Los Caminos De Guerrero
 Luis Posada Carriles

11:  La voladura del avión cubano

Los sucesos que relataré en seguida están basados, primero, en las declaraciones hechas por Ricardo Morales Navarrete a mi amigo y abogado Raymond Aguiar, que viajó a Miami para entrevistarlo. En conversaciones posteriores que sostuvo el periodista cubano y amigo de El Mono, Francisco Chao Hermida, relatándole minuciosamente los pormenores del hecho y, posteriormente, Chao me las comunicó.

Segundo, en entrevistas que sostuve después de mi libertad con un funcionario del gobierno cubano, que estuvo muy ligado a los acontecimientos. Por razones de seguridad y porque esta persona se encuentra todavía trabajando para el gobierno de Castro, actuando como doble agente, no puedo revelar su nombre.

Tercero, por pesquisas e investigaciones realizadas por nuestros abogados, contratando a detectives privados que se trasladaron al lugar de los hechos y realizaron encuestas, pagaron información confidencial y secreta y efectuaron investigaciones en líneas aéreas, compañías telefónicas, hoteles, etc.

Por la conformación y consulta de todas estas cuentes de información, he llegado a conclusiones que me han ayudado a ver con más claridad en este intrincado laberinto.

La conspiración

Marzo de 1976

Recibí en mi casa una llamada de El Mono Morales diciéndome que en una hora vendría a visitarme. Diferí la visita y le propuse entrevistarnos en el restaurante El Caney. Hicimos la cita para las ocho de la noche.

El restaurante El Caney, tan bullicioso y concurrido durante las horas del mediodía, es tranquilo y con pocos clientes a esas horas de la noche. Por eso escogí el lugar.

Llegué albar a las 7:50y pedí "un etiqueta negra" con agua. Mientras saboreaba el trago me pregunté: ¿Qué hará El Mono en Venezuela? ¿Qué querrá de mí? En todo encuentro con El Mono había que estar siempre alerta, sospechando una segunda intención.

A las 8:00 entró El Mono por la puerta principal del restaurante, elegantemente vestido con un traje caro, demasiado deportivo para mi gusto, de color claro, casi blanco, con una llamativa corbata. Efusivamente me saludó y, al saludarme, me palpó para saber en qué posición llevaba mi arma. Nada personal, es una vieja costumbre de El Mono que, quienes lo conocieron, podrán corroborar. "Por si las moscas", como decía...

Después de saludarme pidió un trago y abordó el problema:

-Luis -me dice-, vengo a instalarme definitivamente en Venezuela. En Miami, Orlando García me ofreció un trabajo en la DISIP, que yo he aceptado. Estoy liquidando todo en Miami para venirme acá.

A continuación me dijo que García le había prometido nombrarlo Comisario y darle una posición dentro del Cuerpo. Yo no podía creer lo que estaba escuchando. Para llegar a Comisario en los tiempos en que yo estaba en la DISIP, había que tener muchos años de servicio y haber pasado por grados y cursos. Sin embargo, a El Mono lo traían de Miami y lo instalaban en esa posición. Por otro lado, El Mono no era ni siquiera ciudadano venezolano, requisito indispensable para ocupar puestos de importancia en la policía. Este aspecto se solucionó tres meses después de nuestra conversación. El Ministro de Relaciones Interiores, Octavio Lepage instruyó de su puño y letra al Director de Extranjeria, Dr. Ramón Ignacio Velásquez, para que nacionalizara venezolano a Morales, quien sólo llevaba tres o cuatro meses en el país. Así lo atestigua un memorándum o, mejor dicho, una solicitud de nacionalización hecha por El Mono que llevaba al margen una anotación firmada por el ministro para que se procediera a su ejecución. Si un individuo normal y corriente quiere hacerse ciudadano del país, primero debe ser transeúnte por dos años y, posteriormente, residente por otro período similar, para considerar su aplicación para ciudadanía.

Pues bien. El Mono llegó, se le nombró Comisario y Jefe de la División 54 (Contraespionaje), y luego se le nacionalizó venezolano.

Dos meses antes de su instalación definitiva en Venezuela, Morales viajó a la ciudad de México. Su viaje, hecho desde Venezuela, no está registrado en su pasaporte americano (Rentry permit). Utilizó para este viaje un pasaporte venezolano con el nombre de Moisés Gutiérrez Cedeño. El Mono se hospedó en el Hotel María Isabel, ubicado en la Zona Rosa de la capital mexicana. Allí fue visitado por dos funcionarios de la DGI cubana.

Según relató El Mono posteriormente al periodista Chao He¡ mida, es allí donde, por primera vez, se le pide que sabotee el avión de la Compañía Cubana de Aviación que regresa a La Habana pasando por Guyana, Trinidad y Tobago, Barbados y Jamaica. Morales recibe $18.000.00 de los cubanos y regresa de nuevo a Venezuela. De aquí, con su pasaporte americano, vuela a Miami.

Ya El Mono es Comisario y Jefe Encargado de la División 54 de la DISIP: ya es venezolano nacionalizado; tiene escolta, carro asignado y equipado con planta móvil de transmisión. Tiene buen sueldo, subalternos, armas, acceso a los aeropuertos y a dependencias gubernamentales. Puede detener, interrogar, mandar a vigilar, perseguir y fotografiar personas; consultar archivos confidenciales y secretos y mandar a intervenir teléfonos. Tiene viáticos para sus movimientos, pasajes nacionales e internacionales gratis.

Con la astucia, habilidad, seducción, simpatía y relaciones políticas, El Mono se transforma y adquiere real poder. Miles de compatriotas y personas de todo el mundo: agentes de cuerpos de seguridad de los Estados Unidos, como el FBI y la CIA y todo aquel que de alguna forma u otra se haya relacionado con él, les parece imposible -como a mí- que este hombre haya sido nombrado en un cargo tan relevante dentro de la policía política venezolana. Hasta su promotor Orlando García estará de acuerdo en el grave error que cometió al dejarse engañar por El Mono Morales.

En dos ocasiones diferentes, El Mono fue detectado entre vistándose con un cubano de nombre Cuenca Montoto, que era el Oficial de Inteligencia de la embajada cubana en Caracas, y con otro oficial de nombre Eduardo Fuentes, que fungía como Consejero Político de dicha representación diplomática. Poste riormente, dos agentes de la DGI cubana llegaron a Caracas procedentes de México. Venían acreditados como correo diplomático y traían instrucciones concretas para Morales.
La embajada cubana en Caracas estaba ubicada en una amplia y hermosa residencia, rodeada de una alta cerca que le daba protección. La delegación cubana tenía acreditados a más de treinta funcionarios. Sin embargo, en ocasiones, ese número llegaba a cien. Los "correos diplomáticos" -que no son emplea dos fijosaumentaban considerablemente la cantidad. Entra ban y salían continuamente del país hacia distintas partes del mundo, sin que les registraran su equipaje.

El Embajador de Cuba en aquel tiempo, Norberto Hernán dez Curbelo, almorzaba casi diariamente con invitados en el lujoso restaurante "Henry IV". Una escolta de la DISIP, que constaba de cinco agentes, le prestaba seguridad y... vigilaba sus pasos. Copias de los informes que redactaban sobre las actividades del ambajador (personas que lo frecuentaban, placas de automóviles, etc.) llegaban periódicamente a mis manos por un complicado sistema.
El Embajador hizo relaciones públicas con políticos venezolanos y celebró costosas fiestas, entre las que se recuerda una ofrecida en el Hotel Tamanaco, con asistencia de tres mil personas. Si se considera la siempre precaria situación económica cubana y los gastos exorbitantes de la Embajada, podremos darnos una idea del interés de Cuba en Venezuela.

El día 2 de octubre de 1976 ocurre una entrevista en el departamento de El Mono, en el edificio Anauca Hilton: a ésta asiste el oficial de inteligencia de la embajada cubana, Cuenca Mototo y el señor Lázaro Otero, representante en Guyana de la Cubana de Aviación. Lo que se habló en esta reunión no se ha determinado.
Hernán Ricardo me pidió permiso para ausentarse unos días de su trabajo cíe custodia del Dr. Bosh. Había sido llamado por El Mono Morales para que le realizara un trabajo de fotografía operativa en un vuelo de Cubana de Aviación. En el vuelo venía una delegación de Corea del Norte, compuesta por cinco personas que tomarían el avión en Guyana, rumbo a Cuba.

Con los limitados recursos a mi alance en la Agencia de Investigaciones Privadas, habíamos logrado obtener información sobre la actividad de los cubanos en Venezuela. Mucha información nos la había suministrado el Cornisario llené, quien trabajaba en la División 54 de la DISIP antes de que El Mono se hiciera cargo. Por René conseguíamos los reportes diarios de los guardaespaldas del Embajador Hernández Curbelo; también nos informaba de las visitas de los políticos de izquierda a la sede diplomática y, a veces, de algunos contactos entre diplomáticos cubanos con naturales del país o con visitantes. Cuando teníamos oportunidad y estábamos alertados, "fijábamos" fotográficamente las entrevistas y se las paseábamos a un periodista que escribía en el vespertino El Mundo. El periodista elaboraba artículos documentados con ese material que le proporcionábamos, denunciando las actividades de los cubanos en el país, sobre todo las clandestinas. Este periodista sufrió un atentado a su salida del Hotel Caracas Hilton, del que salió milagrosamente ileso. Inmediatamente abandonó el país y se radicó en los Estados Unidos. Los cubanos, por su parte, se quejaron a la Cancillería y la DISIP; por órdenes de Carlos Andrés Pérez, se nos pidió que cesáramos la campaña.

El pasaporte

El Mono llamó a Hernán Ricardo y le dijo que pasara por la Sección de Identificación y Extranjería para que le extendieran un pasaporte con el que haría una serie de viajes destinados a tomar varias fotografías operativas. Hernán recibió un pasaporte con el nombre de José Vásquez García. Su primera misión sería la de fotografiar a una delegación de cinco norcoreanos que estaban en Guyana y que viajarían a Cuba en el vuelo CU455 de Cubana de Aviación, el día 6 de octubre. El 5 de octubre Hernán Ricardo se despidió del Dr. Orlando Bosh, diciéndole que tenía que hacer unas diligencias personales.

No era el primer trabajo de esta índole para Hernán Ricardo: anteriormente había realizado encargos similares bajo la fachada de reportero gráfico, para la DISIP, comenzando estos trabajos por encargo del Comisario René y después por El Mono, ambos en labores de contraespionaje para la División 54. Para este trabajo, así como para otros posteriores, Hernán llevo de acompañante al también fotógrafo Freddy Lugo, al que estaba entrenando y enseñándole fotografía operativa, que es una especialidad para la que se requieren muchas habilidades en el uso de la cámara.

Origen y destino del vuelo CU-455

De acuerdo con lo declarado por el representante de Cubana de Aviación en Guyana (señor Santos) el CU-455 llegó al aeropuerto de Timehri (Guyana) el martes 5. a las 8:35. Estacionó en el puesto N° 1, bajo vigilancia del servicio de seguridad cubano, así como de personal de seguridad del aeropuerto. Limpiaron la aeronave la misma noche y sacaron la basura, dejándola en óptimas condiciones para el vuelo de regreso al día siguiente, miércoles, a primeras horas de la mañana. Todo esto fue hecho bajo la supervisión del señor Santos y de otro colega, el señor Lázaro Otero, quien murió en el accidente y quien se entrevistó con El Mono, en Caracas, semanas antes.

Al día siguiente, es decir, el 6 de julio de 1976, el aprovisionamiento para el vuelo fue recibido media hora antes de la hora fijada para la partida, por el señor Martí, quien también murió en el siniestro.

La tripulación abordó el avión aproximadamente a las 9:35 a. m. A partir de ese momento nadie, aparte de la tripulación, pasajeros y oficiales de la Cubana de Aviación, subieron al avión, a excepción del oficial de aduana que rompió los sellos de los licores libres de impuesto, en presencia del jefe de compras.