Los Caminos De Guerrero
 Luis Posada Carriles

12:  Los pasos de la muerte

El mundo, la comunidad internacional, nosotros en Caracas estábamos lejos de saber que, en un punto de El Caribe se daban pasos de muerte contra el avión cubano y que la tragedia que allí se desataría nos envolvería injustamente, cambiando nuestra vida en forma dramática y definitiva.

El avión partió de Guyana a las 10:57 a. m., es decir, con 27 minutos de retraso, debido a una solicitud oficial del Gobierno de Guyana en el sentido de que esperaran a una delegación diplomática de Nor-Corea que deseaba tomar el CU-455.

El señor Santos declaró en Barbados, que en Guyana todo se desarrolló normalmente y que todas las medidas de seguridad fueron tomadas en la oportunidad en que los pasajeros abordaron el avión, incluyendo la identificación del equipaje de cada pasajero, tanto en la pista del aeropuerto como al abordar el avión. Sin embargo, esa afirmación quedó en abierta contradicción con el testimonio de Glyne Clarke, empleado de la British West Indian, en Barbados, quien se encontraba de vacaciones en Guyana y regresó en el CU-455. Contradijo igualmente a los señores Arnold Quick y Feona Stalla, también pasajeros, (Pieza 8, folios 20, 29 y 32 del expediente jurídico), quienes afirmaron que les llamó la atención que el citado procedimiento no se efectuó en el Aeropuerto Timehri de Guyana.
El CU-455 llegó a Trinidad a las 11:03 a. m. Sólo dos pasajeros desembarcaron y, debido a que el personal de la British West Indian se había declarado en huelga, no se permitió a los pasajeros en tránsito bajar del avión. Por estas mismas razones no limpiaron el avión ni removieron la basura. Con la ayuda de la tripulación y de algunos pasajeros, se procedió al chequeo normal para subir al avión. Es decir, identificación de los equipajes por parte de los pasajeros y registro personal de los mismos. Hernán Ricardo y Freddy tomaron el fatídico vuelo.

En efecto, Hernán Ricardo y Freddy Lugo, después de dormir algunas horas en el Hotel Holiday Inn, llegan al Aeropuerto de Piarco (Puerto España, Trinidad), en horas de la mañana; registraron el equipaje y los boletos en el mostrador de la British West Indian, sin ningún incidente; Hernán Ricardo entregó su maleta y recibió su contraseña por la misma. Freddy Lugo sólo llevaba un maletín de mano.

Para que el lector comprenda toda esta trama fatídica que conduce a la voladura del avión cubano, es necesario que siga con paciencia estos pasos fatales que relatamos. Note el lector que se destaca un hecho concreto: en Trinidad sí se tomaron las medidas de seguridad, tanto sobre el equipaje como en la revisión fisica de todos y cada uno de los pasajeros que abordaron el avión. Por lo tanto, los equipajes y personas de Hernán y Lugo fueron revisados por los funcionarios de seguridad cubanos, encargados de los registros de rigor.

En el vuelo de Trinidad a Barbados- que era la próxima parada- Hernán fija fotográficamente a los norcoreanos, sin que lo adviertan. Los coreanos eran: Juan Ne Ik, Kim Do Yen, Pak Je Chin, Kl Bong y Jan Sang Kyu. Ni la película revelada, ni la cámara fotográfica, una costosa Nikon con varios lentes, les fueron jamás devueltos.

Este trayecto de Trinidad a Barbados transcurrió normalmente, a excepción de que Hernán Ricardo se quedó encerrado en el baño al atrancarse la puerta y el capitán de vuelo tuvo que acudir a rescatarlo.

Al llegar el avión a Barbados, 18 pasajeros, entre los que se encuentran Hernán y Lugo, bajan de la nave y 13 pasajeros abordan con destino a Jamaica y Cuba. Eran las 12:25 p. m.

El avión, un DC-8, tipo Mc Donnel Douglas, modelo DCS43, de la empresa Consolidada Cubana de Aviación, hace el viaje Timehri (Guyana) a La Habana con escalas en Trinidad, Barbados y Kingston (Jamaica).

Al desembarcar los 18 pasajeros en Barbados, el avión fue preparado para continuar su itinerario. Los equipajes de los pasajeros que ingresaron a la nave fueron colocados en el compartimiento de carga delantero.

La tragedia

El avión despegó a las 13:15 p. m. y comenzó a subir; nueve minutos más tarde, la torre de control recibió un mensaje del piloto que reportaba: "tenemos una explosión a bordo", señalando su intención de regresar al aeropuerto para un aterrizaje de emergencia.

El radar indicó que la nave hizo un "banqueo" por la derecha hacia el aeropuerto, comenzó a perder altura y, según declaraciones de tripulantes de barcos pesqueros y de recreo que se encontraban en el área, observaron que la nave emitió humo negro y luego, intentando iniciar una subida, volvió a perder altura y se precipitó en el mar. El tren de aterrizaje estaba fuera cuando se produjo el desastre.

El avión se hundió rápidamente en el mar, pero al recibir el impacto se quebró. En la superficie quedaron flotando 15 cadáveres, 14 maletas y parte del cuerpo de la nave, así como cojines, asientos y pedazos de baño. De las 14 maletas rescatadas, solamente 3 exhibían daños que no podían atribuirse a la explosión. Estas tres maletas fueron identificadas como propiedad del equipo de esgrima que viajaba en este trágico vuelo, las cuales fueron cargadas y colocadas por los propios miembros del equipo en el departamento de carga trasero, en el aeropuerto de Piarco, Trinidad. Eran los únicos artículos de equipaje que iban en ese compartimiento. Por lo menos 23 personas presenciaron los últimos movimientos del CU-455, algunas de ellas se encontraban en botes, otras en la casa, pero todas vieron salir humo negro del avión, detalle que, como se verá más adelante, es de importancia capital en la determinación de las causas de la tragedia.
Los recaudos que se encontraron flotando fueron rescatados por embarcaciones y entregados a las autoridades de Barbados, que los guardaron en un almacén. Los cadáveres fueron trasladados a la morgue. El avión se hundió a una profundidad de unos 600 metros.

Los agentes de la muerte. Primeras pesquisas

Mientras tanto, antes de que el avión cubano encontrara su destino fatal, ¿qué había pasado con el fotógrafo-policía Hernán Ricardo y su ayudante Lugo?
Ambos personajes hicieron el trayecto de Trinidad a Barbados, donde llegaron a las 12:50 de la tarde. Ricardo, como se ha dicho, fue el único de los dos en reclamar equipaje contra la presentación de su contraseña, porque Lugo sólo cargaba un maletín de mano. Ambos tomaron un taxi que los condujo al Hotel Holiday Inn, donde se alojaron. Aquí se enteraron de que el avión del que acababan de ser pasajeros se había precipitado al mar, envuelto en una explosión. Hernán Ricardo, que se sabe viajando con un pasaporte falso que le proporcionó la DISIP a nombre de José Vásquez García, se puso nervioso y decidieron cambiarse de hotel. Es así como a las 4:30 de la tarde, se mudaron al Hotel Beach Village. Antes de cambiar de hotel, Ricardo pidió desde el Holiday Inn una llamada de persona a persona con Luis Posada, de la Agencia de Investigaciones Privadas, en Caracas. Por no encontrarse Posada en su oficina, no pudo producirse la comunicación. Llamó, entonces, a una amiga de nombre Marinés Vega, pidiéndole que tratara de localizar a Posada y le diera un mensaje, para lo cual le facilitó el número telefónico de la Agencia.

Bajo una gran tensión nerviosa, Ricardo y Lugo siguen una conducta irregular que posteriormente los haría lucir cospechosos. Después de hacer otras llamadas desde la calle, iniciaron una peregrinación por las calles de Barbados. Pero los nervios consumían a Ricardo y por ello decidieron viajar nuevamente a Trinidad en el vuelo de las 8:30 de la noche, en la línea BWI: con la enorme prisa por el regreso, dejaron su equipaje en el Hotel Beach Village.

Una vez en Trinidad, tomaron un taxi que los condujo al Hotel Holiday Inn. El taxista Kenneth Dennis, posteriormente declaró haber oído hablar a Ricardo y Lugo, en español, sobre el atentado que sufrió el avión cubano.

Después se comprobó que el taxista no hablaba ni entendía el idioma español.

Ricardo se registró en el hotel con el nombre de Alfredo Gutiérrez y, desde allí, volvió a llamar a Caracas, a Marinés Vega, siempre tratando de hacer contacto con Posada, sin lograrlo.

Entre tanto, la policía de Trinidad recibió una llamada anónima desde Venezuela, en la que le comunicaban que en el Hotel Holiday Inn se encontraban los saboteadores del avión accidentado. La policía se dirigió como un bólido hacia el hotel y detuvo a Ricardo y a Lugo.

Allí, bajo la supervisión de Dennis Eliott Randward, Comisionado Delegado de la Policía de Trinidad y Tobago, los detenidos se declararon culpables, bajo fuerte presión y con la amenaza de enviarlos a Cuba.

A Trinidad llegó una delegación cubana encabezada por Carlos Rafael Rodríguez (comunista de la vieja guardia y hombre importante del gobierno en aquella época) quien se reunió con otra delegación de Venezuela: allí participaron el abogado David Morales Bello y el subdirector de la DISIP, Rafael Rivas Vásquez. Cuba sostiene que el avión saboteado es cubano y, por lo tanto, exige la jurisdicción del caso y pide que los sospechosos sean enviados a la Isla. Los venezolanos explican que los presuntos indiciados son de nacionalidad venezolana, por lo que deben ser trasladados a los juzgados de su país. El grupo que representa a Barbados pide también la jurisdicción.

alegando que el sabotaje había ocurrido en aguas nacionales de Barbados, a menos de cinco millas de sus costas. Estas deliberaciones y exposición de argumentos de las partes duran varios días. Barbados se retira, Cuba llega a un arreglo con Venezuela, en el que ésta da seguridad a los cubanos de que los sospechosos serán juzgados y condenados en el país. La detención de Orlando Bosh y Luis Posada en Venezuela, una semana después, logra que la delegación cubana acepte las promesas de Venezuela y desista de llevar el caso a su jurisdicción.

Mi camino hacia el túnel

La noticia de la voladura del avión cubano dio la vuelta al mundo, sacudiéndolo, especialmente porque entre las víctimas se encontraba el equipo de esgrima cubano. La tragedia enlutaba solidariamente, por su connotación, al conglomerado deportivo en particular y a la juventud en general de todos los países. El repudio tenía el tamaño del crimen cometido.

Yo estoy en Caracas cuando me entero por la radio del sabotaje del avión cubano, a pocas horas de haber ocurrido. Paso por mi oficina y mi secretaria, Celsa Toledo, me dice que Hernán Ricardo ha estado localizándome desde larga distancia. Al principio no le presto mucha atención, pero luego recuerdo que Hernán se encuentra por las islas caribeñas haciendo un trabajo de la DISIP. Como a las cinco y media de la tarde me llamó a mi oficina El Mono Morales y me dijo:
-Jefe, ¿te enteraste de lo del avión cubano?

-Sí -le contesto- ¿qué sabes tú que yo no sepa?

-No mucho -me responde-; pero Hernán Ricardo viajaba en ese vuelo y se bajó en Barbados y puede estar metido en un gran rollo.

A continuación El Mono me dice:

-¿Tú sabes que Hernán estaba haciendo un trabajo para mí?

Yo le replico, mintiéndole:

-Yo no sé nada de eso, ni siquiera sabía que Hernán trabajaba para la DISIP.

A continuación recibí una llamada de Rafael Rivas Vásquez, que me invita a tomarme un trago en El Solar de la Abuela, lujoso restaurante de la avenida Casanova. Rivas Vásquez lo frecuentaba y era recibido con mucha consideración.

Llegué al restaurante como a la media hora de la llamada y ya Rivas Vásquez me esperaba. Se encontraba en un lugar apartado y sus guardaespaldas también estaban en el sitio, ubicados estratégica y disimuladamente. Cuando llego, me saluda y me dice:

-Basilio (apodo cariñoso con que me trataba) ¿en qué lío están ustedes metidos con El Mono?

-¿Yo? En ninguno, comisario ¿Por qué?

-Tú sabes que El Mono ha estado usando a Hernán en trabajos de su División y yo no sé en qué problemas andan. Hernán viajaba en el avión cubano que parece que volaron y me preocupa mucho que tú y Orlando Bosh estén en algún asunto con ese tipo.

Con la más absoluta convicción le respondí al comisario:

-Para tu tranquilidad, Rafael, yo no estoy en ningún asunto con El Mono, y Bosh, muchísimo menos; tú sabes que El Mono es su enemigo y no confiaría nunca en él.

-Bueno, cualquier cosa que yo sepa te la comunicaré para que estés alerta -me dijo al despedirnos, con un evidente tono de alivio en la voz.

Dos días después. Rivas Vásquez era enviado a Trinidad donde se comunicaría con la policía trinitaria, para interesarse por la investigación y los interrogatorios que estaban practicando a los sospechosos. La policía, según me dijo después, no estaba siendo muy cooperadora, pues temía que hubieran funcionarios de la DISIP envueltos en el hecho.

Los siguientes días, Rivas Vásquez viajó diariamente a Trinidad. Cada vez que regresaba, yo trataba de que me diera alguna información. En una de esas ocasiones me dijo:

-La maleta de Ricardo y las cámaras fotográficas de ambos fueron recogidas en el Hotel Beach Village de, Barbados y enviados a Trinidad para anexarlas al expediente. El equipaje, las cámaras, así como las ropas y los mismos Ricardo y Lugo fueron sometidos a una serie de análisis para determinar si habían vestigios de explosivo.

-¿... Y?

-Los resultados fueron negativos.

Las discusiones entre la delegación cubana y la venezolana en Barbados se prolongaron por varios días, a fin de ultimar los detalles del compromiso. La delegación venezolana estaba compuesta por David Morales Bello; el fiscal encargado Víctor Ortega Mendoza: por Rafael Rivas Vásquez y por el doctor Gómez Mantellín. Los cubanos reclamaban, para presionar y lograr ventajas, que el Presidente Pérez había permitido y auspiciado la entrada al país de un "terrorista" como Orlando Bosh. Conocían los cubanos todos los pormenores de la entrada de Bosh a Venezuela, de la protección policíaca y las consideraciones especiales que se le brindaron. Por ello dejan entender que ellos creen que el Presidente Pérez está de acuerdo con los cubanos anticastristas y, por ende, mezclado indirectamente con la voladura del avión. El Presidente Pérez envió nota de condolencia al gobierno cubano y, como prueba de buena fe, mandó detener a Orlando Bosh. Mientras tanto, yo voy diariamente a las oficinas de la DISIP y me entrevisto con Rivas Vásquez.

El día 13 de octubre, una semana después de la voladura del avión, El Mono me cita a una reunión con Rivas Vásquez, como a las once de la noche. El primero en llegar a la cita fue El Mono Morales. Media hora después lo hizo el comisario Rivas Vásquez, quien de inmediato, dirigiéndose a mí y sin preámbulos, me dijo:
-Basilio (todos me conocían y trataban como El Comisario Basilio) vengo de ver al Presidente Pérez y me ha pedido que mientras se refrescan las cosas, debes permanecer en la DISIP; hay un grupo de esbirros cubanos que quieren matarte y es necesario que estés protegido. Te voy a enviar a tu casa para que traigas ropa y lo necesario para que estés aquí unos días, hasta que pase la tormenta. Mi pistola permanece en mi cintura y no me la pide. Le pregunto:

-¿Quiere decir que estoy detenido?

-No. Estarás aquí sólo unos días, protegido.

La situación de Rivas Vásquez con respecto a mí era muy difícil, pues siempre había sido mi amigo y compañero, además de ser también mi compatriota.

Esa noche en la que, sin saberlo yo, se acabaría mi libertad por muchos años, me instalaron en la oficina del consultor jurídico de la DISIP, donde ya habían llevado una cama. La oficina era amplia y agradable, con aire acondicionado. A mi disposición tenía un teléfono.

Muy temprano del día siguiente llegó Rivas Vásquez y me trajo a un agente que había trabajado en mis Divisiones. Me dice que me servirá en cualquier cosa que necesite, que puedo pedir cualquier comida al restaurante de mi elección y todo lo que me haga falta. Me guiña un ojo y me dice amigablemente:

-Puedes hacer las llamadas que quieras ahora; dentro de cuatro horas estará intervenido... como tú sabrás...

Le agradezco la gentileza y confío en lo que me dice. Rivas Vásquez siempre había sido un buen amigo y un hombre sin dobleces. Sin embargo, no dejé de expresarle mis temores por encontrarme en aquella situación y le dije:

-Rafael, prefiero salir de aquí y darme mi propia protección; tú sabes que yo me las sé arreglar por mí mismo. Estar un tiempo fuera de Caracas...

-Lo siento: son órdenes expresas del Presidente; debes permanecer aquí. Agrega:

-I won't let you down.

Estas palabras aún resuenan en mis oídos, al calor de los recuerdos. No digo que Rivas Vásquez me traicionó; pienso que hizo lo que pudo para resolver mi situación, pero estaba con las manos atadas. Poderosos intereses a los que estaba supeditado lo mantuvieron bajo control. Sin embargo -como se verá adelante- cuando esas presiones cesaron, años después, en sus declaraciones durante el juicio, relató toda la verdad, exponiendo su propia seguridad y teniendo que dañar a antiguos jefes. Se ciñó a la verdad y eso ayudó grandemente a aclarar muchas cosas y a exponer a las personas que planearon y ejecutaron la confabulación. Ahora le reitero a Rivas Vásquez mi estima, respeto y amistad. Entre nosotros existen secretos que nunca han sido violados porque, de hacerlo, causaríamos daño a terceras personas.

Ese mismo día, como a las cinco de la tarde, vino Orlando Bosh conducido por Orlando García y trajeron otra cama. Lo alojan en la misma oficina donde estoy yo. Bosh viene jovial y me saluda efusivamente.

Los seres humanos cometemos muchos, muchos errores. En esos momentos yo cometí uno que me costó largos años de prisión: Orlando García me pidió el carnet de la DISIP que yo le tenía guardado a Bosh. Yo lo había metido en un sobre y se lo había dado a guardar al ex jefe de la PTJ y la DISIP y socio mío en la Agencia de Investigaciones Privadas, el Dr. José Gabriel Lugo Lugo. Éste no sabía lo que contenía el mencionado sobre. Me dejé llevar por la confianza, tal vez por las promesas de O. García de la pronta solución al problema. Así, cometiendo un acto impulsivo, mandé a buscar el sobre con el carnet y se lo entregué. El carnet, con el nombre de Carlos Sucre y con la fotografia de Orlando Bosh, extendido oficialmente y firmado por El Mono Morales, estaba asentado en el libro del departamento donde elaboraban y extendían las credenciales del Cuerpo. Mostrar ese carnet a la opinión pública hubiera sido un descrédito tal para el gobierno y para la DISIP, que con él hubiéramos podido fácilmente negociar la libertad... Pero el destino o mi ingenuidad nos tenía reservado otro camino que, inexorablemente, recorreríamos.

Mientras tanto, la prensa, implacable, nos atacaba con toda violencia. Fidel Castro vociferabá y mandaba mensajes secretos al gobierno venezolano, presionando más y más al Presidente Pérez. La prensa internacional también se encargó de hacer su parte. "Castro el bueno, había sido atacado alevosamente por un grupo de terroristas que le habían volado un avión, asesinando a los deportistas del equipo de esgrima que viajaban en él".

Dos días después de nuestra detención llegó Rivas Vásquez a visitarnos. Todavía todo es lujo: la comida a la carta acompañada de whisky etiqueta negra y todo lo necesario para hacer lo más placentero posible nuestro obligado retiro. Rivas Vásquez nos dice:

-Vengo de Trinidad. Hemos ganado una batalla: los cubanos ceden su jurisdicción y Hernán y Lugo vendrán a Venezuela, evitando así que se los lleven para Cuba y los fusilen.

-Y con nosotros, ¿qué va a pasar? -le preguntamos.

-Orlando García trae noticias.

Por la tarde, mandan a buscar a Bosh. Lo llevan a la oficina de El Mono, en donde entran éste y Orlando García.

Le dicen a Bosh:

-Aquí hay un dinero para que abandone el país.

Bosh se sorprende y pregunta qué pasará con Posada. -Posada se queda, no hay otra alternativa -responde García.

Bosh les replica airado:

-Si Posada se queda, yo no me voy. El Mono comienza a argumentar:

-Mira, Orlando, mejor tú te vas primero, después veremos qué hacemos con Posada.

Bosh, sin embargo, insiste:

-Ya lo dije: o nos vamos los dos o me quedo yo con él. Orlando García tira la puerta y se marcha. Terminó la entrevista. Jamás sabré por qué Orlando García me odiaba tanto, nunca tuve relaciones con él, ni buenas ni malas, ni creo conscientemente haberle causado ningún mal.

Bosh regresó a nuestra lujosa celda y me contó todo lo que había sucedido. No nos habían dejado ver la prensa, ni la televisión, desconocíamos lo que sucedía en el exterior. Yo percibía que algo andaba mal. Las visitas de Rivas Vásquez cesaron. Ya habían transcurrido siete días desde la "invitación" que se nos hizo a un retiro forzado. Nada se resolvía en concreto y nosotros seguíamos allí.

El 26 de octubre, veinte días después de haber sido detenidos en Trinidad, Hernán Ricardo y Lugo, fueron puestos en un avión aeropostal que los condujo a Maturín, población ubicada a unos 200 kilómetros de Caracas. Allí los esperaba una avioneta del Ministerio de Relaciones Interiores que los llevó al aeropuerto de La Carlota, en Caracas. Y de aquí a la sede de la DISIP. Venían sucios, flacos, barbudos, con las huellas de los seis interrogatorios "duros" a que habían sido sometidos a manos de la policía de Barbados. Se sienten felices de volver a Venezuela, porque al menos aquí no pesaría sobre ellos el paredón de fusilamiento cubano, ni el garrote o la horca trinitaria, con que tanto fueron amenazados para lograr sus confesiones.

Llegaron los detenidos a la DISIP y así nos lo comunica Rivas Vásquez. También nos dice que se nos va a procesar por la voladura del avión, como cómplices o autores intelectuales. Esa noticia, aunque ya la esperaba, me chocó profundamente.

Esa misma noche veo a Hernán; lo está interrogando un grupo de fiscales y lo ponen en un breve careo conmigo. Como a las dos de la mañana nos trasladan a una celda de detenidos comunes. Se acabó la luna de miel. Yo, aturdido por tantos acontecimientos que se me habían echado encima de una vez, puse mi cabeza en la dura almohada y, a pesar de lo iluminado de mi celda, el cansancio y la tensión, el sueño llegó y, con éste, unas horas de olvido. Comenzaba para mí una terrible lucha, un negro camino por el que tendría que avanzar durante largos y crueles años.