cubano tengo una fuente. Un funcionario cubano, en repetidas ocasiones, me ha proporcionado información valiosa. Hacía tiempo que no se comunicaba conmigo. Hoy lo hace a través del funcionario de la DISIP que, por orden mía, lo reclutó. El funcionario me visita y me dice:

-Traigo un mensaje urgente de Arturo, el de la Embajada. Dice que hace unos quince días entraron cuatro cubanos, con pasaportes nicaragüenses, y que están ubicados en una casa de seguridad en la Urbanización Los Rosales. Inmediatamente me extiende una lista con los nombres y números de pasaporte. También tiene apuntada la dirección. Mi primer impulso es pasar la información a la DISIP, seguro de que inmediatamente desmantelará el grupo. La DGI (Dirección General de Inteligencia) formará otro grupo de asesinos del cual quizá yo no tenga información. Pienso que es mejor pasarle la información cuando sólo falten uno o dos días para mi liberación. El 'funcionario cubano también me dice que por vía diplomática han llegado cuatro subametralladoras M3 con silenciador. Estoy advertido y alerta. Solamente discuto la información con Ricardo y le pido que guarde absoluto silencio.

El Mono comienza a hablar

Me visita mi amigo Francisco Chao Hermida. Ha llegado de Miami y me trae un mensaje de El Mono. El Mono ha caído en desgracia con el gobierno del Presidente Pérez. Orlando García le ha pedido cordialmente que abandone el país. Chao Hermida me cuenta que El Mono es prácticamente un alcohólico y que tal vez se ha hecho drogadicto. Que le ha contado cosas muy interesantes sobre la voladura del avión cubano y que está dispuesto a decírselas a nuestros abogados. Le cuenta que la bomba que voló el avión se plantó en el aeropuerto de Timehri, en Guyana. Que fueron dos cartuchos de dinamita comercial dentro de una maleta, que iba en el compartimiento trasero de carga. Que estaba destinada a estallar entre Trinidad y Barbados, con detonador de tiempo, matando también a Hernán
Ricardo. No explicó por qué querían la muerte de Ricardo. No quiso explicar los motivos que tuvo para llevar a cabo el sabotaje. Pero dijo que Orlando García estaba también involucrado en el plan. Se ofreció a testificar y ratificar lo que le había dicho a Chao, en presencia de los abogados.

Le relato la historia a Raymond Aguiar. Al siguiente día se traslada en su propio avión a Miami y hace contacto con El Mono. Raymond le pide que vaya a Venezuela a testificar. Este se niega, pero accede a hacer todas las declaraciones en un vídeo. Raymond alquila un aparato de vídeo con su operador y le toma una película, donde El Mono ratifica todo lo anteriormente dicho. También ataca violentamente al Presidente Pérez y lo acusa de haber invitado y permitido la estancia de Orlando Bosh en Venezuela, mientras por otro lado coqueteaba con Fidel. Sus declaraciones son duras y precisas. Raymond llega con el vídeo a Venezuela, le saca varias copias y las distribuye entre personalidades políticas. También lo ofrece para su publicación a las cadenas de televisión venezolanas. Estas, después de verlo y analizarlo, no se atreven a publicarlo. El vídeo en cuestión está en manos del Dr. Oswaldo Domínguez:

Posteriormente, en un juicio de narcóticos llamado "El caso tic tac", porque los micrófonos que instalaron los agentes federales americanos estaban cercanos a un reloj y se oía su tic tac y en el cual El Mono participó como testigo del Estado por el fiscal, El Mono, bajo juramento y habiéndosele concedido inmunidad, dijo que había sido el autor de la voladura del avión cubano y que ninguno de los procesados que se encontraban en prisión tenían nada que ver con el hecho. Estas declaraciones no fueron admitidas en el expediente por el Presidente de la Corte Marcial, general García Barrios.

La Corte Marcial

La Corte Marcial está formada por cinco Magistrados, un Fiscal y un Secretario. Los miembros que constituyen el Tribunal son: el Presidente, el Relator y los otros tres Magistrados. Todos con derecho a voto. Los expedientes de los casos que estudian son leídos por el Secretario en audiencias convocadas por el Presidente de la Corte. Las audiencias son públicas y asentadas en un libro. Como el Presidente tiene la facultad de convocar a las audiencias para la lectura de los expedientes tiene, por lo tanto, control sobre la celeridad de los procesos. Si se paraliza la lectura de un expediente o se hacen muy espaciadas las convocatorias a las audiencias, el proceso se dilata. Como veremos más adelante, hay muchas formas de retrasar el proceso y demorar la sentencia.

Las Navidades del año 80 todavía están llenas de esperanzas. El comisario Pepe Vásquez viene de la DISIP con el consultor jurídico, Dr. Manolín Sarda, y me traen una caja de vinos y media caja de champaña. Todavía se nos permite ingresar la bebida al cuartel. Voy a la calle con el coronel a sacar las cajas del maletero del carro de Pepe. Nadie se imagina que el general Barrios ya está en contacto con Castro y que demorará el proceso durante un tiempo interminable. En ese momento todos, incluido yo, pensamos que el que la decisión de la Corte Marcial se haya demorado un poco, no quiere decir nada. En Navidad mi familia tiene vistas especiales. Comemos lechón que trae Nieves, y ayacas que trae la madre de Ricardo, todo rociado con buen vino y champaña. Mis hijos Jorge y Janet
disfrutan y se sienten también esperanzados de mi pronta libertad.

Pasan los días, las semanas, los meses y la decisión judicial no se produce; a pesar de estar absueltos, continuamos presos. El lugar donde vivo ahora es mucho mejor; gracias a mi situación privilegiada ahora vivo en el pabellón de oficiales. Los oficiales que han sido procesados por un supuesto delito son confinados en este pabellón mientras dura su proceso. Aquí hay oficiales sujetos a juicio por malversación, deserción y homicidio. El lugar es limpio, aseado y la vigilancia es discreta.
También para nuestros familiares y amigos es mucho más fácil visitarnos, los registros son más ligeros y no tienen que hacer las colas interminables. Ricardo y yo estamos ubicados en dos amplias habitaciones con baño. Bosh vive solo en una habita ción de otro sector del cuartel y Lugo vive separado, en otra habitación.
Pinto, leo, medito y converso con algunos oficiales. Recuerdo con cariño y admiración al comandante Godoy: pequeño, bien parecido, de penetrantes ojos verdes. ¿Por qué está preso? Por denunciar ante la prensa los robos e irregularidades administrativas de sus superiores. ¿Por qué a la prensa? Porque su denuncia no fue atendida por el Ministro de la Defensa. En dos ocasiones expuso al ministro sus quejas y denuncias. El ministro no le hizo caso. Continuaron los robos. Fue a ver de nuevo al ministro y éste no lo recibió. Godoy se fue a la prensa.

El teniente Chirinos desertó del ejército, no le gustaba la vida militar. Tocaba guitarra y cantaba. Tengo mucho que agradecerle por una actitud que tuvo hacia mí, que lo convirtió en mi hermano.

Poco a poco y a medida que pasan los días y los meses, a medida que veo la canallada jurídica que forja sin ningún pudor el general Barrios, voy perdiendo la fe en que se produzca mi libertad. Ya no creo en la justicia.

Me llegan noticias del oficial cubano de la Embajada; me asegura que el general Barrios es íntimo amigo de Fidel.

Mi visita también el negro Juan Ferrer, recién llegado de Cuba. Antes de salir de Cuba pasó por mi casa y me trae una carta de mi madre. Le pregunto que cómo está, me miente y me dice: bien.

Su rostro no puede disimular su mentira piadosa; mi madre está gravemente enferma y moriría pocos días después de la decisión de inocencia; murió creyendo que yo era libre. Pocas semanas después moriría mi padre. La pérdida de mis padres me causó profundo dolor. Mi tía Margot, a quien tanto quiero, llamó a Nieves desde Miami. Mi madre sufrió un cáncer pulmonar que duró un año.

Días largos y tristes, noches interminables. El sueño es mi gran amigo, cuando duermo no estoy preso, mi mente viaja por mis recuerdos. El nuevo día, implacable, se me aparece y me recuerda que estoy encarcelado.

Llevo ya dos mil días preso. Mi mente comienza a rebelarse contra la injusticia. Hoy de nuevo me hago un firme propósito: jamás me daré por vencido, lucharé hasta el final. Un nuevo pensamiento se va formando en mi mente que me ayuda a vivir, a soportar lo insoportable, pido a Dios que me ayude en mi nueva empresa: lucharé hasta obtener mi libertad, nadie puede apresar mi alma, mi alma es libre y mi cuerpo la seguirá en el empeño. Y ¿qué es la muerte sino una forma de libertad?

De frente a la injusticia, a la canallada y a la humillación a que pretenden someterme, está mi voluntad inquebrantable de lucha. No creo más en la injusta justicia, no espero más. Mi astucia y mi decisión me darán la libertad.

Pasados los 45 días que el general Barrios había dicho a la prensa que tardaría para pronunciarse sobre la decisión del Tribunal Militar, en adelante comienza una serie de ruleteos y manipulaciones del expediente, que hace que la decisión se prolongue, violando los derechos de todo procesado a ser juzgado con prontitud.

Durante este interminable proceso, citaremos los hechos más relevantes.

1. El general Barrios solicita Autos de Mejor Proveer. Pide información adicional a Cuba, Barbados y Guyana. Estos países tardan casi un año en contestar a sil requisitoria. Aunque la ley permite un lapso de seis meses para esta requisitoria, el expediente queda paralizado hasta no llegar los recaudos.

2. En abril de 1982, cuando el expediente ya lleva un año y ocho meses en el tribunal y se está terminando de leer la pieza N° 23 (el expediente consta de 24 piezas), se suscita un conflicto entre el relator coronel Alfredo Anzola Jiménez y el general Barrios. El relator se ve obligado a renunciar y es sustituido por el coronel Manuel Ruiz Siso. La sustitución del relator demora varios meses; mientras tanto, el expediente permanece paralizado.

3. Con la incorporación del nuevo relator a la Corte, la lectura del expediente debe comenzar desde la primera página, pues las audiencias de lectura deben realizarse ante la Corte en pleno y el nuevo miembro debe también conocer el expediente.

4. Las audiencias comienzan lentamente; pasan semanas sin que se efectúe lectura alguna.

5. Por problemas internos son sustituidos dos fiscales de la Corte.
 
6. Desde el inicio de este largo proceso, el general Barrios es acosado por los medios de comunicación que le solicitan fecha de sentencia. Promete durante diecinueve ocasiones, formular sentencia, engañando repetidamente a la opinión pública y sometiendo a los procesa dos a la tortura síquica de las promesas incumplidas.

Son las seis de la tarde; no enciendo las luces de mi habitación, la penumbra que la penetra me indica que termina el día y comienza la noche. Para mí es la hora en que tengo que sacar de mi interior toda la entereza para vencer la tristeza y angustia que siempre me trae esta hora. ¿Por qué será? Se asoman los espectros de la prisión, se me presentan los fracasos, quieren adueñarse de mi mente la desesperación y la impotencia. Firmemente voy derrotándolos uno a uno. Al fracaso le digo:

-Tú no existes.

A la desesperación:

-Siempre puedo aguantar más.

Al miedo:

-Jamás me daré por vencido.

Al pesimismo:

-Pronto alcanzaré mi libertad.

Después de vencer los espectros uno a uno, siempre llega la calma: me dedico a meditar y frecuentemente rezo una plegaria. Una sola idea me acompaña durante el día y la noche: la libertad, alcanzaré mi libertad, arriesgaré todo por obtenerla.

Los espías de Castro

De la DISIP recibo información de que una red de espías cubanos está operando en el país. Trato de obtener más información de el cubano de la Embajada de Cuba, que trabaja para mí. Este me responde que no sabe nada de una red, pero hay una venezolana, con el seudónimo de Lucy, que trabaja para los servicios de inteligencia cubana.

Paso la información a la DISIP y me contestan que me cuide de Alicia Herrera, que visita a Bosch. Frecuentemente, también me dicen que Alicia está sometida a investigación y vigilancia, así como un grupo de cubanos con los que Alicia mantiene relaciones de amistad.

Los equipos de vigilancia y seguimiento de la DISIP los siguen, intervienen sus teléfonos y toman fotografias de sus visitantes. En los momentos en que me pasaron la información, la DISIP ya estaba segura de las actividades de espionaje del grupo.

Aviso a Bosch, pero éste no me cree y dice sonriendo:

- Luis, estás viendo espías por todas partes. Yo insisto y le digo:

- Orlando, esto es en serio, por lo menos, si no lo crees, cuídate mucho.

- Yo siempre lo hago -responde Bosch.

Alicia Herrera era una periodista venezolana que trabajaba para la cadena Capriles; específicamente, fungía como la directora de la Revista Kena. Allí conoció a Freddy Lugo y a Hernán Ricardo. Por intermedio de Lugo, que tenía su celda en el mismo sector de Bosch, hizo contacto con éste y comenzó a visitarlo.

Alicia, una mujer pequeña y poco agraciada, se presenta con un flamante novio cubano, alto y bien paiecido, que dice ser un ingeniero electrónico de nombre Raymundo Arrechega (a) Titón. En las investigaciones realizadas sobre este personaje, no se averiguó mucho; ninguna de las fuentes de exiliados cubanos que se consultó lo conocía, ni sabía de donde había salido. Titón visitaba a Bosch junto con Alicia.

Por otro lado, un matrimonio cubano, también desconocido entre los exiliados, tenía una oficina de distribución de enciclopedias.

La pareja: Noel Betancourt, ingeniero electrónico también y Olga Raluy se encuentran hace tiempo bajo vigilancia de los servicios de inteligencia venezolanos.

El 23 de abril de 1982, Alicia sin avisar a sus familiares, desaparece con Titón. El matrimonio Betancourt-Raluy, como por arte de magia, tambien se "disuelven".

La pregunta que se hacen los servicios de inteligencia venezolanos es la siguiente: ¿Era Alicia un agente cubano "sembrado" desde hace tiempo por la inteligencia cubana, o fue ésta reclutada por Titón? Lo que si era un hecho, sin lugar a dudas, es que el caso del avión cubano, en ese tiempo, era un asunto de alta prioridad para el gobierno cubano.

Además de los cuatro pistoleros cubanos que entraron al país con pasaporte nicaragüense con la misión de eliminarnos fisicamente cuando obtuviéramos la libertad, a través de Alicia Herrera y los otros cubanos que formaban la red, había otros planes que no se han podido determinar. Al saberse detectados y sabiendo que no podrían seguir operando, "abortan la misión" y deciden escapar.

Los últimos días de los espías

A continuación una síntesis del resultado de las vigilancias y posterior investigación de la DISIP, sobre los cinco días previos a la desaparición de la red.

El 18 de abril, Alicia entregó a su hermana las llaves del apartamento donde vivía. Ese mismo día, por la tarde, Urrechega y Betancourt compraron ropa por unos $1,000 dólares en el Centro Comercial Chacaito (eso hace deducir, que su viaje sería para un país socialista, donde escasea la ropa). Urrechega compró también un costoso reloj Rólex en una joyería del mismo centro comercial.

El 19 de abril es sábado y, como de costumbre, Alicia visita a Bosch en la prisión. Esa misma tarde Noel y Olga visitan a la madre de ésta y le entregan ropa para que la regale.

El 20 de abril Noel y Olga, le entregan a la madre de ésta un documento para que pueda movilizar su cuenta bancaria. Ese mismo día, Urrechega baja al litoral y le entrega al conserje las llaves del apartamento que tienen alquilado, diciéndole que se ausentaría por un tiempo.

El 21 de abril, Raymundo Urrechega vende su automovil en la empresa Pineiro C.A. de la urbanización La Florida, a las 8:00 de la mañana. A las 8:50 alquila un carro en la Hertz de Chacaito; a las 9:40 cobra el cheque por la venta de su automóvil. Ese mismo día. Josefina, la madre de Olga Ruley, firma en un banco la autorización para movilizar la cuenta de su hija y yerno.

El 22 de abril, Noel Betancourt suspende todas las cuentas de periódicos y otras de su negocio "Datar 1000". Ese mismo día, Alicia se retira temprano de sus oficinas en la torre de la prensa, alegando que no se siente bien. También ése mismo día, Noel compra dos boletos en la agencia de viajes Febres Parra, de la avenida Libertador, con el destino Zurich-Amsterdam. Posteriormente se supo que tomó la vía Praga, para dirigirse a Cuba.

El 23 de abril, Alicia vende su Fiat azul en la compañia Aragua Motors y llama ala torre de La Prensa para comunicarse con la periodista Gloria Fuentes.

El 24 de abril los servicios de inteligencia no pudieron detectar en Venezuela a ninguno de los integrantes de la red. Posteriormente, Alicia apareció en Cuba, donde mantuvo su residencia por un tiempo.

Alicia visitaba frecuentemente a Bosch y a Lugo.

A trevés de mi esposa Nieves, pidió visitarme. Sin embargo, alertado por el agente infiltrado en la embajada cubana en Caracas, rechacé sus visitas.

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*VIP:  Very Important People.