5: La DISIP recupera las armas
11 de febrero de 1972
Wladimir, el joven venezolano que había recibido adiestramiento en las escuelas de subversión, durante su estancia en Cuba se enamoró y se casó con una cubana. Desde su estatus de "invitado" del gobierno cubano, pudo apreciar de cerca el "Paraíso Fidelista". La libreta de racionamiento, las colas para adquirir ropa y alimentos, los comités de vigilancia y todos los controles que configuran la vida del cubano, fueron experiencias que lo hicieron desencantarse poco a poco de la revolución. Todo este sistema de vida, comparado con la libertad que había dejado en Venezuela, lo llevaron a pensar que quizás se había equivocado en su lucha por implantar un régimen similar en su país.
Llegó el día de la partida y del regreso a su país. Su mujer le acompañó al aeropuerto. La promesa del pronto regreso se contradijo con su pensamiento. Nunca regresaría a Cuba, no quería vivir como vivían los cubanos. Trataría de llevar a su mujer a Venezuela. Pero primero estaba el deber contraído.
Lucharía junto con sus compañeros para derrocar el gobierno de su país, pero ¿para implantar qué? ¿un sistema estilo cubano?
A los pocos días, Rubén lo visitó en su casa. Le expuso sus planes y le habló con el entusiasmo de un revolucionario convencido. Wladimir le dice que ya no cree en el marxismo. Rubén lo rebate, le discute y, por fin, llegan a un acuerdo. Wladimir lo ayudará a organizarse y después se retirará.
Comienzan las "operaciones económicas", atracos y asaltos para recabar fondos. A los pocos meses se da la primera operación de importancia: el asalto al depósito de Cerveza Polar, en la ciudad de Valencia.
Ya están organizados, ya tienen armas, dinero y vehículos: ya se empieza a hablar de Punto 0, después del asalto al destacamento de la Guardia Nacional en Ocumare delTuy. Aquí el botín de guerra es cuantioso.
El general Gustavo Pardi Dávila, director de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM), utiliza todos sus efectivos para la investigación. También se movilizó la DISIP. El comisario Nieves Zarco y yo nos apersonamos en el lugar de los hechos y comenzamos las investigaciones. Detuvimos al soldado que estaba de posta en la puerta y lo sometimos a interrogatorio.
Comenzó una lucha de poderes entre el DIM y la DISIP. El general Pardi Dávila obtuvo el permiso para realizar la investigación del propio Presidente de la República, Dr. Rafael Caldera. El Dr. Remberto Uzcátegui, director de la DISIP, ordenó a sus comisarios apartarse de la investigación y nos prohibió terminantemente mezclamos con los trabajos que realizaba la DIM. Pero no nos prohibió trabajar sobre el nuevo grupo subversivo llamado Punto 0. En ese momento nadie relacionó a Punto 0 con el asalto. El día 6 de febrero, estando en mi despacho, recibí una llamada del comisario Cristóbal. Un confidente suyo le dio a dirección donde podía ser localizado un guerrillero de Punto 0. Decidimos allanar la casa esa misma noche, a las 2 a. m., después de una larga espera y de haber enviado a nuestros funcionarios a revisar la dirección y a familiarizarse con el área. Llegó el momento del allanamiento. Una casa humilde, encima de un cerro. Rodeamos la casa, cada uno de nosotros portaba subametralladoras y escopetas. Cristóbal y yo llamamos a la puerta. A los pocos minutos, una voz de mujer:
-¿Quién es?
-Abra, señora, es la policía. La casa está completamente rodeada.
Silencio. A los pocos minutos volvemos a llamar, con las armas listas para cualquier eventualidad. Una señora de unos 45 años nos abre. Preguntamos por un joven a quien llaman Wiadimir y se nos presentó un joven alto, delgado y bien parecido; nos dijo que él era el único hombre de la casa, pero que no se llamaba Wladimir. Lo esposamos y lo llevamos a la patrulla. Los funcionarios registran la casa buscando armas o papeles comprometedores. Nada se encuentra.
Trasladamos al detenido a las oficinas y comenzamos a interrogarlo, sería una larga noche. Cristóbal y yo nos turnamos.
-¿Nombre y apellido?
-Saúl Debona.
-¿Lugar y fecha de nacimiento?
-16 de febrero de 1951, en Caracas.
-¿Dónde cursaste estudios?
-En el Liceo "Andrés Bello".
-¿Has estado detenido alguna vez?
-No, ninguna.
-¿Has pertenecido a alguna organización de izquierda? -No, a ninguna.
-¿Dónde trabajas?
-No tengo trabajo fijo.
-Llevas buena ropa y zapatos, ¿dónde los compraste? -No recuerdo.
-¿Quién te dio el dinero para comprarlas? -Unos trabajos que hice en Valencia.
-¿Para quién trabajaste?
-No recuerdo el nombre del que me contrató. -¿Qué clase de trabajo hiciste?
-Albañilería.
-No recuerdo.
-¿Recuerdas la dirección y el nombre de alguno de los que trabajaron contigo?
-Recuerdo algunos nombres: Raúl, Pedro; pero no sé dónde localizarlos.
-Dime ¿qué hiciste en los tres últimos días, lugares que frecuentaste, personas con quiénes te relacionaste?
A medida que se prolongaba el interrogatorio, nos dábamos cuenta que teníamos al hombre indicado. Preguntas directas, respuestas evasivas.
A las 8 de la mañana lo enviamos de nuevo a su celda y nos fuimos a descansar. Yo me quedé durmiendo en mi habitación de la DISIP.
A las 12 del mediodía me despertaron; el prisionero quería
hablar con nosotros. Tomé un baño, me rasuré, pedí
a mi secretaria queme trajera una taza de café negro sin azúcar,
bebí el café y luego bajé a la oficina de Cristóbal.
Un piso más abajo estaban los calabozos, unas pequeñas celdas
mal iluminadas, donde los detenidos permanecen mientras se les interroga
y se decide si serán enviados o no a "Justicia Militar". Según
las leyes venezolanas, teníamos ocho días para acumular pruebas
y levantar un expediente. Si las pruebas acumuladas eran, a juicio nuestra
y del consultor jurídico, en aquel tiempo el Dr. Oswaldo Domínguez,
suficientes y convincentes, el detenido y el expediente pasaban a manos
de la jurisdicción militar, la que consideraba si se debía
o no seguir un juicio militar.
Ordené que me trajeran al prisionero; inmediatamente él
reconoció que era Wladimir, querrillero de Punto 0. Me propuso un
trato. Mandé a llamar a Cristóbal. Wladimir empezó
a hablar. Una grabadora Uher, con cinta de ocho horas de duración,
recogió su confesión. Cuando llegó Cristóbal,
ya tenía más de dos horas de estar hablando. Contó
su viaje a Cuba, sus contactos con Rubén y con su lugarteniente
el Loco Bottini; los vehículos y armamentos que poseían,
las operaciones que habían realizado y, lo más importante,
su participación en el asalto al destacamento de la Guardia Nacional
en Ocumare del Tuy, y en el posterior enterramiento de las armas. También
nos dijo que estaba desencantado de la lucha y de las actividades que estaba
desarrollando. Ofreció trabajar para nosotros de agente doble.
Cristóbal y yo cambiamos impresiones y decidimos que podíamos
correr el riesgo de utilizarlo. Sabíamos que tenía experiencia
y conocimiento adquirido en Cuba.
Nos entrevistamos con el director Remberto Uzcátegui, le entregamos
la cinta grabada y pedimos su autorización para aceptar la propuesta
de Wladimir. Oyó la cinta que tenía más de seis horas
de grabación. En ella se demostró una vez más la intervención
de Cuba en los asuntos venezolanos. Accedió a nuestra petición
y esa misma tarde llevó la cinta ante el Ministro del Interior,
Dr. Lorenzo Fernández, quien a su vez la llevó al Presidente
de la República, Dr. Rafael Caldera.
Antes de dejar regresar a Wladimir a su casa, le exigimos que nos diera
la ubicación de los guerrilleros de Punto 0. Esa misma noche nos
señaló la casa de habitación de Luis Palma (a) El
Maute, entrenado en Cuba; de los hermanos Peña, de un guerrillero
a quien conoce como Horacio, entrenado en Cuba; de otro apodado Saúl.
Sabía que El Nené se llamaba Gilberto Hernández y
que vivía en Ocumare del Tuy. No conocía la dirección
de Rubén y el Loco Bottini, quienes jamás lo habían
llevado a sus casas de seguridad o "conchas"; cuando hacían contacto
con él, se aparecían en sú casa, siempre a altas horas
de la noche.
Lo dejamos ir, esperando que Rubén hiciera contacto con él
y nos diera su ubicación para capturarlo. Wladimir comenzó
de nuevo a hacer su vida normal. Nadie, excepto su hermana y su madre,
sabían que había sido detenido.
El día 10 por la mañana se celebró una reunión en la DISIP para analizar los pasos a seguir en relación a Wladimir. A la reunión asistieron los comisarios Cristóbal, Nieves Zarco, Martínez Guerra y yo. Decidimos que Cristóbal establecería contacto con Wiadimir. Resolvimos tratar de recuperar las armas y detener a los guerrilleros que teníamos ubicados. El comisario Nieves Zarco y yo, auxiliados por el inspector jefe Camilo Cusatti, nos trasladaríamos con Wladimir al sitio donde estaban enterradas las armas. Cristóbal y Martínez Guerra prepararían un operativo de captura para detener a los guerrilleros ubicados.
La madrugada del 11 de febrero, una comisión formada por el comisario Nieves Zarco y por mí, llevando unos diez funcionarios fuertemente armados, nos dirigimos hacia la zona donde, según Wiadimir, estaban enterradas las armas. Nos dirigía el propio Wladimir. Mientras partíamos, varias comisiones dirigidas por el comisario Martínez Guerra, salían a distintos sitios de la ciudad de Caracas para capturar a los guerrilleros de Punto 0, señalados y ubicados por Wladimir.
Nuestra comisión tomó 19 autopista Caracas-Valencia; al pasar por el kilómetro 52, Wladimir señaló el lugar donde se había hecho el transbordo de las armas de la camioneta al carro de los hermanos Peña. De aquí los carros siguieron unos cuantos kilómetros, hasta encontrar un desvío en la autopista que nos conducía a la carretera de tierra. Estaba amaneciendo cuando llegamos a la carretera. Wladimir lo recordaba todo hasta allí.
Avanzamos unos 10 kilómetros y no aparecía el desvío para llegar a la finca donde habían enterrado las armas. Por cinco horas recorrimos la carretera de arriba a abajo sin encontrar el desvío. El sol y el polvo nos tenían agotados, y empezábamos a perderla confianza en Wladimir. Ordené a los funcionarios que, no se apartaran de él ni un segundo y que lo mantuvieran bajo estrecha vigilancia.
Decidimos ir hasta Valencia para almorzar y tomar un descanso. Fuimos
hasta la delegación de la DISIP, donde nos recibió el jefe
de la zona, subcomisario Ramírez. Cambiamos impresiones y elaboramos
un plan de acción para seguir la búsqueda. Ese mismo día,
a la una de la tarde, después de almorzary refrescarnos un poco
en la oficina del sube omisionado Ramírez, salimos de nuevo; esta
vez divididos en varios grupos y auxiliados por unos diez funcionarios
de la delegación de Valencia. Wladimir explicó para todos
cómo era el desvío que conducía a la finca donde estaba
el enterramiento. El desvío era angosto, apenas cabía un
vehículo. A unos 100 metros de la entrada y como a 200 metros de
la casa que buscábamos y había una pequeña quebrada
que ofrecía dificultad para cruzarla con los carros.
Los funcionarios, tres en cada vehículo, revisarían todos
los desvíos de la carretera, desde el kilómetro 7 hasta el
kilómetro 14. La búsqueda se prolongaría mientras
hubiera visibilidad suficiente. Wladimir iría en el vehículo
del inspector Cusatti.
Los campesinos de la zona veían pasar en ambos sentido los carros con hombres armados en su interior, sin saber lo que estaba ocurriendo.
A las cuatro de la tarde todavía no habíamos encontrado nada. El calor era muy intenso y el polvo se hacía insoportable.
Wladimir le dijo al Inspector Cusatti que detuviera el vehículo; éste lo hizo sin mucha esperanza, pues ya se habían detenido y revisado desvíos del camino muchísimas veces.
Wladimir le dijo:
-Inspector, usted sabe que era de noche cuando trajimos las armas y yo no podía ver bien el sitio. Pero creo reconocer esta entrada; por favor, entre por aquí y avancemos unos 100 metros; Cusatti hizo señas a sus funcionarios para que estén alerta y desvió el vehículo por la pequeña entrada. Como a 100 metros descubrieron la quebrada. Wladimir estaba seguro de que era el camino correcto. Cusatti ordenó salir del auto y continuar a pie hasta encontrar la casa, avanzaron cautelosamente por los lados del camino, tratando de no ser vistos. Las armas listas para entrar en acción si era necesario. Después de avanzar unos 150 metros se vio la casa; era una pequeña construcción tipo campesino. Observaron durante corto tiempo y notaron actividad. Wladimir estaba seguro de que era la vivienda de Apolinar Ceballos, el campesino que les ayudó a enterrar las armas. Le dijo a Cusatti que tomara algunas precauciones: "Pueden haber algunos guerrilleros en la casa, yo sé que allí se enconchaba El Jorobado Brizuela".
Cusatti se retiró, llegó hasta el vehículo y dio marcha atrás hasta llegar a la carretera; allí se estacionaron y detuvieron a los carros de los funcionarios que pasaban. En cada carro iban tres hombres, lo que hacía un total de ocho hombres armados, descontando a Wladimir que no estaba armado.
Ocultaron los vehículos y dejaron un hombre en la carretera para que avisara a los demás carros y a las otras comisiones que pasaran. Avanzaron hasta la casa y rápidamente la rodearon. La puerta de la vivienda estaba abierta y por ella penetraron los funcionarios armados de subametralladoras, prestos a disparar. No habían guerrilleros; solamente Apolinar Ceballos descansando, en una hamaca, dos niños pequeños y una señora como de unos 40 años eran los únicos habitantes de la casa.
Sacaron a Apolinar y comenzaron a interrogarlo auxiliados por Wladimir. No tardó en "quebrarse" y condujo a los funcionarios hasta el lugar del entierro. Inmediatamente, como a unos 200 metros de la casa, Wladimir reconoció el sitio. Con un pico y dos palas que había en uno de los carros, comenzaron a excavar; un metro y medio de tierra, después unas tablas y debajo, los bultos envueltos en nylon. Allí estaban los fusiles M14, las subametralladoras Madsen, las granadas y las municiones, que eran más de 5.000 cartuchos 7.62 Nato y equipo militar variado.
En Caracas, la madrugada de ese día había sido fructífera. En un operativo de captura a cargo del comisario Luis Martínez Guerra, habían sido detenidos los guerrilleros Orlando José Palma (a) El Maute, José Rafael Zamora (a) Saúl y los dos hermanos Peña. En el sitio del entierro, una finca situada entre las poblaciones de Canderios y Manaure, Municipio Negro Primero, Distrito Valencia, Estado Carabobo, fue detenido el campesino colaborador Apolinar Ceballos (a) El Viejo y, en Ocumare del Tuy, se detuvo a Gilberto Hernández (a) El Nené.
Días antes se habían recuperado los vehículos utilizados por los guerrilleros que fueron abandonados después del asalto. La Ranchera Ford apareció en la Autopista Coche Tejerías, el Hillman a 5 kilómetros de Quebrada Seca y el Plymouth, cerca de Ocumare del Tuy.
Después de la recuperación de las armas y de la detención
de varios de sus efectivos, Punto 0 recibió un duro golpe; pero
su jefe Rubény su lugarteniente, el Loco Bottini, no habían
sido capturados. Sabíamos que se reorganizarían, planearían
e intentarían nuevos golpes.